Serapio Esparza San Julián, el arquitecto que diseñó los planos del Segundo Ensanche
El ascenso meteórico de un arquitecto brillante, cuya trayectoria fue truncada en 1936 debido a su militancia nacionalista
Serapio Vicente Esparza San Julián nació en Pamplona, fruto del matrimonio entre Venancio Javier Esparza Lecumberri y Eulogia Leonor San Julián Irure. Tanto sus progenitores como los cuatro abuelos eran de Pamplona, con antepasados en Lumbier, Auritz-Burguete y en la propia Iruñea. Nació un 15 de noviembre, día de San Alberto, pero por alguna razón que se nos escapa recibió el nombre de Serapio, cuya festividad se celebra justamente el día anterior. Tuvo una hermana, llamada María, que profesó como monja en 1912.
Serapio fue un estudiante brillante. Realizó el Bachillerato en el colegio de los Jesuitas de Tudela, que solía publicar las notas de sus mejores estudiantes en un periódico local, “La Tradición Navarra”. Gracias a ello sabemos que entre 1895 y 1897 obtuvo sobresalientes, menciones y premios en asignaturas como Latín, Psicología, Francés, Matemáticas, Física, Geometría, Trigonometría, Lógica o Historia Natural. Obtuvo su título de Bachiller en 1898, y acto seguido lo encontramos entre los mozos que se sortean para el Servicio Militar (La Tradición Navarra, 14-2-1899). Tras este lapso, se desplaza a estudiar a la Escuela Superior de Arquitectura de Madrid, obteniendo el título de arquitecto en diciembre de 1907. El 25 de septiembre de 1911 se casa en la catedral con una moza pamplonesa llamada María Norberta San Julián Olaso, prima carnal suya, con la cual tendrá 4 hijos, Mirentxu, Carmentxu, Javier y Juan Miguel. Hemos podido saber que tuvo 2 hijas más, fallecidas siendo aún niñas: María Camino, nacida en 1915 y fallecida a los 5 meses, y María Luisa, nacida en 1919 y muerta a los 8 años.
Arquitecto prometedor
La lista de las obras proyectadas por el joven arquitecto arrancó con fuerza. Su primer trabajo fue el frontón Euskal Jai (1909), una joya de estética modernista, lamentablemente derribada durante la alcaldía de Yolanda Barcina. Y el mismo año estaba trabajando en la construcción de la Fábrica de Abonos Químicos, para 145 trabajadores, situada en el barrio pamplonés de Unzu Txiki. En estas dos primeras obras parece que fue fundamental el impulso de su tío y futuro suegro, el industrial pamplonés Juan San Julián Irure. Al año siguiente construye las escuelas de Lizaso, y en 1913 las de Aurizberri-Espinal. Mientras tanto, en 1911 fue nombrado arquitecto auxiliar de Diputación, y cuatro años después, ante la jubilación de Julián Arteaga, solicita el puesto de arquitecto municipal de Pamplona, que conseguirá el 15 de abril de 1915. Recibió 12 de los 14 votos de los concejales, venciendo al otro candidato, Matías Colmenares Errea, el arquitecto estellés que fuera jugador del F.C. Barcelona y político derechista, asesinado en 1937.
Los primeros años de su andadura como arquitecto municipal estarán ocupados por el diseño del Segundo Ensanche de Pamplona, que llevará a cabo siguiendo las trazas del modelo barcelonés, ejecutado por Ildefonso Cerdá algunos años antes. En julio de 1915 participa en los actos de derribo de las murallas de Pamplona (La Tradición Navarra, 27-7-1915), y en junio de 1917 se anunciaba la aprobación inmediata de los planos (Diario de Navarra, 11 de mayo y 26 de junio). Otras obras de Serapio Esparza realizadas en este periodo son los evacuatorios subterráneos del paseo de Sarasate (1920), el monolito de homenaje a los últimos defensores del castillo de Amaiur (1922), los Salesianos (1924), las Josefinas en la Magdalena (1926), los altares de San José y San Antonio en la iglesia de San Lorenzo (1927), la iglesia de los Redentoristas (1927), el frontón de Doneztebe (1930), las escuelas de Grocin (1933) y el Gobierno Civil de Pamplona (1936). La Guerra Civil cortará en seco esta trayectoria, como enseguida veremos, aunque años después llegaría a construir el noviciado de las Siervas de María en Burlada (1942) y ya en los años 50 trabajó en el remate de los edificios de la actual plaza de la Libertad.
