Las ocasiones que Osasuna dejó escapar en Montilivi no fueron solo oportunidades perdidas: fueron la raíz de la derrota. Porque el partido se empezó a ir cuando el balón no quiso entrar en las llegadas rojillas, cuando lo que debía ser ventaja se quedó en aviso. El fútbol no suele perdonar esa falta de colmillo y esta vez tampoco lo hizo. El 1-0 del Girona en el minuto 44 fue la consecuencia directa de todo lo que Osasuna no supo aprovechar antes.
Porque hasta entonces, el partido estaba donde quería el equipo rojillo. Sin alardes, pero serio, competitivo, con el Girona obligado a pensar más de la cuenta y con Osasuna encontrando espacios para hacer daño. Lo que pasa es que el fútbol no entiende de merecimientos sino de precisión, y ahí Osasuna volvió a suspender. Las ocasiones que tuvo, que no fueron pocas, se quedaron en amagos, en decisiones a medias, en ese último gesto siempre un segundo tarde. Cuando perdonas, el fútbol te pasa factura con intereses y Osasuna no supo pagarla.
El gol encajado justo antes del descanso fue un golpe mal encajado. No tanto por el marcador, que seguía siendo corto, sino por la sensación de injusticia y por la forma. Una acción mal defendida, un despiste colectivo, y el Girona no perdonó. Ahí estuvo la diferencia. Ellos sí supieron castigar el error ajeno. Y fuera de casa no puedes perdonar tanto, al final te cuesta caro. Tanto como llevar dos puntos solo.
Faltó pausa para elegir mejor y sobró nervio para ejecutar peor. Los cambios no cambiaron el guion y el plan se diluyó entre balones colgados sin destinatario y decisiones apresuradas. El equipo navarro confundió prisa con intensidad y acabó jugando exactamente a lo que quería su rival.
Cuando el partido pedía cabeza, Osasuna respondió con corazón desordenado, con tangana final incluida en la que los rojillos no salieron beneficiados. Los minutos finales fueron una concatenación de malas decisiones y nervios.
Y eso que hubo ocasiones como el disparo al larguero de Rubén García o el remate de cabeza de Torró. Pero en el último cuarto de hora el equipo de Lisci se diluyó. Dijo Lisci que si hay que perder, prefiere hacerlo así, pero no sabemos si está el equipo para elecciones tras la primera vuelta que ha hecho. Al equipo de Lisci le sobró ansiedad y le faltó clarividencia. No será porque el entrenador no se lo podía desde el banquillo, que estuvo a punto de dejarse la sien de tanto tocarse con los dedos pidiendo calma.
Y mientras tanto, Osasuna sigue en el barro de la clasificación, sin margen para despistes ni excusas. El próximo partido ante el Oviedo ya no es uno más. Es clave para no seguir mirando hacia abajo y para empezar a darle sentido a una temporada que amenaza con complicarse...sino lo ha hecho ya.