Síguenos en redes sociales:

“La muerte de mi padre ratificó mi forma de ver las cosas”

Técnico | su viaje a Tailandia, la muerte de su padre, el coaching... Una hora con Martín da para mucho

“La muerte de mi padre ratificó mi forma de ver las cosas”MIKEL SAIZ

Lo que empezó en entrevista, acabó en sesión de coaching. La indiferencia es un término que nunca se podrá asociar con Martín. Muchos dicen que es el hombre de los milagros, otros, como él mismo asegura, creen que tiene “una flor en el culo”. Mientras el de Campanas se limita a gozar del presente y a recoger las flores... Del camino.

En Hendaia se perdió, en Rota se ganó y mejoró el juego. Como dice usted, ¿la línea es buena y seguimos para bingo?

-(Risas) Sí, hay que seguir mejorando, al margen de resultados y lo importante es que todo el mundo vaya cogiendo la onda y de momento estamos en esa fase.

Es bastante duro con los jóvenes. ¿No teme que alguno se pueda hundir con las críticas?

-No, me conocen y saben que toda mi exigencia va enfocada a su beneficio. Trato de orientarles, ayudarles y que se percaten lo antes posible dónde están y lo que tienen entre manos. A veces en la vida te das cuenta de lo que tienes cuando lo pierdes. Entonces trato de hacerles ver que son unos privilegiados, que tienen que aprovechar cada segundo y ser receptivos a la opinión de los veteranos. Súperexigente porque no saben lo que tienen entre manos, tienen una oportunidad maravillosa y tienen que aprovecharla.

Habla mucho de disfrutar del momento y de la vida. ¿Es algo que se nos olvida frecuentemente?

-Sí, totalmente. La preparación que uno va teniendo te hace ver muchas cosas. He hecho viajes por ahí que me hicieron reflexionar mucho y me hicieron ver que en esta vida vamos excesivamente rápido y no percibimos el camino, solo la meta. Este año pasado, que ha sido mi primer enfoque en este sentido, he gozado y he sufrido poco porque mi ilusión era disfrutar del camino, de la afición y de mis jugadores. Mi experiencia se traduce a una excursión que tuve en Tailandia. En una excursión por la selva de 40 minutos yo llegué el primero con el indio y ves cosas, pero cuando habíamos llegado y a los dos minutos llegó el guía que hablaba castellano con un ramo de flores y dice: “Qué rápido habéis venido, ¿no os habéis percatado de las flores tan bonitas que había?”. Ahí bajé a lo más hondo de mi ser y saqué que hay que vivir cada segundo de lo que te da la vida.

La moraleja es que hay que recoger las flores del camino.

-Sí, hay que recoger las flores del camino y un poco antes o después llegas a la meta.

En una entrevista reciente dijo que ahora se centraba más en lo humano que en lo futbolístico. ¿Es una evolución del Martín entrenador?

-Yo hice un curso de coaching que me ha servido mucho para mi vida y eso lo proyectas a la gente que tienes alrededor. Quería verme en un trayecto largo, para ver cómo llevaba el grupo. Osasuna me amplió el contrato y ha sido una gozada y estoy muy contento con Enrique Martín.

Se habla mucho del coaching

-Un profesor mío decía: “Coaching es acción”. Es un proceso que te ayuda a sacar todo lo que llevas dentro. Las personas somos creativas y llenas de recursos, pero cantidad de gente hemos ido al 50% de nuestras posibilidades, por miedos o comodidad. El coaching te llevaría a decir que no o que sí a otra opción que puede ser tan interesante como la que tú crees en este momento que es la buena. Yo estoy teniendo unas experiencias impresionantes y es apasionante el crecimiento que tiene la gente. Un chico igual saca malas notas porque no presta atención en clase, el coaching le ayuda a que él mismo se ponga una serie de tareas que le hacen estar más concentrado y al final saca mejores notas. Si quieres, quieres. Lo que no puedes es hacer un hoy sí, mañana no. Hay mucho que aprender, coaching es acción, no te para nada. Me ayuda a ser más decidido a tomar decisiones con más claridad. El coaching te quita la timidez y te saca el potencial, yo intento que mis jugadores saquen su talento y disfrutar de él. Esa ha sido la dinámica de este año y me lo he pasado muy bien.

¿La gestión del grupo es su principal virtud?

