“Lo ocurrido en Aranzadi evidencia la dificultad de tratar con nuevos perfiles de personas sin hogar a los que Pamplona no estaba acostumbrada"
El experto en Sociología señala que abordaje del fenómeno del sinhogarismo es complicadísimo y plantea hacerlo desde el consenso de todas las fuerzas
¿Está cambiando Pamplona con la llegada reciente de población migrante?
–Sin ninguna duda. Pamplona está cambiando, pero no solo recientemente, sino desde hace décadas viene aumentando su población por la llegada de personas migrantes desde otros lugares. Primero, hace 70 y 80 años fueron desde otros pueblos navarros a la capital, posteriormente desde otras zonas del Estado y, desde finales del siglo pasado, con la inmigración proveniente de países extranjeros. Los flujos migratorios ahora no son mayores a los que tuvimos en la primera década de este siglo.
¿Por qué se perciben diferencias tan claras entre unos barrios y otros?
–Porque la población inmigrante se instala donde hay viviendas con precios que puede asumir, que habitualmente coinciden con barrios periféricos. Eso ha sido así históricamente en todas las ciudades que ganan población con la inmigración.
¿Hasta qué punto influye la concentración de personas migrantes en unas zonas?
–Influye siempre desde el minuto 1 porque cambia la fisonomía de la sociedad: se pasa de una sociedad monocultural y homogénea, a una sociedad multicultural, más heterogénea. Esto se refleja en que personas autóctonas e inmigrantes deben adaptarse a un nuevo marco de convivencia, que siempre es preferible a la mera coexistencia.
"La población inmigrante se instala donde hay viviendas con precios que puede asumir, que habitualmente coinciden con barrios periféricos"
¿Ha sido lo ocurrido en Aranzadi un punto de inflexión para la ciudad?
–Más que un punto de inflexión (que eso solo se vería si es así con el tiempo), lo que evidencia es la dificultad de tratar con nuevos perfiles de personas sin hogar a los que Pamplona no estaba acostumbrada.
¿Qué revela ese episodio sobre la gestión institucional de la inmigración?
–No es un problema de gestión de la inmigración. A Navarra, y a Pamplona por ende, están llegando en torno a 6.000-8.000 personas más cada año y la inmensa mayoría, de manera abrumadora, no corresponde con estos perfiles de alta exclusión social. Lo que revela es un problema en gran parte residencial, de acceso a la vivienda para personas que no tienen recursos.
¿Se está dando una respuesta estructural o solo medidas de emergencia?
–Es evidente que en los últimos años, ante la aparición de estos nuevos perfiles de personas sin hogar, las administraciones están respondiendo: se han aumentado las plazas existentes en distintos recursos, se han incrementado las partidas para pernoctaciones, etc. Eso se está manteniendo en el tiempo y, por tanto, no son medidas de emergencia. Otra cosa es que el propio abordaje del fenómeno del sinhogarismo es complicadísimo, no hay recetas mágicas.
¿Es correcto centrar el foco en los jóvenes magrebíes o es una simplificación?
–No se trata de simplificar. Es un hecho que, sociodemográficamente, la mayoría de las personas que residen en la antigua ikastola Jaso y hasta esta semana en Aranzadi tienen ese perfil. Eso es un hecho constatado. Y, a la inversa, no coincide con el perfil mayoritario de la inmigración que está llegando a Navarra.
¿Qué factores explican realmente las situaciones de exclusión que vemos?
–Es una combinación de distintos factores, ya que de por sí la exclusión es multidimensional, afecta a múltiples ámbitos y se retroalimenta. Partiendo de la base de que el nivel de bienestar de Navarra atrae a población inmigrante para mejorar su calidad de vida, ahí los precios de la vivienda, las dificultades idiomáticas, la falta de ingresos y la carencia de redes de apoyo son un cóctel que dificulta mucho un proceso de acogida con éxito. Y para quien está fuera del sistema o en sus márgenes, pues tiene más probabilidades de padecer graves problemas de exclusión.
¿Está fallando la integración o simplemente no se está produciendo al ritmo necesario?
–No podemos decir que falle la integración por estas situaciones tan concretas. Es todo mucho más complicado. La población inmigrante tiene, en general, tasas de pobreza mucho más elevadas que la población autóctona y eso es verdad que condiciona cualquier proceso de inserción social. La teoría clásica de la integración en las sociedades occidentales señalaba que el paso del tiempo derivaba en una plena integración en la sociedad de acogida pero, desgraciadamente, la evidencia es que no siempre es así, y que esto depende de otros factores.
"Los precios de la vivienda, las dificultades idiomáticas, la falta de ingresos y la carencia de redes de apoyo son un cóctel que dificulta mucho un proceso de acogida con éxito"
¿Como influyen la vivienda, el empleo y la situación administrativa en la integración?
