Pocas aficiones más fieles que la de Osasuna se pueden encontrar. Pocos aficionados como los rojillos que salieron ayer de sus trabajos, los que pudieron, o del instituto, y salieron pitando para poder animar a los suyos en el derbi frente al Athletic. Pozas, habitual lugar donde ambas aficiones se suelen reunir para la previa del encuentro era un desierto para lo que solía ser un par de horas antes del partido.
Pocas camisetas rojillas, eso sí, vaso en mano que había que calentar o enfriar más bien. Con el paso de los minutos, las zamarras de Osasuna ya iban apareciendo con más frecuencia. Una familia se sacaba la típica foto en la explanada de San Mamés poco después de las 17.00. Al lado, un grupo de jóvenes contaba que habían idos "directos desde el instituto". Apuraron la última clase un poco para llegar con cierto tiempo para poder "compadrear".
Para distinguir a los navarros era fácil. O camiseta de Osasuna o una chaquetica a la cintura pese al bochornoso día. No vaya a ser que refresque, que las APPs meteorológicas avisaban de posible tormenta y mejor prevenir que curar. Cuando ya empezó a ver algo más de ambiente se pudieron ver alguna cara conocida del universo rojillo. Fausto Tienza paseaba con su familia cerca del campo, por ejemplo. El exjugador de Osasuna milita actualmente en el Amorebieta y algún aficionado todavía le reconoció. También andaba por ahí Urko Vera o el antiguo candidato a la presidencia del club hace ya casi una década, Juan Ramón Lafón.
Aunque el centro de Bilbao no vivió el jolgorio habitual cuando el horario de estos partidos no es horripilante, sí que Pozas y alrededores tenían algo más de color. Poco después de anunciarse la alineación y mientras Areso charlaba animosamente con Barja y Raúl en el césped, los aficionados comenzaban a acercarse al campo.
Allí eran recibidos por un par de reivindicaciones laborales en la explanada de San Mamés. Todos los allí presentes se apenaban de no poder vivir un ambiente como el que se vivió en Vitoria o en Donosti hace no muchas semanas. Y más cuando el calor invitaba a la ingesta de cualquier tipo de líquido que refrescase el gaznate o cortase la sudada de turno. Con el once ya conocido, el debate en las terrazas de los bares era el que está de moda últimamente. Si Torró o Iker Muñoz en el ancla del centro del campo. Lisci se decidió por el primero y eso dio para unos cuantos debates.
Salió Sergio Herrera a calentar y casi podía saludar uno a uno a los aficionados presentes en la grada. Había poco tiempo para aprovechar la previa y había que apurarlo. Fue como una previa concentrada en una hora y poco, no quedaba otra.
Luego, en el campo, la afición de Osasuna se hizo sentir desde el minuto uno, como siempre. Unos 500 rojillos se concentraban en la zona visitante y luego otros repartidos por el campo, aunque mucho menos visibles que, por ejemplo, en Vitoria. Eso sí, en cuanto la grada tomó color, a los rojillos ya se les empezó a escuchar. Y no pararon. Ya que habían venido había que aprovechar.