-Es mi pasión. Me gusta ayudar a la gente. No, ayudar no es la palabra. Colaborar en su mejora porque, al final, con una serie de herramientas les haces sacar todo su talento. Es maravilloso y la gestión del grupo es lo que vale porque el talento lo tienen. Había alguien, no sé si un escritor, que decía que más que darles el tesoro hay que ayudar a que saquen su talento y disfrutar de él. Al final, el fútbol, como las empresas, funcionamos con personas. No escuchamos nada. A veces hago entrevistas en coaching de una hora y le preguntas: “¿Cuánto llevamos?”. Y dice: “Media hora”. Además en el proceso de coaching vomitas todo lo que tienes y obtienes una mejora terrible.

¿El fallecimiento de su padre le cambió la manera de ver las cosas?

-Ratificó mi manera de ver las cosas. Mi amigo Santos, en el Leganés, mientras comíamos yo le hablaba de la siguiente semana y él me dijo: “Vamos a comer hoy y ya veremos que cenamos esta noche”. Mi padre con su muerte ratificó lo que digo yo, vamos a cenar esta noche y ya veremos qué desayunamos mañana. Mi padre cenó, vio el partido Getafe-Rayo, se acostó y ya no se levantó. Joder, hasta mi padre me tiene que dar la razón, qué putada, pero es la puta realidad, hablando mal y pronto.

¿Qué aprendió de su padre?

-Mi padre era un tío muy reservado, no hablaba mucho, no me hacía observaciones cuando jugaba. La única que me hizo fue cuando entrenaba. Había un jugador en Osasuna que se llamaba Matito y me daba la turrada: “¿Por qué no pones a Matito?”. Cuando yo jugaba me daba un poco más de paga si metía algún gol, pero nunca me decía cómo tenía que jugar. Se fue en silencio, siempre fue un tipo muy silencioso, últimamente no veía los partidos de Osasuna porque se ponía muy nervioso, se iba a pasear y luego volvía. Acabó como todos queremos acabar; con 91 tacos te acuestas y ya no te levantas, una muerte dulce como decía aquél. Mi madre era más movida, le gustaba presumir y yo le decía cuando van las cosas bien qué bonito pero luego te van a empapelar, la mujer estaba orgullosa. Mi mujer es la base de esta historia porque llevamos desde los 17 juntos y ha habido momentos bonitos y jodidos pero siempre ha estado ahí. Lo de este año es un regalo para mi mujer y mis hijas.

Una de las palabras que más repite es gozar. ¿Con qué goza Enrique Martín?

-Gozo estando con gente. Como yo aprendí a escuchar a los 50 tacos, cuando hicimos las primeras sesiones, el profesor pregunto qué habíamos sentido y en ese momento sentí satisfacción, qué gozada escuchar a una persona tres minutos escuchando una historia. Con esa herramienta, iba a Tajonar y lo ponía en práctica. Ahí empecé a gozar, escuchando a las personas y viendo cómo sacan su talento. En el fútbol hay cuatro detalles, pero lo bueno es ver cómo saca el talento la gente que está a tu lado. Con el coaching estoy gozando constantemente, para mí ha supuesto un chute emocional terrible, estoy desinhibido pero respetando al máximo a las personas. A veces en el banquillo me dicen: “¿Para qué vas a cambiar si vamos bien?” Ya, pero podemos ir mejor. El coaching te invita a salir de tu rincón. Entre ir y no ir, ir. Entre hacer y no hacer, hacer. Siempre va a quedar la experiencia.

Son famosos los milagros de Martín, el de 1997, el del año pasado y el de este. Con tres milagros a uno le hacen santo.

-Hay un trabajo de los jugadores y del cuerpo técnico, pero a veces escuchas: “Es que este Martín tiene una flor en el culo”, y yo he llegado a una conclusión: cuando hay personas que no tienen argumentos para contrarrestar una serie de puestas en escena dicen: “Bueno, es que tiene una flor en el culo... y por delante el capullo”. Yo deseo el bien de todo el mundo, mi dial es otro, un dial en el que hay música caribeña y buen rollo, y no por eso eres menos responsable. Mañana no me interesa, ayer ya pasó y aquí, ahora, disfrutando del café, de la entrevista y ya está.

¿El peor pecado que puede cometer Osasuna el año que viene es el conformismo?

