Juez de línea

Manual de resistencia

10.02.2020 | 00:26
Mantener la conexión entre equipo y afición y hacerse fuertes en El Sadar será clave en esta temporada.

Ese "bienvenidos a Primera" con el que Jagoba Arrasate sancionó el exiguo desempeño de sus jugadores en el amistoso contra la Real Sociedad (0-2) resume en tres palabras, en vísperas del inicio de la Liga, el gigantesco salto cualitativo que representa para Osasuna este paso de categoría, sobre todo en lo concerniente a la calidad técnica de los futbolistas que integran las plantillas de los clubes ya asentados y cuya mayor disponibilidad económica supone ya el primer hándicap para los equipos recién ascendidos. Un nivel de exigencia que también examina los conocimientos del entrenador (su última experiencia en la categoría fue en el curso 2014-15) y que obliga a sacar el máximo rendimiento de los valores propios al tiempo que compromete a trabajar semana a semana en la adaptación a este fútbol más veloz, más sistematizado, más exigente y con más recursos individuales a los que poder encomendarse en caso de apuro.

Tomo prestado el título del libro de Pedro Sánchez (Manual de resistencia) porque creo que la estrategia de Osasuna y del osasunismo para esta temporada del retorno debe ser un ejercicio de paciencia con los resultados, de confianza en la plantilla, de constancia en la persecución del objetivo y de calma ante las situaciones de tensión. Nada nuevo, por otro lado, en un club acostumbrado, por historia, a competir la mayoría de las veces en inferioridad y a suplir sus carencias con un plus de entusiasmo y de combatividad en el campo y al que tampoco es ajena su afición, consciente de su papel determinante en los partidos en El Sadar.

De acuerdo a su capacidad económica, Osasuna ha tratado de mejorar la plantilla con elementos ya conocidos y acoplados (Rubén García y Rober Ibáñez), con recambios en puestos vacantes (Estupiñán), fortaleciendo puntos estratégicos (Roncaglia y Navas) y buscando gol (Chimy, Cardona y Adrián). La pretemporada también ha puesto al descubierto la necesidad de un segundo lateral izquierdo (Endika Irigoien ha jugado pocos minutos en comparación con otros canteranos y el entrenador ha recurrido a Lillo) y la falta de talento creativo maduro en el medio campo cuando no sale a escena Mérida (Otegui juega seguro al primer toque, pero adolece todavía de verticalidad y largura en sus pases). En este escenario extremadamente competitivo, la exigencia también es mayor para los más jóvenes de la cantera, a la que ha recurrido profusamente Arrasate en estas semanas de preparación. De todos ellos, Aimar Oroz asoma como un futbolista cuyas cualidades técnicas (y una presencia física que ganará con el tiempo) pueden darle minutos en Primera. Sin desconfiar de Arrasate, la llegada de futbolistas con experiencia y vitola anticipada de titulares, las lesiones de larga convalecencia como las de Unai García y Kike Barja y el empleo del máximo de recursos externos para conseguir la permanencia, apuntan a que la cantera queda, sin embargo, en la vía de espera y obligados a pelear una oportunidad, que también es una forma de crecer y hacerse futbolista. De la gente de la casa, solo David García, Oier y Roberto Torres asoman como posibles titulares.

Con este preámbulo, el papel de líder y de aglutinador del vestuario que Arrasate desempeñó el pasado año, vuelve a ser ahora la piedra angular del proyecto. El entrenador cuenta también con el respaldo de una afición que ha apreciado en él a un hombre que entiende lo que es Osasuna y su entorno, un tipo consciente de lo que tiene entre manos y de cómo sacarle el máximo rendimiento. Lejos de la presión que sufrió Martín incluso antes de comenzar la anterior experiencia en Primera, Arrasate goza de un plus de confianza que no deben poner en tela de juicio ni un mal arranque de competición ni una pobre racha de resultados ni las críticas de los más impacientes y flojos de memoria. Ya se vio hace tres años adonde conducen las prisas, los nervios y la toma precipitada de decisiones, tanto en lo deportivo como en lo social. Arrasate debe ser un entrenador de largo recorrido, porque en el caso supuesto de un regreso a Segunda, nadie mejor que él para seguir al frente del equipo.

Hay que aprender del pasado. Los últimos doce meses han colocado al club en un estado de sosiego, con tensiones internas, que las sigue habiendo, pero manejando los conflictos sin darlos a la publicidad. La bulla no ayuda. La llamada paz social ha tenido su refrendo en la estrecha conexión entre equipo y afición, sin duda una de las claves del éxito. Ese ambiente encuentra su reflejo en la pasión y cercanía de unos y de otros en los partidos en El Sadar. Va a ser difícil el seguir prolongando esa condición de invicto como local en partido de Liga que se remonta a abril de 2018, pero hacerse fuerte en casa es una de las claves para fraguar la permanencia. Aquí, en casa, es donde las diferencias de calidad y de presupuesto pueden estrecharse a base de empuje, valentía y personalidad.

Lo que viene ya, hoy mismo, es un ejercicio de resistencia. Se trata de sobrevivir a ese primer año que abre la puerta a una posición más confortable, a seguir creciendo, a equipararse con rivales más similares en masa social y a disponer de más recursos para un club comprometido a alimentar una larga estructura que va más allá del primer equipo. Ahora bien, resistir pero siendo fieles a los principios del club, sin defraudar a la afición, sin arrinconar a la cantera, sin derrochar el dinero, sin ataques de grandeza, con las cosas claras, jugando limpio, sin complejos de inferioridad Porque llegará mayo y, pase lo que pase, después habrá más fútbol y más Osasuna.

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