El pasado día 16 de mayo el colectivo navarro Solasbide, integrado en el movimiento internacional de profesionales e intelectuales católicos Pax Romana, celebró su undécimo encuentro anual de debate, en este caso con el tema “La trascendencia de la inmanencia: a propósito de la economía”. Como en los años anteriores, se trataba de una convocatoria abierta a personas, creyentes o no creyentes, relevantes por su militancia o acción en diversos campos profesionales, sociales, políticos o sindicales de Navarra. Resumimos a continuación los principales asuntos que se abordaron.
Todos los participantes compartimos la misma preocupación y alarma ante la evidencia de que el sistema económico imperante resulta injusto, inhumano e insostenible. Es un sistema “que mata”, en palabras del papa Francisco. El proceso de globalización de las últimas décadas, aunque ha tenido sus aspectos positivos, también ha intensificado la desigualdad, la creciente brecha entre el norte y el sur, el primer y el tercer mundo, los ricos y los pobres, los hombres y las mujeres, el capital y el trabajo, incluso entre unos trabajadores y otros, entre la generación actual y las generaciones futuras a quienes estamos privando cada vez de más recursos.
Resulta imprescindible buscar alternativas al modelo actual de producción y de consumo porque, en ello, además, va la propia supervivencia humana. Es notoria la imposibilidad de un crecimiento infinito en un planeta finito, el planeta se está degradando a pasos agigantados. Tenemos más preguntas que respuestas, pero consideramos urgente un debate que nos afecta todos. La economía no puede ser solo una ciencia en manos de los expertos, un saber esotérico para una minoría. Ese debate ha de ser crítico, no solo sobre el sistema económico, sino muy especialmente sobre los discursos más extendidos sobre la economía.
Uno de los mantras que escuchamos a diario es que la economía es una ciencia y, por ello, un sistema de conocimiento neutral, una serie de técnicas y reglas que han de manejarse con independencia de las ideologías y de la política. Nada más ideológico que proclamar la supuesta neutralidad de la economía. Toda decisión económica tiene un componente ideológico, como cualquier otra decisión humana, porque los seres humanos tenemos distintas maneras de concebir e interpretar el mundo y distintos valores sobre cómo relacionarnos con él y ordenar la sociedad. Una mínima honradez intelectual pasa por admitir que todos hablamos desde una particular ideología; en cualquier debate debemos expresar cuáles son nuestras ideas y nuestros valores si queremos alcanzar acuerdos y ser capaces de identificar las diferencias.
Es innegable que en cualquier modelo económico coexisten dos elementos: la intervención y planificación por parte del poder político, y la existencia de un mercado. Es la intervención política la que establece los valores y los objetivos de la economía en una sociedad democrática, a través del debate y la participación de toda la ciudadanía. El mercado es un mero instrumento para las transacciones de bienes, servicios y ganancias. Carece de valores humanos, no lo es el ánimo de lucro que tiende a considerarse como el único criterio por quienes defienden el libre mercado como un nuevo Dios teóricamente no subordinado a nadie.
En el debate político/económico se suelen proclamar oficialmente valores que quedan postergados o ignorados en la práctica: la solidaridad, la lucha contra la pobreza, el reparto de la riqueza y el desarrollo, la función social de la propiedad, la sostenibilidad, la paz y la cooperación internacional. Grandes discursos para ocultar una gran hipocresía. Las políticas económicas realmente aplicadas en la mayor parte de los casos pasan por el crecimiento infinito, el lucro como valor supremo, la acumulación desmedida de riqueza por unos pocos y la condena a la pobreza para muchos otros, por el consumismo como ideal de vida, el retroceso de los sistemas democráticos y las garantías de los derechos humanos, por el retorno de la guerra como instrumento de política nacional y de los discursos del odio, por el desmantelamiento de las organizaciones internacionales establecidas a partir de 1945 para hacer de la Tierra un lugar habitable para todos los seres humanos.
Frente a esta situación, se hacen inexcusables la crítica, el debate y la denuncia constante. Es precisa la movilización política, social, económica, para proclamar y reclamar los valores relegados, educar a las nuevas generaciones en ellos, cuestionar el crecimiento ilimitado y el PIB como medida del desarrollo, no hurtar la cuestión del decrecimiento, ejercer el poder de los consumidores para apoyar alternativas de economía social (cooperativas, comercio justo, tercer sector) menos individualistas, menos egoístas, no ser ciudadanos ni clientes pasivos, levantar la voz y dar voz a quienes no la tienen, a quienes van dirigidas las decisiones económicas y, sobre todo, a los más desprotegidos, ser capaces de distinguir lo urgente en el corto plazo y lo importante del largo plazo. Pasar de la economía del yo, del yo primero, a la economía del nosotros. Escuchar y abrir alianzas para el cambio. Poner la economía al servicio de los seres humanos, y no al contrario.
Y, sobre todo, no perder la esperanza. Movernos y conmovernos. Poner alma en una economía desalmada.
Firman este artículo: Jesús Ariño, Pilar Beorlegui, Mertxe Berasategui, Jesús Bodegas, Camino Bueno, Guillermo Mújica, Isidoro Parra, Miguel Izu, Fco. Javier Lasheras, Vicente Madoz, Ignacio Sánchez de la Yncera, Josep Mª Valls y Lucio Zorrilla Miembros de Solasbide