TODAVIA se ríe al recordar cómo fue su primer día en Tajonar. Se disponía a firmar su contrato con Osasuna y llegó a las oficinas cojeando por un golpe en la rodilla que se produjo días antes jugando un partidillo, algo normal para un chaval de 16 años que siempre que podía invertía su tiempo libre en darle a la pelota. No imaginaba entonces -y todavía hoy le cuesta asimilarlo- que aquel día iba a hacer algo más estampar su firma en un papel, ya que sin saberlo estaba aceptando las condiciones innegociables de un deporte que no sabe de segundas oportunidades. Muchos se quedaron por el camino, pero a él le ha ido bien, y eso que los entrenadores que aquella mañana andaban por Tajonar, al verle entrar por la puerta con una visible cojera, se preguntaron en tono de broma si era la decisión correcta fichar a alguien en aquellas condiciones físicas.
Para encontrar la respuesta han tenido que pasar casi 20 años, porque aquel chaval espigado y de rostro clásico, criado en las arenas del campo de Oberena, al que le ha costado llegar pero mucho más mantenerse allí, cumplió el miércoles frente al Málaga un logro al alcance de muy pocos en la historia de este club, un lugar tan exclusivo que sólo diez jugadores lo habían logrado antes que él.
Pudiera parecer que es cosa sencilla llegar a los 300 partidos, 200 de ellos en Primera División, vistiendo la camiseta de Osasuna, pero para alcanzar tal meta deben darse una serie de condiciones, y en su caso fue tener la cabeza en su sitio, no perder nunca la perspectiva de las cosas. "Estaba a gusto en el Oberena y cuando Osasuna se interesó por mí, quise seguir en Oberena con mis amigos y mi equipo antes de irme a Tajonar. Luego sí fiché por Osasuna y fui cumpliendo etapas, pero el fútbol me llegó sin quererlo, era mi hobby, entrenaba, me gustaba, pero no me lo planteaba en serio. Conforme fue pasando de categorías sí me lo tomé más en serio, pero nada de pensar en ser profesional ni nada por el estilo".
Lo único que le gustaba del fútbol era poder juguetear con él, muy alejado de esa atracción, mitad riqueza mitad pasión, que se genera alrededor del deporte rey y que tan irresistible resulta para muchos. Bajaba al Sadar porque lo hacían sus amigos, no por un silencioso deseo que escondiera dentro para llegar a ser algún día uno de ellos. "No me gustaba pedir autógrafos a los jugadores de Primera, no era de esos".
Ahora es él quien debe aplicarse pacientemente con los más jóvenes que cada día acuden a Tajonar equipados con un rotulador y un trozo de hoja a la caza de la firma de su jugador preferido. "No sabría decir cuándo supe realmente que mi vida iba a estar vinculada al fútbol. Me fue llegando, porque entonces no tenía objetivos claros en la vida".
trayectoria
Desde juveniles
Durante sus primeros años vistiendo las camisetas rojillas las cosas le fueron rodadas. Juveniles, División de Honor, Osasuna B y desde ahí en dirección recta hacia el primer equipo, que entonces militaba en la División de Plata. Casi sin pretenderlo, Josetxo se situó en la rampa de salida hacia el éxito, pero entonces le vino su primer paso hacia atrás.
"Tuve que ir cedido al Eibar porque el nuevo entrenador, Lotina, consideró que había muchos jugadores en mi posición. Fue un momento duro ya que a pesar de que Osasuna estaba en Segunda, yo estaba en el primer equipo, pero me tuvo que marchar a otro lugar".
Como otros antes que él, la experiencia le permitió conocerse mejor a sí mismo. En el profesional y en lo personal. "Era la primera vez que salía de casa y me vino bien en todos los aspectos. No jugué mucho, pero como siempre he hecho traté de sacar lo mejor de toda aquella época". Volvió a casa, pero lo hizo para jugar en Segunda B. Transcurría la temporada 2000-01 y parecía que su tren se estancaba, pero entonces ocurrió lo insospechado y casi sin que nadie se diera cuenta, Osasuna, de la mano precisamente del técnico que le había descartado el año anterior, logró un ascenso que iba a marcar su futuro y el de su club.
"Volver al Promesas fue un paso atrás importante, pero después me cambió la suerte y de la noche a la mañana todo me salió redondo".
No sólo varió su fortuna, sino la de todo el club, que tras aquel agónico triunfo en el Sadar ante el Recreativo se transformó hasta lo que es hoy en día. "Ahora me pongo a pensar y miro lo que he hecho, lo que he conseguido, y la verdad es que es para estar orgullo porque muy pocos jugadores lo han logrado. Estoy muy contento y espero que no se quede aquí".
presente, futuro
El dinero del balón
No es el prototipo de futbolista amante del lujo y de los coches caros. Es un padre de familia que pese a la dedicación que le obligaba su profesión, fue capaz de sacarse una carrera. Vamos, uno de esos tipos raros que se lleva un libro a las concentraciones. "Me gusta estudiar, terminé la Universidad, luego he hecho varios cursos para estar al día de lo que estudié, siempre mirando al futuro y buscando una salida para cuando se acabe el fútbol. Pero no soy el único que lee en las concentraciones. No te creas, hay muchos jugadores que lo hacen, mucho más de lo que se piensa la gente, porque la lectura nos viene bien entre tanto viaje y tanta concentración".
Lo mismo que él ha cambiado desde que debutara con el primer equipo hace 14 años y en Primera División hace 10 en el Bernabéu, también lo ha hecho el club. Muy pocas cosas han permanecido inalterables durante este tiempo, excepto que Osasuna sigue aferrado a la Primera División con uñas y dientes.
"El fútbol es dinero y el que más tiene por lo general gana más, por eso hay que saber valorar los principios de Osasuna. Estar ahí desde hace diez años es digno de elogio".
Por eso no le extraña que los jugadores hayan estado a punto de convocar una huelga. "Ha sido bueno el cambio en la dirección de la AFE. Se nota que es gente nueva y que quieren solucionar los problemas que hay en el fútbol con muchos jugadores que no cobran lo que pone en sus contratos. Nosotros tenemos suerte, pero otros no tanta. Para hacer fuerza teníamos que juntarnos todos los futbolistas, aunque eso nos haya costado alguna crítica".
Como todos en este club, tiene grabadas a sangre y fuego las angustias vividas por el equipo para mantener la categoría, pero tiene plena confianza en no pasar apuros en los seis partidos que restan esta temporada. "Tenemos margen y partidos suficientes como para no pasar problemas, pero habrá que aplicarse".
300 partidos, como fueron 300 los guerreros del intrépido Leónidas, que hace 2.500 años fueron capaces de retener en el paso de las Termópilas a unos cuantos de miles de persas, son suficientes para demostrar cómo es un jugador y como aquellos 300 espartanos entrenados para defender a su patria griega, Josetxo siempre se preocupó de defender a los suyos. Y promete seguir haciéndolo.