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La contracrónica: Osasuna huye a su manera

Las mejores imágenes del Osasuna-OviedoOskar Montero / Patxi Cascante

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Osasuna ganó 3-2 al Oviedo y lo hizo a contrapié todo el rato, empezando mal y acabando como casi siempre en El Sadar: con alivio y gente mirando al cielo. El partido fue una persecución constante, de ir siempre un paso por detrás hasta el último segundo.

El Oviedo golpeó primero (0-1) y dejó claro que el encuentro no iba a ser cómodo. Osasuna respondió con el empate (1-1), pero ni siquiera le dio tiempo a instalarse en el partido: otro despiste, otro golpe, y el 1-2 volvió a poner todo cuesta arriba. Así fue la tarde, una pelea continua contra el marcador y contra sí mismo.

Budimir marcó dos goles y volvió a demostrar que no está para florituras ni para debates modernos: está para meterla. Cuando el partido pedía alguien que no se escondiera, apareció él. Dos goles de delantero clásico, de los que no salen en highlights bonitos pero sí en las clasificaciones. Osasuna vive bastante de eso y no pasa nada por decirlo.

En medio de todo eso, el árbitro tuvo una de esas decisiones que casi nunca se celebran. El VAR le llamó por una mano de Boyomo y el colegiado, viendo la jugada, decidió no pitar penalti. Bien. Porque era una de esas manos que no pueden ser nunca penalti, por mucho vídeo a cámara lenta que se le ponga. Tuvo personalidad para no estropear el partido y para recordar que arbitrar también es decidir.

Y cuando el empate parecía definitivo y colocaba a Osasuna en una situación extremadamente delicada, apareció Víctor Muñoz en el descuento. Gol. Sin tiempo para pensar. Sin tiempo para estropearlo. Gol para salvar tres puntos que olían peligrosamente a perderse y a provocar lío, mucho lío. Gol para salvar un partido clave. Gol para evitar preguntas incómodas. Gol para seguir adelante sin demasiadas explicaciones.

La celebración de Lisci así lo demostró. Le faltó banda para celebrar el tercer y definitivo tanto. Balón de oxígeno para el italiano, al que hay que reconocerle que cada vez que tiene un encuentro clave, lo acaba sacando adelante de una manera u otra.

No fue un gran encuentro, ni falta que hizo. Osasuna fue siempre a remolque, pero ganó. Budimir puso los goles que tocaban, Víctor Muñoz puso el final y El Sadar hizo lo demás. A veces el fútbol no va de jugar mejor, sino de llegar vivo al último minuto. Y Osasuna llegó.