Más allá del extranjero
En los años sesenta del siglo pasado, a una madre de un misionero de mi pueblo le preguntaron que a qué país había sido destinado su hijo. La respuesta fue contundente: "No sé, más allá del extranjero". Hoy, ese país tan lejano lo tenemos muy próximo, cosas de la globalización.
En uno de los Foros Sociales Mundiales a los que acudí hace ya un tiempo aprendí el concepto de globalización económica. Era aquel sistema por el cual te puedes quedar sin trabajo, sin vivienda... por causas que ocurren a miles dekilómetros de tu hogar y que tú no acabas de comprender. Una vez aprendido el concepto, lo intuí cuando cerraron alguna factoría próxima para trasladarla a otros países con menores garantías sociales. Lo noté cuando, en mi sucursal, me ofrecieron un Fondo de Inversión referenciado al mercado de precios agrícolas; de tal modo que mi rentabilidad dependía de la subida del arroz que, a su vez, provoca hambrunas. Y ahora, en medio de la tormenta financiera que se ceba en Europa he comprendido el alcance real del mismo. Las turbulencias financieras que están afectando la zona periférica de los países del euro, no son, ni más ni menos, que ataques de tiburones financieros que huelen la sangre de economías debilitadas. Quieren cobrar la pieza con el fin de que su dinero tenga más rentabilidad. La consecuencia de su éxito es la pobreza para muchas miles de personas y el desmantelamiento del modelo europeo de Bienestar Social. Eso sí, lo hacen asépticamente, desde los ordenadores de sus despachos. Legalmente, avalados por el actual sistema financiero.
Son técnicas financieras al servicio de mal, valga la expresión. Diferentes Fondos de Inversión se coordinan con el fin de establecer un objetivo a batir. Efectúan una serie de operaciones financieras con el objetivo de tirar la Deuda Pública del país. Lo que provoca que ese país deba subir el interés de sus bonos por tener mayor riesgo. Esas operaciones financieras para romper la confianza en un país se efectúan con un importante apalancamiento; es decir con poco dinero suyo y mucho prestado. Les prestan muchos de esos bancos a los que se les ha salvado con dinero público.
En todo este entramado, la economía real tiene poca base. Estamos básicamente en una economía de casino; donde no importa lo que socialmente produzcas, vendas o prestes servicio, sino el juego especulativo. Cierto es que atacan a las economías más debilitadas; en el caso español por nuestra deuda inmobilliaria y por nuestra escasa competitividad y productividad. Los ataques especulativos hacia la deuda soberana de determinados países europeos me recuerdan a la famosa frase de Bertolt Brecht. Primero, fueron a por Grecia y no dije nada; después a por Irlanda y me callé; a por Portugal y no hice nada; después tocó a Europa y fue demasiado tarde. Por ello, se hace preciso que el Banco Central Europeo proteja a las Deudas Públicas de los países miembros de un subasteo salvaje; asegurando un precio mínimo de venta, mediante la opción de compra por parte del BCE. También es preciso que las ayudas públicas financieras a otros países supongan responsabilidades para los acreedores, principalmente los bancos; garantizando el dinero del ahorrador. De otro modo, muchos especuladores arriesgan con red puesta por los poderes públicos. Algo se ha avanzado en estos días, pero insuficiente. Y digo que no es suficiente porque el ataque especulativo es de envergadura: a Europa y su modelo social. Una Europa dividida y débil. Por ello, política, política, política.
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