El cambio climático agrava, adelanta y alarga los eventos extremos como el que golpea ya a buena parte de la península Ibérica. La primera ola de calor del verano dejó el pasado domingo temperaturas superiores a los 39 y 40 ºC en gran parte del territorio de la Península y Baleares, donde se superaron holgadamente los 40 ºC en amplias zonas, entre ellas en Irurita (Baztan), con 41,5 ºC.
El aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de calor extremo son una realidad en Navarra. En cuanto a la ocurrencia de olas de calor con afección a Navarra según criterios de AEMET (Olas de calor en España desde 1975 - Agencia Estatal de Meteorología), se observa un total de 16 eventos entre 1975 y 1999, 14 entre 2000 y 2019 y 11 entre 2020 y 2025. La presente década ya ha superado en cinco años el número de olas de calor de la década pasada. Las olas de calor llegan cada vez antes porque se están adelantando de la mano del cambio climático. Hace tan solo un cuarto de siglo, una ola de calor en junio como la de ahora, o una similar el año pasado, era algo realmente raro.
El inicio de la época de olas se adelanta en el calendario a razón de cuatro días por década, como refleja la última edición de la Evaluación de riesgos e impactos derivados del cambio climático en España (ERICC-2025). Esto da lugar a una estación cálida más prolongada.
Las olas de calor no son más que el síntoma visible de un sistema global alterado. Lo que hay es un planeta cada vez más caliente. Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático del sistema europeo Copernicus, lo señala así: “Los 11 años más cálidos a nivel global se han producido todos en los últimos 11 años. No se trata simplemente de una rareza estadística extrema. Es la demostración del calentamiento global causado por el ser humano”.
Las comunidades del norte peninsular, que tradicionalmente han sido un refugio frente al calor del verano en la península Ibérica, son las que más riesgo presentan para la salud durante los episodios de temperaturas extremas como los de estos días. Aunque los termómetros allí no se disparen tanto como en Córdoba, Zaragoza o Cáceres, el mayor número de avisos del Ministerio de Sanidad por exceso de calor durante el verano pasado se registró en Asturias, contra todo pronóstico, y las comunidades con más muertes atribuibles al calor –en relación a su población– fueron Castilla y León y Galicia en los últimos dos años.
La tendencia este verano apunta en la misma línea, pero de manera incluso más exagerada. Según el Monitor de Mortalidad diaria del Instituto de Salud Carlos III, desde el 15 de mayo hasta ahora se estiman 168 muertes atribuibles al calor en España, y 148 de ellas (el 83%) se concentran exclusivamente en Asturias, Galicia y Euskadi. En Andalucía, el epicentro del calor en el Estado, solo se estiman cuatro fallecimientos.
Los picos de temperatura de lugares tradicionalmente cálidos son los que reciben atención porque allí se registran las temperaturas más salvajes, pero los expertos subrayan que el riesgo para la salud radica en lo acostumbrada que esté la población a ese calor y en la adaptación de las casas y las ciudades a él, como recuerda Julio Díaz, investigador del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y codirector de la Unidad de Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente Urbano en la Escuela Nacional de Sanidad.
"La clave está en el umbral de mortalidad por temperaturas que tiene cada comunidad porque no es lo mismo 37 ºC en Sevilla que en Bilbao, por ejemplo. En la primera puede ser duro, pero en la segunda es una barbaridad", opina Díaz, ya que la ciudadanía no está acostumbrada ni preparada a estas altas temperaturas.
Pero la canícula no es cosa solo de la península Ibérica, sino de toda Europa. El 90% de la población de Francia está sometida al riesgo de las temperaturas extremas. Un total de 49 departamentos están en alerta roja por ola de calor el lunes 22 de junio en Francia, lo que constituye un récord, según ha anunciado Mathieu Lefèvre, ministro delegado para la Transición Ecológica.
Más al norte, en Bélgica, esta semana podría ser “la más calurosa jamás registrada en el país”, con una temperatura media superior a los 27 ºC, según David Dehenauw, jefe de pronósticos del Real Instituto Meteorológico. Algunos trenes en hora punta fueron cancelados el lunes y el martes, según la Compañía Nacional de Ferrocarriles de Bélgica (SNCB).
En los Países Bajos, las temperaturas podrían alcanzar los 37 ºC a finales de semana, según los pronósticos locales. Se ha declarado una alerta amarilla en todo el país debido al “calor desagradable y sofocante”.
La relación entre las olas de calor y los combustibles fósiles lo refleja muy bien un estudio publicado el pasado septiembre en la revista científica Nature, en el cual un grupo de investigadores analizó 213 olas de calor históricas registradas en el mundo entre 2000 y 2023. Concluyeron que fueron más probables e intensas debido al calentamiento global. Además, analizaron las emisiones expulsadas por las mayores empresas del sector fósil entre 1854 y 2023 y concluyeron que las emisiones históricas de esos 180 grandes productores de petróleo, gas, carbón y cemento están detrás de la mitad del aumento de la intensidad de las olas.
Todos los eventos analizados en aquel estudio, los 213, fueron agravados por el cambio climático. Pero, además, una cuarta parte (55) hubieran sido prácticamente imposibles sin el calentamiento actual. En el caso del Estado, investigaron ocho, entre los que destacaban las altísimas temperaturas del verano de 2022, un episodio que sin el actual nivel de calentamiento no se habría desencadenado.
* Presidente de Fundación Clima y Premio Nacional de Medio Ambiente.