El Palacio de Navarra o de Diputación
La historia del paseo de Sarasate es también la historia de los edificios que lo conforman o lo han conformado en su momento. El actual Palacio de Navarra, sede del Gobierno Foral, cierra el paseo por su extremo oriental. La historia del solar donde se ubica es rica en acontecimientos, ocupado durante siglos por monasterios, conventos y castillos
Durante el reinado de Sancho VII el Fuerte, llegaron a la Pamplona medieval los religiosos de la Orden de Predicadores Dominicos, construyendo el Monasterio de Santiago en 1218 en la entonces llamada explanada del Chapitel, aproximadamente en la zona en donde hoy se ubica el Palacio de Navarra. Aprovecharon el lugar en donde había una ermita dedicada a Santiago Apóstol, por lo que, además, los dominicos iban a utilizar el monasterio como alojamiento y refugio de peregrinos a Compostela. Como curiosidad, es en el claustro de este monasterio en donde tenemos la primera noticia documentada del juego de pelota en Navarra, cuando en 1333 se le ordena al carpintero Pedro de Olaiz arreglar el tablado del claustro en donde se jugaba a pelota.
Tras la conquista de la Alta Navarra por el ejército español en 1512, éste pronto se dio cuenta que esa zona entre los burgos de Navarrería y San Nicolás, en donde estaba el monasterio dominico, era la parte más vulnerable a la defensa de la ciudad y consideró construir allí un nuevo castillo defensivo. El papa León X les concedió licencia para la expropiación del monasterio, que destruyeron, para construir en pocos años en el lugar, el llamado castillo de Santiago. A los frailes se les dotó de dinero suficiente para construir su nuevo convento detrás de la casa de la Jurería, actual casa consistorial. El nuevo monasterio, hoy sede del departamento de Educación del Gobierno de Navarra, albergó entre 1630 y 1771 la que se puede considerar como primera universidad de la ciudad, la Universidad de Santiago, regida por los propios dominicos. En 1521 un ejército franco-navarro intentó la reconquista de la ciudad yen la defensa del recién construido Castillo de Santiago cayó herido el capitán de las tropas castellanas, Iñigo López de Loyola (Ignacio de Loyola). Paradójicamente, aún es homenajeado en la ciudad con un controvertido monumento que representa el suceso. El castillo quedó pronto obsoleto y la corona española decidió la construcción de uno mucho mayor, la Ciudadela de Pamplona. Así mismo, iba a cerrar la ciudad con una nueva y gran muralla, en sus frentes sur y oeste, así como consolidar y arreglar las de los frentes norte y este, obras que se fueron desarrollando durante los siguientes decenios.
Pocos años después, en 1604, en el solar resultante del derribo del castillo de Santiago, erigirían su convento las recién llegadas religiosas Carmelitas Descalzas. El edificio era de arquitectura austera, con sencilla fachada rematada por un frontón de sillares coronado por una cruz, triple puerta enrejada y una hornacina con la imagen de San José. Casi dos tercios del solar, situado entre la plaza del Castillo y la punta sur de la muralla, el baluarte de la Reina, lo utilizaban como huerta para su sustento, viviendo por lo demás, aisladas del mundo, dedicadas a la oración y meditación.
Confiscado el convento, en 1837, en la desamortización de Mendizábal
En 1837, en la desamortización de Mendizábal, se les confiscó el convento, que poco después fue derribado. Tuvieron que refugiarse primero en el convento de sus homónimos de la calle Descalzos y en 1900 se trasladaron al actual convento de la calle Salsipuedes. El ejército utilizó los materiales de derribo para arreglar el cercano baluarte de la Reina. El gran solar resultante, tras algunas negociaciones y permutas quedó dividido en dos partes, una para el Ayuntamiento, en donde construiría el teatro Principal y la plaza de Toros, y otra parte que utilizaría Diputación para construir su palacio. Curiosamente las tres construcciones citadas serían diseñadas por el mismo arquitecto, José de Nagusia.
La Diputación del Reino, institución existente al menos desde el siglo XV, fue creada con objeto de velar por el cumplimiento de leyes y decretos promulgadas por las Cortes Navarras, constituyendo lo que podríamos llamar el poder ejecutivo. A pesar de su importancia como institución, no contaba con una sede fija. Entre 1824 y 1846 su última sede había sido el palacio del barón de Armendaritz, en la calle San Francisco de la capital, edificio conocido entonces como Casa del Reino; después fue convento de las religiosas Salesas y hoy es sede de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona.
