Osasuna ganó 1-3 en Vallecas y lo hizo a la manera más osasunista posible: sufriendo cada minuto, dejándose empatar cuando tenía el partido controlado y necesitando de una épica final para llevarse los tres puntos. Pero esta vez, a diferencia de tantas otras, el equipo tuvo personalidad cuando más falta hacía y por fin rompió esa maldición fuera de casa que empezaba a pesar como una losa.
El partido empezó bien, con Osasuna mordiendo y Budimir poniendo el 0-1. Gol de delantero clásico, de los que no salen en los highlights pero sí en las clasificaciones. El croata volvió a demostrar que cuando hay que estar, está. Sin alardes, sin florituras, metiéndola y punto.
Pero el fútbol no perdona la relajación y el Rayo Vallecano empató. Ahí se torció todo. Osasuna se diluyó, el partido se puso feo y Vallecas se convirtió en lo que siempre es: un hervidero donde todo se complica y donde llevarse algo cuesta el triple. El equipo dejó de encontrar espacios, de generar peligro, de creer. Y cuando eso pasa fuera de casa, lo normal es que acabes con un punto que sabe a poco o directamente sin nada.
Pero esta vez no. Esta vez apareció Víctor Muñoz cuando el partido rozaba el final y todo olía a empate. El centrocampista fue el mejor sobre el césped, con diferencia. No paró de correr, de aparecer, de insistir cuando otros ya habían tirado la toalla. Y en el minuto 91, cuando el partido pedía un héroe, se sacó el gol que le dio sentido a todo. Gol que rompió el empate, que liberó tensión, que puso a Osasuna donde llevaba meses sin estar: ganando fuera de casa en el tramo final.
Y por si quedaban dudas, Osambela sentenció en el descuento con el 1-3 definitivo. El canterano, que había entrado desde el banquillo, cerró un partido que se había puesto imposible. Gol que evita sustos de última hora, que permite respirar tranquilo y que confirma que esta vez sí, que Vallecas cayó.
Víctor Muñoz lo cambió todo. Fue el mejor del equipo, el que más lo intentó, el que no se escondió cuando todo se ponía cuesta arriba. Sin él, esto acaba siendo otro empate más de los que dejan mal sabor de boca. Budimir volvió a ser decisivo, Osambela demostró que tiene hambre y que puede ser importante. Y Osasuna, por fin, sumó de tres lejos de El Sadar. Lisci estuvo bien con los cambios ( Torró estaba bastante enfermo y suficiente lo que ayudó en los últimos minutos finales) y aún se guarda el debut de Moro para recibir al Villarreal. Tarde redonda y un peso importante que se queda en Vallecas, enterrado en ese terrible césped impropio de un equipo profesional (ni hablamos de Primera División).
Ahora toca confirmar. Porque ganar en Vallecas siempre está bien, pero si no viene acompañado de continuidad acaba siendo solo un espejismo. Osasuna tiene con qué competir, lo demostró cuando apretó. Solo falta que se lo crea más a menudo y que deje de regalar goles en campos donde cada error se paga caro.