–Son fundamentales, absolutamente fundamentales, pero no solo para las personas inmigrantes, sino para cualquier persona. Si la integración social es estar incluido socialmente, esto le ocurre en primer lugar para cualquier persona residente en una sociedad, que debe tener unos mínimos para no tener luego otro tipo de problemas. Pero eso también tiene que ver con otros factores clave como las redes de apoyo que tenemos, con nuestro estado de salud, etc. Ahora bien, lo cierto es que para las personas extranjeras de fuera de la UE la situación administrativa, los papeles, son un condicionante muy relevante para poder tener un nivel mínimo de bienestar.
¿Hasta qué punto la percepción de inseguridad responde a hechos reales o a dinámicas sociales más complejas?
–La percepción, como tal, es una valoración subjetiva sobre una cuestión X. Es por tanto algo complejo, ya que parte por ejemplo del énfasis que se pueda hacer (u obviar) desde los mismos medios de comunicación sobre unos hechos. Conformamos nuestra opinión por lo que vemos y escuchamos, pero si se nos pregunta sobre si nos afecta personalmente un problema, entonces esa opinión quizás sea diferente.
¿Puede la exclusión acabar generando los problemas que luego se atribuyen a la inmigración?
–Es que ocurre más bien al contrario. Quien atribuye problemas, como tal, a la inmigración, lo hace elevando a categoría lo que muchas veces son anécdotas particulares, generalizando a toda la población inmigrante cuando ésta es muy distinta, muy heterogénea. La inmigración tiene muchísimas ventajas para una sociedad como la navarra. La exclusión social es diferente, es una lacra contra la que Navarra lleva décadas luchando, con políticas que son vanguardia a nivel estatal y europeo. No la debemos confundir con la inmigración, son temas distintos; otra cosa es que, dentro de las personas con graves problemas económicos, por ejemplo, una gran parte sean inmigrantes.
¿Qué riesgos afronta Pamplona si no se actúa a tiempo?
–Si nos referimos a la instalación de personas en infraviviendas, como el edificio de la Jaso o en Aranzadi, pues los riesgos son para esas mismas personas, primero, y para una adecuada cohesión social, en segundo lugar.
¿Qué tipo de políticas serían necesarias para evitar una cronificación del problema?
–No hay una receta mágica, pero un buen punto de partida es lo más difícil: que haya un consenso entre partidos políticos a la hora de adoptar esas medidas y que esto no sea un arma arrojadiza.
¿Es posible una mejor distribución territorial de la población migrante en la ciudad?
–Hace ya un siglo que la Escuela de Chicago investigó cómo la población inmigrante se instalaba en los barrios periféricos de Chicago, como ejemplo de lo que pasaba en otras ciudades de Estados Unidos. Desde esos estudios, que son clásicos de la sociología urbana, se ha evidenciado que el mercado de vivienda es el que condiciona la residencia en unos barrios o en otros. No, las administraciones no tienen instrumentos para redistribuir de modo general a la población en una ciudad. Otra cosa es que haya políticas de regeneración urbana que beneficien a los residentes de esos barrios, eso también se ha dado, pero quizás sea menos habitual que otros fenómenos menos deseables.
"Siempre, siempre, siempre, la inmigración es positiva para una sociedad, sea la que sea. Si Navarra y Pamplona están creciendo en población y económicamente es por el aporte de las personas inmigrantes, de eso no hay ninguna duda"
¿Qué papel pueden jugar los propios barrios en los procesos de integración?
–Son fundamentales, ya que en los barrios y en los pueblos es donde vivimos, donde nos interrelacionamos o donde nos evitamos, donde jugamos o donde no nos cruzamos miradas.
¿Cómo debería evolucionar el discurso público para no alimentar tensiones?
–Bueno, en tiempos precisamente donde hay partidos y plataformas sociales que inciden en la diferencia, en el menosprecio o el odio al diferente, una clave puede ser la empatía. Ponerse en el lugar del otro, pensar en que muchas personas de nuestros ancestros también han tenido experiencias migratorias y cómo lo vivieron. En cuanto a los medios de comunicación, hay una responsabilidad muy evidente en alimentar tensiones o en aminorarlas.
¿Puede la inmigración convertirse en una oportunidad real para Pamplona?
–Siempre, siempre, siempre, la inmigración es positiva para una sociedad, sea la que sea. Si Navarra y Pamplona están creciendo en población y económicamente es por el aporte de las personas inmigrantes, de eso no hay ninguna duda.
¿Qué condiciones son necesarias para que eso ocurra?
–Es que ya está ocurriendo, ya se dan las condiciones para que la inmigración sea una oportunidad. Si no fuera por la inmigración Navarra estaría perdiendo población desde comienzos de esta década, y Pamplona parecido. Y eso es solo la punta del iceberg, de todo lo que aporta la inmigración a muchísimos niveles. l