Como consecuencia de la aplicación de la ley incorrectamente llamada paccionada de 1841, Navarra perdió su estatus de reino independiente, sus cortes y tribunales o sus propias aduanas. Tan solo pudo mantenerse la fiscalidad y gestión de tributos a cargo de la Diputación, aunque esta quedaba supeditada a las órdenes del Gobernador Civil, nombrado desde Madrid, que ejercería como presidente de la misma. Entre los siete diputados electos se nombraba a uno como cabeza, pero siempre con el cargo de vicepresidente. El mantenimiento de su propia fiscalidad, resto de los fueros conservados, hizo que, a diferencia de otras diputaciones y tras arduas negociaciones, se pudiera añadir la palabra foral a su denominación oficial; por tanto, Diputación Foral de Navarra.
Las obras del Palacio de la Diputación: 10 años y con un coste de 3.300.000 reales
En ese contexto, en julio de 1840 la propia Diputación tomó la decisión de la construcción de su nueva sede, bajo la dirección y diseño de José de Nagusia Oñaederra. El arquitecto, nacido en Bilbo en 1800, era director de Caminos Reales del Reino de Navarra desde 1829. Entre otras obras, fue autor de los proyectos de los caminos de Iruñea a Araba y de Zubiri a Donibane Garazi por Orreaga. Las obras del Palacio de la Diputación comenzaron en enero de 1841, duraron diez años, hasta 1851,y el coste final fue de 3 300 000 reales. El edificio, de base trapezoidal, se hizo en estilo neoclásico, con su fachada principal con frontis clásico de orden dórico, dando al, todavía innominado, paseo de Sarasate actual (1). Con altura de tres plantas, la baja porticada en dos de sus lados, desde su puerta podía accederse a un patio central que permitía la entrada de carruajes, adornado de jardineras y una gran farola central de brazos múltiples. En esta planta baja se hallaban las dependencias administrativas, la imprenta y el garaje para los carruajes, y después automóviles, de la corporación. Desde su vestíbulo parten dos hermosas escaleras por las que se accede a la primera planta, en donde se encuentra la estancia, considerada como la más noble del palacio: el salón del trono.
Este fue decorado por el arquitecto riojano Maximiano Hijón en 1860 para ser utilizado y estrenado en la prevista visita de la reina española Isabel II, aunque esta visita finalmente no llegó a realizarse. Maximiano Hijón fue autor de otras obras señaladas en la ciudad, como el edificio para el Crédito Navarro, en la plaza del Castillo, que acoge el café Iruña en el bajo, o el edificio del Instituto de Enseñanza Secundaria, actual sede del INAP en la Navarrería. A destacar en la decoración de este salón del trono la presencia en la parte alta de sus paredes de los retratos de muchos de los reyes de Pamplona y Navarra. Sin embargo, resulta paradójico o cuando menos curioso, que los dos sillones o tronos que presiden la sala, tan solo puedan ser ocupados o utilizados por los reyes de España, que tienen la exclusividad para poder hacerlo, siempre bajo la atenta mirada de nuestros monarcas (2). También en la primera planta se encuentran la sala de audiencias, el comedor de gala, la capilla y el salón de sesiones de la propia diputación. Este último daba a una bonita galería acristalada, hoy desaparecida, con vistas a los hermosos jardines de la fachada sur del palacio. La estructura metálica de esta galería fue realizada por el industrial Salvador Pinaquy, recién instalado en la ciudad.
Llega el agua al Palacio de la Diputación desde el manantial de la Magdalena
Años más tarde, fueron precisamente las bombas que había montado Pinaquy para subir agua desde el manantial de la Magdalena hasta las fuentes de la ciudad durante el bloqueo del ejército carlista, las que iban a servir para una gran innovación en el palacio de Diputación. El agua que enviaban las bombas se hizo llegar hasta un depósito bajo el tejado del palacio y desde él, y simplemente por gravedad, se dotó al palacio de agua en sus lavabos, servicios y cocina. Hasta la llegada de la traída de aguas de Arteta en 1895, fue probablemente uno de los pocos edificios en la ciudad, quizás el único, que contaba con agua corriente.
Tras la finalización de las obras en 1851, el resto del solar que daba a la calle San Ignacio se cerró con una verja de forja hasta la propia basílica del santo, y se ajardinó. Dentro de estos jardines hay dos elementos a destacar: en su centro se colocó una fuente-surtidor de fundición, bastante parecida pero tan solo de dos platos o bandejas, a la que después se instalaría delante de la fachada del palacio y de la que hablamos en otra entrega de esta serie. Esta del jardín, fue comprada en 1847 en la fundición Tastet de la capital labortana de Baiona y estuvo allí hasta 1952, cuando se trasladó a la actual plaza de Merindades, en cuyo centro se encuentra todavía.