Trayectoria truncada
Pero para entender el corte brusco en su trayectoria profesional hay que saber que Esparza fue un activo nacionalista. En sus años jóvenes había militado en la derecha, y así, cuando cuenta 26 años, la prensa de la época lo menciona como “joven integrista” (La Tradición Navarra, 18-12-1906). Poco tiempo después, no obstante, participa en los batzarres de la asociación “Euskal Esnalea”, impulsada por Arturo Campión, en Auza (1908) y Lekunberri (1910). Paralelamente, entra el la Junta del recién creado “Centro Vasco” de Iruñea, con otros destacados nacionalistas, y en las elecciones municipales del 12 de noviembre de 1911 figura en la primera candidatura nacionalista presentada en Pamplona, con buenos resultados. Estos años toma parte en homenajes realizados a personajes del mundo vasquista pamplonés como el pintor Javier Ciga, el director del Orfeón Remigio Múgica y Arturo Campión. También lo vemos integrado en la Comisión de Monumentos de Navarra, presidida por Campión, en la Junta de Osasuna y en la vicepresidencia del Casino Eslava. Y en las elecciones a Cortes de 1933 vuelve a presentarse como nº 4 de la lista del PNV, encabezada por Manuel Irujo. Obtuvo 13.436 votos, aunque no consiguió escaño.
Es en este contexto en el que se produce el golpe de estado de 1936, tras el que fue fulminantemente destituido como arquitecto municipal. Hemos podido localizar el informe elaborado por el Ayuntamiento para la ocasión, y que lo define como “destacado separatista” y “fomentador del separatismo en Navarra”, colocando su vida en evidente riesgo. Muy probablemente lo que le salvó en aquel difícil momento fue su activa vida religiosa, pues había sido secretario de la Junta del Patronato del Niño Jesús (1910), vocal de la Junta Diocesana de Acción Católica (1930) y subprior de la Hermandad de la Pasión del Señor (1933). Junto a estos “atenuantes”, tuvo que pesar también el aparente cambio de actitud de la familia, que sin duda intentaba capear el temporal de manera desesperada. El 20 de agosto de 1936 figura entre quienes realizan donativos para el ejército sublevado, y al mes siguiente cede su casa “Olasorena” de Doneztebe, con 20 camas, como hospital de sangre. Estamos persuadidos de que la mera relevancia social no fue suficiente para salvar la vida de militantes de izquierdas y nacionalistas en los primeros meses del golpe. Casos como los de Ramón Bengaray o Natalio Cayuela son muy elocuentes. Así las cosas, debemos insistir en que debió pesar mucho más la visibilidad que Serapio tenía en la vida religiosa de la ciudad, así como las desesperadas acciones con las que intentaba contemporizar con el nuevo régimen.
Últimos años
Tras unos años de ostracismo evidente, la figura de Serapio Esparza parece ser poco a poco aceptada por las autoridades franquistas, aunque nunca recobró su antiguo brillo. En 1948 nos lo encontramos como vocal de la Corte de Honor de Santa María, junto a personajes como Víctor Eusa, Raimundo García “Garcilaso”, José Esteban Uranga, Rafael Aizpún Tuero o Ignacio Baleztena. No podemos evitar pensar en los sentimientos que asaltarían a Esparza al compartir mesa con algunos de los más conspicuos golpistas del 36, aquellos que hubieran podido enviarlo fácilmente al paredón pocos años antes.
Probablemente la última salida a prensa del arquitecto se corresponda con la celebración de las bodas de oro de su matrimonio con María San Julián, el 26 de julio de 1961. En la fotografía que ilustra la noticia se ve ya a un avejentado Serapio, rodeado de su numerosa familia. El 18 de marzo de 1964 se decía en prensa que se encontraba enfermo, y en julio de 1965 su salud le impedía asistir a la celebración del 50 aniversario del derribo de la primera piedra de las murallas. Falleció el 13 de febrero de 1969, a los 88 años, y su compañera María le siguió poco después, el 2 de mayo. Antes, el 18 de febrero, el pleno del Ayuntamiento de Pamplona acordaba otorgar una pensión vitalicia a la viuda. Como intentando saldar antiguas ofensas...
