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Pamplona, vidas ejemplares

Donan Pher (1924-2010): el emperador del bolígrafo

Se llamaba Fernando Velázquez, y durante 50 años fue uno de aquellos charlatanes fijos por San Fermín, a donde venía para vender... bolígrafos.

Donan Pher (1924-2010): el emperador del bolígrafo

De Melilla a Oviedo

Fernando Santos Velázquez López se consideraba asturiano, aunque había nacido en Málaga en 1924. Por razones desconocidas lo ingresaron en un colegio de huérfanos de Melilla, según él mismo confesó al periódico Navarra Hoy (16-8-1986), pero el comienzo de la Guerra Civil le obligó a abandonar los estudios con tan solo 12 años. Pasó algún tiempo en Granada, y en 1941 se trasladó a Madrid, donde residió hasta los 36 años.

En 1960 se casó con Dolores García-Lomas, y el matrimonio se instaló en Oviedo, donde desarrollaron su vida y donde tuvieron a sus dos hijas, María Esther y María Dolores. Comenzó muy pronto en la venta ambulante y, según él mismo contaba, al principio vendía plumas, aunque enseguida se pasó al bolígrafo, que definía como “todo un símbolo de la cultura”, y “el mejor amigo del ser humano, porque el perro o el caballo no se pueden llevar en el bolsillo”. Y como buen vendedor, se dotó de toda una sugerente marca comercial, Donan Pher, que no era sino el resultado de jugar con las sílabas de su nombre, Fernando, sustituyendo la “F” por una “Ph” antes incluso de que el mundialmente conocido cantante Raphael hubiera nacido.

Sobrio y original

Como vendedor ambulante no tenía la picardía ni el verbo fácil de León Salvador, el rey de los charlatanes, pero era un comercial avispado y eficaz. Detrás del mostrador se mostraba sobrio y serio, y su voz castigada le obligó muy pronto a ayudarse de un micrófono de solapa, a través del cual sonaba cascada y metálica, como si hablara a través de un tubo o una lata. Su puesto de venta era sencillo y fácil de transportar, con una mesa plegable sobre la que descansaba un tenderete artesano hecho con cuatro hierros, que él decoró con todo tipo de carteles publicitarios, como aquel donde se autoproclamaba “emperador del bolígrafo”.

El conjunto entero cabía debajo de una sombrilla de playa. Vendía sobre todo bolígrafos, que iban desde los más sencillos y baratos hasta algunos pretendidamente elegantes, aunque en los años en que yo lo conocí, a su producto inicial había añadido también rotuladores de varios colores, grapadoras, llaveros, carteras, monederos y hasta abanicos. Con todo, tal vez el mayor acierto comercial de Donan Pher fue complementar esa vis sobria con una imagen rompedora, estrafalaria. Y es que, para vender un producto tan profundamente prosaico y cotidiano como los bolígrafos, eligió la indumentaria de un cazador de elefantes.

Vestido con salacot de explorador, camisa sahariana con galones, que compraba en una tienda de efectos militares de Palencia, y pantalones cortos de safari, uno podía imaginarse al tipo remontando el río Congo en una canoa, o atravesando la jungla circunspecto, apuntando a los árboles con su rifle. Y toda vez que el chiripitifláutico Capitán-Tan de los años 70 aún no se había asomado a la tele, debemos pensar que sus fuentes iconográficas debieron ser las películas de Tarzán, como aquella “Tarzán de los monos” de 1932, protagonizada por Johnny Weissmuller y Maureen O’Sullivan, donde siempre solía aparecer alguno de esos tipos vestidos de safari.

La apariencia exótica de Donan Pher se veía acentuada por un deje extraño al hablar, que a veces parecía denotar un origen extranjero, pero que según el columnista asturiano Milio Mariño (La Voz de España, 16-9-2013), obedecía a una prótesis dental mal ejecutada. Para terminar de componer el tipo, del tenderete colgaban algunas viejas fotografías, en las que se le veía posando con leones, o con serpientes enroscadas en torno a su cuerpo. Según algunas fuentes, dichas fotos fueron obtenidas en el zoo de Madrid, aunque en alguna ocasión él mismo dijo que cuando tenía 30 años trabajó en un circo como domador de serpientes. Tanto si aquello era verdad como si constituía tan solo parte de su “discurso” comercial, lo cierto es que ese choque entre producto e imagen era, en sí mismo, suficiente para atraer la atención de los transeúntes, especialmente si te encontrabas callejeando en Pamplona por San Fermín.

