Éxtasis rojillo en San Mamés

Cerca de un millar de hinchas de Osasuna disfrutan en Bilbao de una tarde de ensueño rematada con triunfo

17.02.2020 | 00:46
Así lució ayer la hinchada de Osasuna en la grada de San Mamés.

Bilbao – Los aproximadamente mil aficionados de Osasuna que se desplazaron ayer hasta Bilbao para animar a su equipo se llevaron como premio una victoria rojilla de San Mamés. Fue un auténtico éxtasis el que vivieron todos ellos, el colofón a una jornada festiva, a un desplazamiento sencillo en la logística, pero complicado por la agónica manera en la que el cuadro de Jagoba Arrasate conquistó un ajustado triunfo en la capital vizcaína.

El viento fue el principal protagonista de la previa de un derbi en San Mamés que congregó a casi un millar de rojillos en los aledaños del campo rojiblanco. Dicho vendaval no fue decisivo para su desplazamiento, puesto que empezó a primera hora de la tarde y tras una mañana de lo más plácida en cuanto al temporal. Y es que el solo no se escondió y acompañó a la hinchada de Osasuna.

Así, en los prolegómenos del duelo, Pozas –la calle que suele reunir el mayor número de poteos cuando hay partido en San Mamés– se tiñó en su mayoría del rojo osasunista. La semifinal copera del pasado jueves contra el Granada afectó al ambiente del equipo local, como destacó Gorka, un aficionado con el corazón partido. "Soy de Pamplona y del Athletic, pero me encanta que a Osasuna le vaya bien. Vengo cada dos semanas y, cuando hay partido gordo entre semana, el del domingo queda más eclipsado", aseguró cuando el ruido prepartido empezaba a cocinarse.

En otros casos, esto es un tema más de familia, como le ocurría a Felipe, también venido desde la capital navarra, pero de Osasuna de toda la vida. Inculcó en esos mismos valores a María, su hija, que acabó casándose con Miguel, que es del Athletic. "Hemos firmado que ellos ganen la Copa y nosotros saquemos los tres puntos. Ojalá sea así", aseguró el seguidor rojillo, cuyo plan fue el mismo que el de la mayoría de aficionados de Osasuna: viaje por la mañana y comida en Bilbao. "Yo, un chuletón", afirmó con una sonrisa.

Una vez llegada la hora del partido, la zona visitante de Osasuna, situada en la parte derecha de las imágenes de televisión, se hizo notar. Y es que los seguidores rojillos –a pesar de que su equipo jugó ayer con camiseta y pantalón azul– no solo ocuparon esa zona, sino la que está delante de la zona de prensa, lo cual en San Mamés no suele ser muy habitual. Y comenzó ya con la salida de los jugadores, ante los cuales la afición entonó un "Allez, Osasuna, allez, allez" para calentar motores. Lo mismo cuando la megafonía anunció la alineación titular rojilla, en la que coló Íñigo Pérez, navarro ex del Athletic que se llevó una sonora ovación de la grada de San Mamés por su pasado rojiblanco.

Con el partido empezado, no faltaron cánticos míticos. El que más provocó los pitos de la hinchada local fue, obviamente, un clásico: "No son de Lezama, son de Tajonar". La presencia repartida de seguidores rojillos hizo aun más jugoso ese momento. Como ocurrió cuando Oier marcó el único tanto del partido, un instante en el que se notó mucho la presencia de cerca de un millar de rojillos en el estadio del Athletic y un tanto que el capitán de Osasuna celebró besando el escudo de su camiseta.

Otro momento cumbre, ya en la recta final del partido, fue la entrada en el terreno de juego de otro capitán rojillo, Roberto Torres, que incluso despertó aplausos entre parte de la propia hinchada bilbaína. Pero posiblemente el momento cumbre fue el descuento, con esa afición rojilla entonando: "Somos un equipo, valiente y luchador". Y luego, con una celebración de espaldas al campo. Osasuna luchó y venció, pero lo hizo en gran parte gracias a la fuera que le insufló esa marea roja compuesta por cerca de mil hinchas que se quedaron varios minutos después celebrando la victoria, al son de otra de sus canciones preferidas: "Que bote El Sadar". No era el coliseo rojillo, pero San Mamés lo pareció en un triunfo clave para Osasuna, que cada vez tiene la permanencia más a tiro.

En definitiva, que la afición rojilla disfrutó de un auténtico éxtasis. Aunque fueron menos de 600 los aficionados del conjunto navarro que lograron alguna de las entradas sorteadas durante la semana por el propio club –las que envió el Athletic y que habitualmente están destinadas para los seguidores del conjunto rival–, unos cuantos más se buscaron la vida para poder acceder a San Mamés y disfrutar de un triunfo histórico –Osasuna no ganaba en Bilbao desde hacía 13 años– por el escenario, por el rival, por la forma en que se produjo y porque pone a los rojillos muy cerca de su objetivo: la permanencia en Primera.