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Osasuna respira al no bajar los brazos ante el Rayo Vallecano

Víctor Muñoz y Osambela, ambos en el descuento, deshacen el empate del tanto de Ciss que igualaba el primero de Budimir (1-3)

Fotos del partido Rayo Vallecano-OsasunaEFE

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Osasunavio por fin la luz fuera de casa y logró en el campo del Rayo la primera victoria como visitante en la Liga. La mejor actuación lejos de El Sadar del equipo de Lisci fue la credencial con la que se obtuvo el triunfo sobre un terreno de juego en malas condiciones, que no mejoró las intenciones de los dos equipos. Los acontecimientos le dieron la razón al entrenador rojillo que antes del partido apuntaló las reflexiones previas para lograr la victoria en el buen juego, dejando que las consecuencias del buen hacer acarrearan el premio de los puntos.

Osasuna hizo un partido completo y equilibrado ante el Rayo Vallecano porque supo adaptarse a las circunstancias del juego. Toleró la entrada en el encuentro voluntariosa y combativa del Rayo y, con el paso de los minutos, supo hacerse con el mando del juego y terminar por delante en el marcador y con un puñado de oportunidades en la estadística como para sentirse respaldado por la buena actuación coral.

En la segunda mitad, a Osasuna le llegaron los problemas porque Íñigo Pérez introdujo cambios ofensivos en el equipo que incomodaron el trabajo defensivo. El Rayo se mostró ambicioso y de la frecuencia de las apariciones por el área encontró el premio del gol. Pathé Ciss encontró el paréntesis entre los centrales de Osasuna para marcar de cabeza.

El gol del empate hizo que de nuevo el encuentro entrara en la zona de suspense. Lisci acertó con la entrada de Osambela en el centro del campo porque el poderío del chaval se notó en el eje porque Iker Muñoz, castigado con una amarilla -Pathe Ciss circulaba sin amonestación tras un hachazo a Aimar en el primer tiempo-, estaba lastrado por ello.

Osasuna puso sobre el terreno de Vallecas la receta que lleva a la victoria: ambición, orden y una condición física excelente. El Rayo se apagó después de un lanzamiento de falta de Lejeune que despejó Sergio Herrera y se hizo con el mando de la situación en los últimos veinte minutos. A Víctor le anularon un gol porque el árbitro decretó que las llaves de judo que estaban haciéndose Budimir y Lejeune en la acción previa al remate tenían al croata como ganador y debía decretar falta, pero el chaval, bien respaldado por un sólido juego de conjunto volvió a demostrar que corre y vuela y que la gasolina de rojillo le ha llegado a la sangre. En el primer minuto de la reanudación, ya como segundo delantero, se llevó el balón en el centro del campo, salvó las acometidas de varios jugadores y, metido en el área, soltó un derechazo que desvió a gol un defensa. El árbitro dio la diana al zaguero, pero los prolegómenos y el mérito fue del rojillo. El entusiasmo ardió en este Osasuna que todavía más allá en el descuento, con el Rayo volcado, encontró a Moncayola, pletórico, robando la pelota en el eje casi como jugador más adelantado, al que se unió en la estampida Osambela, que ni necesitó controlar el balón de su compañero para marcar con temple y calma.

Osasuna saltó de alegría, como lo ha hecho en la clasificación.