Los Caídos (bis)
Ahora es el momento de informarse de manera cabal del alcance de los proyectos seleccionados
El proceloso e inacabable asunto de la resignificación de los Caídos ha entrado en una nueva fase que puede ser la definitiva, si se cumple lo ofertado y se tienen en cuenta y valoran las opiniones y sugerencias que deje la ciudadanía pamplonesa interesada, en el canal ya previsto para ese cometido.
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Cualquier cosa menos el derribo que no se contempla ni de lejos. Ahora es el momento de informarse de manera cabal del alcance de los proyectos seleccionados, pues estos van a ser expuestos públicamente en los Caídos para examen de los ciudadanos y posible base de sus comentarios y sugerencias, así como para alentar sin duda vocaciones de arquitectos de barbecho con imaginativas ideas, como por ejemplo la de encargar la reconversión de la cúpula de Stolz a Ernesto Murillo, Simonides o a José Ramon Urtasun. Como digo, el derribo solicitado en público y en privado, en tenidas de conjurados, por un número nada desdeñable de ciudadanos no se contempla ni de lejos, ni en los proyectos, ni en la municipalidad. ¿Alguien ha pensado que los que se oponen al derribo pueden ser mayoría y tener tanto derecho a ser escuchados como los partidarios del derribo y el borrón y cuenta vieja?
Así que las sugerencias están algo limitadas a origen y no creo que el derribo esté entre las que vaya a examinar el grupo de expertos municipales con las que dejen los pamploneses, como no sea para desecharla. Desde que empezó este tira y afloja la idea de los poderes públicos ha sido más conservacionista que otra cosa. No soy vidente ni adivino del porvenir (¿o sí?), y no sé lo que van a decir mis conciudadanos ni qué harán, con lo que ellos digan, los expertos. Pero sospecho que serán comentarios y sugerencias encontrados y volverá el punto muerto; sospecho, digo, en la medida en que la resignificación ha sido de ideas encontradas desde el principio.
