"Tengo 60 años pero sin mi libertad no soy nadie y sin mi tierra no tengo nada"
el pueblo saharaui quiere la paz pero no aceptará la bandera marroquí Expectación ante la reunión que tendrá lugar este mes de diciembre en Nueva York
tindouf. Lo dice con una mirada que desafía al mundo, donde no hay resquicio para la duda ni para el disimulo, ni para la corrección. Sin su libertad, admite Mohamed Ladilla, no es nadie, y "sin mi tierra no tengo nada; el dinero al fin y al cabo no es riqueza si te falta dignidad....". En realidad el Polisario ya ha avisado que está preparado para la guerra aunque no la quieran. En los campamentos de refugiados de Tinduf, donde malviven más de 160.000 saharauis en el exilio argelino desde 1975, se respira una calma tensa tras la operación militar del pasado mes de noviembre contra el campamento de Gadaym Izik, en el Aaiun ocupado. Tras la salida del Estado español el Marruecos ha explotado durante más de 30 años la zona más fértil del Sahara Occidental y ha erigido un muro de 2.500 kilómetros de largo que no han acabado con la paciencia de este pueblo. Quizás hasta ahora... Quizá porque las mujeres que vieron morir a sus maridos se muestran dispuestas a sacrificar ahora a sus hijos "por el destino de este pueblo", admite la ministra de Cultura de la RASD Khakija Hamudi. Hay mujeres en los campamentos que tienen hasta cuatro hijos mártires de la guerra. "No hay una sola familia sin mártir", indica. "Todos, Polisario, jóvenes y la sociedad en general ve que es la solución más adecuada si tras lo ocurrido en el Aaiun no hay una intervención lógica de la comunidad internacional y el respeto del Gobierno español a lo que quieren sus ciudadanos". También el ministro de Cooperación ve la guerra como una "posibilidad real". "Hemos estado atrincharados hasta agotar las vías del diálogo pero si no se abre otra puerta, no habrá otra salida", refrenda. Niños, abuelos, jóvenes expresan en cada rincón de adobe y arena de los campamentos de refugiados y en su lengua (hassanía) su desprecio hacia el gobierno represor, mientras las mujeres cantan victoria con el clásico grito de alegría, por cierto muy similar al irrintzi vasco. Si hay algo en lo que coinciden tres generaciones de saharauis es en su confianza en sus propia capacidad para volver a la lucha porque, además, siempre tienen "efectivos suficientes" para combatir y "liberar" los territorios ocupados. Y en que en las equivalencias que establecen en esta guerra fría los números no cuentan. "Un saharaui vale por cien marroquíes", sentencia Ahmed Salama, delegado saharaui en Navarra. Uno trata de establecer alguna lógica en esta máxima pensando que sus fuerzas no pueden medirse contra las de un país capaz de suscitar apoyos necesarios como para justificar, indemne ante la comunidad internacional, su puño de acero. O se pierde pensando en qué ocurriría si su fuerte, la guerrilla de los setenta, su guerra de desgaste, se mide ante las nuevas guerras tecnológicas...
ni paz ni guerra Nadie pierde el norte, o mejor dicho, el Este, ni los que vieron la tierra prometida antes de 1976 ni los que llevan 35 años en el desierto, tampoco los que han viajado por el resto del mundo, estudiando o trabajando, pero que están dispuestos a regresar a la tierra prometida. Protegidos por ese espíritu de beréberes nómadas. Ahmed asegura que un saharaui no se compra nunca. Es "libre". Y que tanto para ellos como para el enemigo resulta muy difícil mantener una situación como la actual de "ni paz ni guerra". "Marruecos pierde muchísimo dinero cada año en el frente, manteniendo el muro", indica. Por otro lado, el alto el fuego ha servido a nuestro Ejército para prepararse más y mejor, indica. "No tenemos nada que perder, aunque nosotros queremos la paz; somos un pueblo de paz", apostilla. Para sentar unas bases de paz duraderas aceptan son los criterios del Plan de Paz de Naciones Unidas que establecen los criterios para la identificación de los votantes potenciales. Un referéndum que debía haberse celebrado en enero de 1992 tras la declaración del alto el fuego y el despliegue de la MINURSO en septiembre de 1991. Hoy, la soberanía marroquí no es reconocida ni por Naciones Unidas, recuerdan. El Polisario sigue criticando la pasividad de Naciones Unidas no sólo ante la ocupación sino ante la reciente vulneración de derechos humanos en el Sahara ocupado. Recuerdan que el Congreso español terminó condenando el ataque contra los saharauis. Y que el Estado español sigue siendo la potencia administradora del Sahara Occidental, colonia española hasta 1975, cuando Marruecos lo invadió, apunta Salek Baba. En este delicado momento todos los ojos están expectantes en Nueva York donde Marruecos y el Polisario celebrarán del 16 al 18 de diciembre una nueva ronda de reuniones informales auspiciadas por Naciones Unidas para tratar de reanudar el estancado diálogo. Será, dicen, la última oportunidad.
Más en Política
-
La historia detrás de la gorra viral con la que Pedro Sánchez desafía a Trump
-
El Gobierno español indultará a 'Las seis de la Suiza', las sindicalistas condenadas a prisión en Asturias
-
Mazón solicita personarse en la causa sobre la gestión de la dana
-
EH Bildu avisa que la Ley Foral de Salud aún "no está acordada"