Un aficionado en la presidencia
En la distancia corta Luis Sabalza se ofrece como un osasunista más, como un hincha que llora en las derrotas y celebra con algarabía las victorias. Tampoco pretende dar la imagen contraria. Quiere a Osasuna como una parte sustancial de su vida, como otros son devotos de un santo o no entienden su vida sin los ritos sanfermineros. Sabalza es un aficionado y su problema en estos cinco primeros meses en la presidencia del club es que no ha sabido separar ambos campos; que no ha captado que dirigir un club -y más con la problemática que acecha a este y la que él mismo sigue descubriendo cada día en los cajones- es más que amarrarse a una bandera y que los mensajes deben tener más calado y contenido que los cánticos de la grada, y que las decisiones que se adoptan no afectan a un solo partido sino al futuro y supervivencia del club. Sabalza, y es a lo que quería llegar, es responsable de lo que está pasando en Osasuna. La situación de este fin de semana ha sido esperpéntica; el sábado por la noche, en una reacción acalorada, anticipa que va a destituir a Mateo; el domingo lo entrega a la inacción y al viaje de regreso de Girona, cuando debería estar ya en Pamplona ultimando el relevo; ayer Mateo tiene que hacer el papelón de entrenar a la plantilla cuando ya le habían retirado la confianza y solo tenía las noticias de la prensa; y, en fin, todo el mundo sabe ya que Martín va a ser el nuevo entrenador mientras los responsables del club remiten a una comparecencia pública a deshoras. Peor no se puede hacer. Por no hablar de que Mateo ya estaba sentenciado después de la derrota en Ponferrada y faltó decisión y capacidad de maniobra (falta de experiencia en el cargo, en suma) para decidir el cambio sin más pérdidas de tiempo. Un empate con el Albacete también le hubiera costado el puesto al entrenador.
Sabalza está también atado por otros compromisos. Concurrió a las elecciones como hombre de la plataforma Todos somos Osasuna que trataba de impedir a toda costa que Javier Zabaleta alcanzara la presidencia por la vía de las urnas. Por tanto, que hoy ocupe el puesto de máxima importancia en el club no es un acto altruista, no es un no había otro que quisiera o a ver quién se arriesga a avalar; su responsabilidad es la de alguien que ha elegido y ha peleado por ser presidente y que ha creído -así lo vendió a los socios junto a su candidatura- que podía aportar un estilo diferente y algo para mejorar Osasuna. De momento no ha sido así; el cargo le ha venido grande y ha protagonizado situaciones que le dejan en evidencia en cuanto a su autoridad y modo de actuar como la de celebrar una reunión oficial de junta directiva en un domicilio privado, algo que sostiene la sospecha de que pueda existir otra dirección en la sombra.
Si cambiar de presidente fuera tan fácil como cambiar de entrenador es posible que Sabalza tuviera que abandonar el cargo ya. El presidente tiene que despojarse de sus hábitos, aparcar al aficionado que lleva dentro e investirse de autoridad y razones. Y poner cordura en un club que hace tiempo que ha perdido el norte.
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