La otra crónica

La felicidad de lo sufrido

07.02.2020 | 16:34

Justo acababa de finalizar el encuentro cuando los jugadores saltaban y se felicitaban en el centro del campo. Unos pocos metros atrás, apartado, Roberto Torres se frotaba la cara con sus manos, como intentando aplacar la emoción que le embargaba tras haber dado la victoria a Osasuna con un auténtico golazo.

Y es que para Torres ayer fue un día grande. El de Arre, para empezar, cumplió en un doble pivote cuanto menos diferente: él y Mérida. Arrasate fue valiente y sorprendió sustituyendo a Oier con dos jugadores de un perfil completamente diferente. El centrocampista no solamente cumplió sino que luego marcó un golazo de falta de esos que nos ha mostrado más de una vez. Absolutamente mágico.

El Málaga se había adelantado en su única jugada de peligro que tuvo hasta final del partido. Osasuna volvió a cometer un error en defensa, aunque esta vez no le costó nada en cuanto a puntos, pero sí en cuanto a pulsaciones.

Hasta el minuto 75 el encuentro deambuló entre un quiero y no puedo de Osasuna y un ni quiero ni puedo del Málaga, que casi se frotaba los ojos para comprobar que seguía ganando. Pero Arrasate tocó corneta, cambió a Aridane por David y mandó el mensaje a su equipo: a por todo.

Y el todo vino a balón parado, algo que es tan importante en esta categoría. Primero con un centro excelso de Rubén al corazón del área que cazó, quien sino, Juan Villar. Obviamente el andaluz ya es el hombre gol de Osasuna y si las lesiones le respetan puede acabar con cifras muy importantes.

En medio de la locura llegó la tangana con las dos expulsiones y eso incendió a El Sadar y, por tanto, a sus jugadores.

Es en esos momentos, en los de tensión, cuando aparecen los mejores. No hace falta recordar los méritos de Torres en su carrera (aunque alguno se los niegue sistemáticamente a saber por qué) y la calidad mostrada en bastantes momentos. Por si acaso, quiso recordarlo con una falta que recordó a otras obras maestras que ha hecho a lo largo de su carrera. El bueno de Munir aún está buscando por dónde entró el balón.

Tras el gol, todos se fueron a la esquina, abrazarse, saltar y besarse, en el caso de Torres, el escudo (por si también alguno discute su osasunismo). Y es que ser feliz es complicado, pero cuando se logra algo sufrido, lo más que tienes es que frotarte la cara para comprobar que es cierto y lo de ayer fue muy real.