En pleno Segundo Ensanche, en la calle Bergamín nº 31, no se encuentra el ruido ni las colas de barra a deshora. Se encuentra algo mucho más difícil de conseguir: mesas que se conocen por el nombre, guisos que huelen a domingo, un trato familiar como el de antes y un tocino de cielo por el que la clientela se levanta a dar dos besos a la cocinera. Un sabor, encanto y cercanía que busca heredero. Los hermanos José y Tereta Castells han decidido jubilarse tras once años al frente de La Fogoneta Culibar, al que con sus productos de primerísima calidad y el cariño con el que lo cocinan han posicionado al establecimiento en el podio de TripAdvisor durante más de media década.

La historia empezó sin plan de negocio y con necesidad. “Nunca nos habíamos dedicado a la hostelería. Nos dedicábamos a otros menesteres, pero la vida nos obligó a buscar otra cosa”, cuenta José. El local llevaba tres meses cerrado por impago cuando él se asomó a la verja. El dueño apareció, les enseñó el interior y, casi sin margen para pensarlo demasiado, dijeron que sí. En junio de 2015 subieron la persiana.

“Estamos traspasando un bar muy especial y queremos que quien venga lo coja con muchas ganas de trabajar”- José Castells, propietario de La Fogoneta Culibar

Los inicios del negocio -como casi siempre- fueron “jodidos y achuchados”. Sin embargo, la sazón y la calidad de los platos de La Fogoneta comenzaron a tener renombre y el boca a boca hizo su trabajo hasta conseguir, durante los últimos seis años, la medalla de oro y de plata en TripAdvisor. Pero, ¿cómo lo han conseguido? “Dando una calidad de comida espectacular”, aclara José. El pamplonés asegura ser “buen cocinero y mal comprador, porque lo que compro vale dinero”. Pero el buen producto sin mimo y delicadeza no alcanza su esplendor. “Tratamos a la comida con muchísimo cariño. Somos muy simpáticos y empáticos con el cliente. Tereta se desvive con los niños. Es un bar muy familiar y esto no lo cuento yo. Si te molestas un poco y lees alguna entrada en el TripAdvisor lo vas a ver”, expresa José.

Un gusto por la cocina que ha permitido que su carta apenas se haya renovado desde su apertura. “No hemos cambiado una coma”, declara José. Ensaladilla rusa “para llorar”, panaché, migas, alcachofas hechas al momento y guisos de los de siempre. Y en el apartado dulce, el tocino de cielo, “el rey del mambo”, según Teresa. Platos que han afianzado una clientela fiel y segura.

“Es un poco la llamada a este bar, que viene con la clientela hecha, con llenos garantizados, con un tipo de comida que la gente ya se ha acostumbrado a ella y que le va y no le va a sentar muy bien que desaparezca”, asegura el propietario. Además, la decoración del establecimiento es otra de las grandes particularidades. Las antigüedades y reliquias que acogen el local lo transforman en un espacio acogedor que hace al cliente sentirse cómodo, como en casa. El bar, a tres plantas y con un comedor muy especial y cuidado al detalle, se ha convertido en el lugar de confianza de muchos pamploneses. “La gente junta las mesas, se llena y hay que echarlos con agua”, bromea el dueño.

Los propietarios insisten en la sencillez del traspaso a su futuro dueño. “Dejamos el bar y el que venga no tiene más que coger la llave, abrir la puerta y empezar a trabajar”, coinciden. No obstante, ambos hermanos prestan su apoyo al siguiente heredero y aseguran que si “tenemos que estar un tiempo con él enseñándole los postres, yo estoy y ella también”.

De momento no ha habido una propuesta de compra final. Pero los actuales propietarios buscan un perfil que encaje con su esencia. “Estamos buscando un PTV -de Pamplona de Toda la Vida-, quien lo sustituya y sea como nosotros”, confiesa José. Aunque tampoco descartan otras propuestas. “El dinero manda, si viene un chino que se lo quede”, dice con tono amable. Además, ambos hermanos confiesan que reconocen el valor de este negocio y que desean que quede en las mejores manos. “Estamos traspasando un bar muy especial y queremos que quien venga lo coja con muchas ganas de trabajar”, confiesa José.

Tereta, tras mucha experiencia, tan solo aconseja una cosa para que La Fogoneta continúe su reputado recorrido. ”Que sonría, empatice y que sea cercano. Y luego que tenga buenos precios y un gran producto”. Una receta secreta que combina los ingredientes perfectos para que este histórico y reconocido establecimiento continúe cocinando a fuego lento las mejores reseñas de todos los locales de hostelería de Pamplona.