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La contracrónica del Real Sociedad-Osasuna: Quien juega con fuego...

Osasuna desaprovecha una oportunidad para tener un punto de inflexión en la temporada por falta de valentía tras ir ganando 0-2

Fotos del partido de octavos de Copa del Rey Real Sociedad-OsasunaEFE

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A Lisci le pudo la verborrea tras caer en Girona. Luego, en este mundo lleno de asesores, alguien le aconsejó que el lunes a lo mejor no era plan de mandar discursos derrotistas con 600 con la entrada comprada y el italiano tapó sus intenciones que acabó descubriendo durante un partido en el que fue el que más perdió ya que todo le salió al revés. Demasiados minutos y eliminación. 

Osasuna cayó porque decidió dejar de competir cuando tenía el partido en el bolsillo, porque confundió ventaja con tregua y porque volvió a demostrar que, cuando el escenario aprieta, la cabeza pesa más que las piernas. Osasuna fue irreconocible en cuanto decidió protegerse de un rival que estaba grogui. Ahí empezó a perderse la eliminatoria, mucho antes de que apareciera la lotería de los penaltis.

Ganar 0-2 en Anoeta y no pasar la eliminatoria no es mala suerte. Es imperdonable. Y no por el resultado final, sino por todo lo que ocurrió entre medias. Osasuna jugó con fuego y prendió la clasificación. Toda la segunda parte con el autobús puesto, sin estirar ni un poco al equipo y pensando más en el Oviedo que en Donosti. 

Por qué sí, por mucho que alguien recondujera el discurso de Lisci el lunes hablando de dejarse la vida y clichés varios, el italiano ya había dejado su pensamiento el día del Girona. Le sobraba la Copa, de hecho ya lo había dejado entrever en otras rondas. El pan está en la Liga, en el sábado. Y sino es así, en Anoeta metes a Víctor para estirar el equipo, para intentar coger alguna espalda y, quién sabe, a lo mejor a Zubeldia le da por no lanzarse al ataque como un loco y no te mete el segundo. 

La Real no necesitó genialidades. Le bastó con insistir, con empujar, con creer. Osasuna, en cambio, se dedicó a resistir como si el fútbol premiara la pasividad. No cerró el partido cuando pudo, no mató cuando tenía al rival tocado y acabó pagando su falta de ambición con dos goles que se vieron venir desde la grada.

Osasuna se va eliminado con la sensación de haber desperdiciado una oportunidad enorme. No porque el rival fuera menor, sino porque el partido estaba donde quería y decidió soltarlo. No es una cuestión de calidad, sino de personalidad. De entender que competir no es aguantar, sino ir a por más.

Y encima supone un golpe en lo anímico, en lo moral, donde Osasuna está más tocado ahora mismo, antes de recibir al Oviedo en un partido vital. La Copa podía haber sido un punto de inflexión, de hecho se puso así, pero el equipo decidió que tras un golazo de Moncayola y uno en propia, no tocaba atacar más. Y ahí se perdió todo. Luego se remató en los penaltis, pero eso fue solo consecuencia. Contra el Oviedo una final con la moral baja. Que no arda todo. 

P.D: Estaría bien saber qué ocurre con Sheraldo Becker. Si no juega ni un minuto en Copa y no hay una explicación de salud de ningún tipo, Braulio tiene dos semanas para encontrarle acomodo.