-El otro día leí que, puestos a pensar, para qué te vas a desgastar pensando en pequeño, vamos a pensar en grande. Este año no tenemos ningún techo. Todos sabemos dónde estamos, de dónde partimos, qué tenemos que hacer. ¿Para qué vamos a estar recordándolo en cada momento? ¿Para qué vas a pensar? Además pensar es malo y pensar mucho es súpermalo. Yo el año pasado tuve un trayecto que no pensé y cuando nos vimos arriba, empecé a pensar y perdí mi alegría, incluso mi mujer me decía que no estaba tan alegre, hasta que paré y dije: tienes razón, es que soy gilipollas, estoy pensando que tenemos que estar arriba y nos fuimos para abajo y dije: a partir de aquí que sea lo que Dios quiera. Esto no de pensar no hay que llevarlo a la esquina radical, es un poco que fluya, hacemos las cosas y competimos sin pensar en nada más. Empezamos el curso y ya sabemos que tenemos que acabar la carrera. Tenemos cuatro cursos para sacarnos el título, que es llegar a 2020, cuando cumplimos 100 años, en Primera. Empezamos el curso el año pasado, son cinco años. ¿Periodismo son cinco años?

Cuatro.

-Pues Medicina. Ya hemos acabado el primer curso, además con muy buena nota, y ahora nos quedan cuatro más.

¿Qué siente cuando la gente canta eso de es que “Yo sin ti, Enrique Martín, no sabría cómo subir”?

-Se me pone la carne de gallina. El día de Oviedo me dice Alfredo: “¿Has oído?” Y me empezó a cantar la canción. Ayer estuve con un chiquito de 2 años y sabía cantar la canción y le ponía un cariño... En San Fermín me he hinchado de sacarme fotos con los niños. Cuando un nene viene y dice: “¿Me puedo sacar una foto?”, una y 200 me saco hijo mío. Ha habido una vuelta al calcetín respecto al sentimiento de pertenencia, ha sido un chute emocional para la provincia y la afición. Me faltaba un poco esto, siempre me tocaban momentos complicados, de barro, situaciones que creo que domino bien pero me faltaba esta historia con el primer equipo para morirme tranquilo.

¿Director de La Pamplonesa es su vocación frustrada?

-Me estoy calentando cada vez más eh. Les dije en plan de broma que dirijo dos bandas a la vez, una de música y otra de fútbol, desde el cariño lo digo. Yo les decía: “Vosotros tocad, que ya moveré los brazos”. Fíjate, a José Andrés Palacios le dije: “Como subamos me voy a dirigir en las Dianas, pero a tope”, y ahí estuve. Le voy cogiendo el tino cada vez más. Los músicos de La Pamplonesa son gente muy maja, ha sido una experiencia brutal, estoy muy agradecido. Entre ir y no ir, ir. Me queda la experiencia, ahí moviendo los brazos con la varilla, disfrutando del momento, y eso no me lo va a quitar nadie.

La última. Dígame el principal motivo por el que la parroquia rojilla tiene que estar ilusionada para esta nueva temporada.

Tenemos que seguir avanzando. El primer curso hemos sacado una gran nota y ahora nos viene el segundo. El segundo es más complicado, el tercero, cuarto y quinto parecen más fácil, pero porque ya llevas un trayecto que te ha puesto unos cimientos. Entre todos tenemos que poner esos cimientos para finalizar la carrera en 2020. Esa tiene que ser la ilusión y lo vamos a conseguir. La afición va a seguir ilusionada porque va a tener un equipo que va a competir y vamos a tratar de jugar bien al fútbol. El año pasado hubo partidos interesantes y otros que nos metieron alguna bacalada, pero de todo se aprende y entre todos sacamos el curso con nota. No solo los entrenadores y los futbolistas... La afición, los periodistas... Formamos un bloque tan fuerte que salimos de situaciones límite. Si salimos de Sabadell, salimos de todo. No puede ser una agonía estar en Primera División. Naturalidad ante una situación que nos la hemos ganado y tenemos derecho a disfrutarla. Vamos a poner todo de nuestra parte para sacar el curso como este año: cum laude, pero si sacamos un aprobadillo, también nos vale para pasar de curso pero no vamos a estar todos los días: tengo que aprobar, tengo que aprobar... Estudiamos y oye, a ver como llegamos y seguro que sacaremos la carrera y con buena nota.