Salvo el inicio, la final fue más o menos como esperábamos. Nadie piensa que puede empezar perdiendo 7-0, pero Juan no se marchó nunca del partido y supo darle la vuelta al marcador, sobre todo porque en la segunda parte restó algo mejor. Ahí estuvo la clave. Juan siempre estuvo metido en el partido. Arriesgó lo que tuvo que arriesgar, ni más ni menos, eligió las pelotas con las que podía hacer más daño a su rival y logró un triunfo meritorio.

Hay que resaltar su capacidad psicológica porque, después del 7-0, lo fácil habría sido desconectar y arriesgar más de la cuenta. Pero Juan se percató de que los siete primeros tantos que encajó llegaron por méritos de su rival, ya que Barriola estuvo muy acertado con el saque.

En la recta final, el fallo que tuvo Juan tan cerca del frontis fue producto de un extraño que le hizo la pelota, pero son cosas que pasan. Por lo menos, no le trajo demasiados problemas y pudo ganar. Barriola jugó como teníamos pensado, pero Juan también. Tal y como estaban ambos, fue un partido de lo más normal.

Resulta difícil ganarle a Juan, como ha quedado demostrado en este campeonato, pero a Juan también le cuesta ganar. Es superior a los demás, pero sólo cuando hace bien las cosas.