Vieja foto del charlatán como domador de serpientes

Una vida dura y esforzada

Donan Pher trabajó sobre todo en Asturias, a diario en Oviedo, los lunes de mercado en Las Meanas de Avilés, en Gijón, en Pola de Siero y otros lugares, desplazándose a veces hasta Miranda de Ebro (Burgos). Y sabemos que su primera visita a Pamplona fue en 1942, con tan solo 18 años, acudiendo puntualmente a su cita con San Fermín durante 50 años, hasta su jubilación en 1992. De hecho, la primera mención al charlatán la hemos encontrado en el desaparecido diario pamplonés Arriba España (13-7-1974), en la crónica sanferminera, un tanto disparatada, escrita por un tal José Antonio Gómez Haces, del que hemos podido saber que era periodista y sacerdote del Opus Dei.

Este cronista aseguraba que Donan Pher se llamaba en realidad “Julio González, natural de Lérida”, es decir que no acertó ni con el nombre, ni con el apellido ni con su procedencia. Durante aquellos 50 años se alojó en una pensión de la calle Ansoleaga, acompañado por su mujer o por una de sus hijas, que le asistían en el negocio. Las jornadas eran eternas, de ocho de la mañana a diez de la noche, y no parece que en sus estancias pamplonesas hubiera tenido grandes sobresaltos. Eso sí, en 1985 la feria resultó ruinosa, porque sufrió un ataque de lumbago que lo retuvo en cama, y un día de fiestas de los años 70 se cansó de las impertinencias de un gamberro y se lio con él a puñetazos.

Donan aseguraba que las fiestas no eran el mejor momento para vender bolígrafos, y por eso solía prolongar sus estancias, generalmente desde el 1 de julio hasta el 31 de agosto. Colocaba su tenderete en el paseo de Sarasate, entre Correos y la puerta de la iglesia de San Nicolás, aunque en 1988, durante la alcaldía de Javier Chourraut, la polémica concejala Maribel Beriain decidió sacar a los vendedores del paseo de Sarasate, y mandó a Donan Pher a la plaza de los Ajos, en lo que la prensa calificó de manera unánime como un “destierro”. El charlatán-explorador, que padeció su exilio con resignación, recuperaría posteriormente su lugar en el paseo.

Ilustración de Kukuxumusu con Donan Pher en un balcón (2011)

Emperador entre reyes

Donan Pher vino a Pamplona con su tenderete por última vez en 1992. Aquel año su oferta-estrella fue un lote de 10 bolígrafos por 200 pesetas (1’20 €), incluyendo un boli “especial” con la inscripción “Cincuenta Aniversario de Donan Pher”, que hoy sería pieza de coleccionista. Aseguraba que su secreto para vender barato era comprar más barato aún, y manifestaba estar aquejado por “la enfermedad de vender barato”, ya que de otro modo “por este precio no debería vender ni los capuchones”.

Consciente de que aquel era el último año con “el emperador del bolígrafo”, el Ayuntamiento de Pamplona quiso homenajear a Donan, le invitaron a los toretes y hasta lanzó uno de los cohetes posteriores al txupinazo oficial. Por cierto que, según las crónicas, durante la recepción municipal el charlatán intentó vender al alcalde Alfredo Jaime su “lote especial” por 200 pesetas. Genio y figura.

Fernando Velázquez falleció en La Barganiza (Siero, Asturias) en agosto de 2010, cuando contaba 86 años. Dicen que, aunque se mantuvo fiel a sus raíces asturianas, en alguna ocasión se había planteado venir a vivir a Pamplona, y por eso su familia decidió que sus cenizas se quedaran aquí cerca, en Elcano, donde residía una hermana. En los sanfermines del año siguiente recibió varios homenajes, a los que asistió la familia, y Kukuxumusu incluyó su imagen con salacot en una de sus famosísimas camisetas.

Después de aquello las menciones a Donan Pher se van espaciando en la prensa pamplonesa, aunque hemos encontrado referencias y citas puntuales prácticamente hasta la actualidad, de la mano de Fermín Erbiti, Juan Kruz Lacasta, Txus Iribarren, Reyes Ilintxeta y otros, demostrando que la ciudad no se ha olvidado de él.

La viuda de Donan, María Dolores García-Lomas, falleció en 2023 (La Nueva España, 18-6-2023), y según rezaba la esquela el matrimonio dejó dos hijas y dos nietos, Sara y Raúl. Con Donan Pher desaparecía un charlatán eficaz y avispado, todo un “emperador” que, durante 50 años, trabajó en el paseo de Sarasate entre estatuas de reyes, aunque como acertadamente definió Ignacio Aranaz (Navarra Hoy, 17-7-1988), “su imperio cabía debajo de una sombrilla...”