Plaza del Castillo, Rincón de la Perla, 1938
EN 1938 la Guerra Civil Española entraba en una fase decisiva. El año se había iniciado con la toma de Teruel por las tropas del legítimo Gobierno de la República, pero fueron pronto desalojadas por los nacionales, que alcanzarían rápidamente el mar, aislando a Cataluña de Valencia y propiciando así el asalto final a Barcelona, tras la sangrienta Batalla del Ebro.
En Pamplona, la población veía con horror las larguísimas listas de navarros muertos que llegaban de los frentes de Teruel y del Ebro, a los que se sumaban los fusilados en las cunetas y en las tapias de los cementerios. Además, había un riesgo real de bombardeo en la ciudad. De hecho, ya habían sufrido dos ataques aéreos, los días 22 de mayo y 11 de noviembre del año anterior, que habían causado 19 muertos y bastantes heridos, así como desperfectos en lugares como el Paseo de Sarasate, donde aún hoy pueden apreciarse algunos desconchados, y en otros lugares de la ciudad. Así las cosas, las autoridades de la capital creyeron oportuno habilitar barricadas antiaéreas, ciertamente rudimentarias, en las esquinas de la plaza del Castillo, conformadas por sacos terreros que cerraban arcos y soportales.
En la imagen, un curioso triciclo de reparto se ha detenido ante la puerta del hotel La Perla, mientras que un solitario automóvil, sin duda un Ford-A del año 1927, aguarda el regreso de su dueño, que probablemente ha entrado en el Café Nuevo Torino.
HOY EN DÍA, este rincón de la plaza ha recuperado el carácter civil y cotidiano que nunca debió perder. Las bombas que cayeron en Pamplona durante la Guerra Civil fueron pocas, al fin y a la postre, y la capital recuperaría poco a poco la normalidad, si es que por normalidad puede entenderse una dictadura de 40 años. Con el tiempo, aquel Café Nuevo Torino cerró sus puertas como tal, y en su emplazamiento se abrieron dos locales, ocupados por una sucursal bancaria y por el conocido Windsor Pub.
El hotel La Perla, a la izquierda, fue primorosamente restaurado en el año 2007, llevándose a cabo una radical modernización de sus instalaciones, pero respetando sabiamente el ambiente original y atesorando los recuerdos dejados por los clientes relevantes que en él se alojaron, entre los que podemos citar a los reyes Alfonso XII y Alfonso XIII, personajes ilustres como Ernest Hemingway, Orson Welles, Charles Chaplin, el legendario Manolete y, ya muy recientemente, el mismísimo Woody Allen, sin olvidar a nuestros músicos más universales, Julián Gayarre y Pablo Sarasate.
La casa de la derecha tampoco ha sufrido demasiados cambios y, si acaso, ha sido embellecida con la galería de arquillos del primer piso, de sabor clasicista, y donde por cierto viven mis amigos María Luisa y Sixto.