La sequoya, protagonista del jardín de la Diputación
El otro elemento emblemático de estos jardines de palacio es la conocida secuoya, el popularmente llamado pino de diputación. La secuoya (Sequoiadendron giganteum) fue traída desde California por el indiano baztanés José María Gastón y Echevertz, para ponerla en su casa palacio de Irurita. Cuando José María fue nombrado diputado en 1855, decidió trasladar su secuoya a los jardines del palacio de Diputación, y allí fue trasplantada. En septiembre de 1933 durante una tormenta veraniega, un rayo la dejó maltrecha, rompiéndole la copa, pero poco a poco fue desarrollando otra copa y hoy día luce hermosa, con sus casi 40 metros de altura y sus más de 170 de edad, constituyendo un elemento, como decíamos, emblemático para los pamploneses; en abril de 1991 fue declarada Monumento Natural (3).
En 1836, la nueva diputación se había hecho cargo de la custodia del archivo del Reino y del de la Cámara de Comptos, cuyos fondos se guardaron de forma provisional en la casa del caballero Otazu, en la calle Ansoleaga, precisamente hoy día sede de la recuperada Cámara de Comptos. A partir de 1896, aledaño al palacio y con su fachada principal dando a los jardines del mismo, se construyó el Nuevo Archivo de Navarra, con objeto de albergar y conservar toda aquella documentación. El edificio proyectado por el arquitecto Florencio Ansoleaga, es una combinación de estilo greco-romano con algunos toques modernistas, destacando en su fachada los ocho medallones, con los retratos esculpidos de sendos ilustres escritores navarros. En 2010 el archivo fue trasladado al remodelado palacio de los reyes de Navarra, en la Navarrería.
Las reformas del palacio de Diputación
La primera gran reforma del palacio de Diputación se produjo entre 1929 y 1932, cuando, con el Segundo Ensanche de la ciudad ya construido hasta la carretera de Francia, el Consistorio decidió la apertura de la avenida de Carlos III. Para ello se requería tirar el teatro Gayarre, como así se hizo. La fachada oriental del palacio, que era realmente su trasera, no guardaba el nivel arquitectónico del resto. Aprovechando la reforma, se decidió la ampliación del mismo, con una nueva construcción que diera a la recién abierta avenida y fuera acorde con el resto del edificio. El proyecto fue de los arquitectos José y Javier Yarnoz Larrosa, que poco antes habían realizado la reconstrucción del palacio de Olite. Realmente, la nueva fachada iba a competir con la considerada, hasta entonces, como principal del paseo de Sarasate, y en el tímpano de su frontis, el escultor roncalés Fructuoso Orduna realizó un gran y llamativo conjunto escultórico en relieve, con figuras alegóricas referentes a oficios varios y una matrona navarra. Justo debajo de ese tímpano, grandes letras en relieve señalan: Diputación de Navarra, curiosamente obviando la palabra Foral de su denominación oficial, que tanto había costado conseguir (4).
El escudo de Navarra sin laureada franquista ya luce en Diputación
Unos años después, en 1951, se iba a producir una nueva reforma, ahora dirigida por el arquitecto municipal Víctor Eusa, que incluyó algunos cambios de ornato en la fachada del palacio al paseo de Sarasate. En las dos hornacinas vacías en la misma se colocaron sendas esculturas en bronce de los reyes navarros Sancho III el Mayor y Sancho VII el Fuerte. En el tímpano, se sustituyó el sencillo rosetón por un conjunto escultórico en relieve formado por dos figuras masculinas que sostienen el escudo de Navarra, en este caso ornado con la llamativa Cruz Laureada de San Fernando, que Franco había concedido a Navarra, por la contribución de una significativa parte de sus habitantes al triunfo final de los sublevados en 1936. Tanto el conjunto escultórico como las figuras de los reyes fueron realizados, también, por Fructuoso Orduna (5).
Tras la nueva constitución española de 1978 y la ley de Amejoramiento del Fuero de 1982, se creó el Gobierno de Navarra, órgano ejecutivo autónomo que sustituyó a la Diputación Foral; el palacio pasó a ser su sede y su nombre se cambió a Palacio de Navarra. Dentro de las comunidades que hoy día conforman el Estado español, Navarra es la única titulada como Comunidad Foral, conservando algunos retazos de su autonomía intrínseca. En octubre de 2016, siendo presidenta del Gobierno Uxue Barcos, y cumpliendo la nueva ley de Memoria Histórica, se retiró el conjunto escultórico del tímpano del frontis del paseo de Sarasate, colocándose en su lugar un sencillo rosetón con una vidriera del actual escudo oficial de Navarra, obra del maestro vidriero olitense Alberto Chueca.
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