Braulio 2030
Las últimas seis temporadas de Osasuna en Primera División representan la etapa sostenida más sólida de su historia. La media de posiciones en LaLiga se sitúa en 9.5, igualando la mejor marca lograda en seis consecutivas que acabó en la 90/91, con Zabalza en el banquillo. Aquella serie estuvo marcada por altibajos, entre el cuarto y el decimosexto puesto, frente a la estabilidad actual alrededor del noveno lugar y con variaciones de apenas dos plazas arriba o abajo.
Una regularidad que, en el contexto actual, solo igualan los tres equipos que hoy dominan LaLiga, lo que refuerza la dimensión del logro. En este tiempo, el equipo ha competido con una regularidad alta y dos de estas campañas se cuentan entre las diez más brillantes del club.
Atribuir un éxito así a un único factor es tentador, pero el fútbol rara vez concede explicaciones tan simples. Aun así, es indiscutible que Braulio Vázquez y su equipo han sido una pieza esencial en este proceso durante todos estos años de trabajo en Osasuna. Aunque el buen momento del club no implica que no queden aspectos por optimizar, porque incluso los proyectos deportivos más sólidos admiten matices y ajustes finos.
Si yo fuera Braulio, no tocaría nada de lo construido hasta ahora, porque alterar lo que funciona puede ser más arriesgado que mantenerlo. Pero como no lo soy, sí me gustaría ver ciertos ajustes en la relación entre el primer equipo y el segundo, especialmente en lo referente a la integración de jugadores jóvenes, cuya ausencia en convocatorias recientes, pese a las bajas del primer equipo, ha vuelto a poner el foco en esta cuestión. En un club que históricamente ha mirado hacia Tajonar, sorprende la escasa presencia de canteranos en la dinámica del primer equipo, un flujo habitual en clubs comparables con Osasuna.
Cuando el proyecto es sólido y los cambios deben aplicarse con precisión, este tipo de mejoras pueden marcar la diferencia sin poner en riesgo lo que ya funciona. Y una forma sencilla de hacerlo sería, siguiendo la tendencia de los contratos actuales, incluir una cláusula de renovación automática del gallego vinculada al cumplimiento de objetivos que reflejaran esta integración de los dos primeros equipos y por tanto el fomento de la cantera. Así, llegado 2029, el club tendría la opción de activar una extensión que prolongara el proyecto hasta la cifra tan redonda como simbólica de 2030. Sería una buena señal.
*El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA.
