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Javier Gil GuerreroAutor de ‘La sombra del Ayatolá’, sobre la historia reciente de Irán

“Las monarquías árabes del Golfo temen un ataque a Irán y prefieren un régimen débil y que se limite a sobrevivir”

El mundo observa las protestas en Irán y a la represión del régimen iraní, y se pregunta por el desenlace. Este profesor en relaciones internacionales aporta claves

“Las monarquías árabes del Golfo temen un ataque a Irán y prefieren un régimen débil y que se limite a sobrevivir”(c) Manuel Castells/Universidad de Navarra

Javier Gil (San Sebastián-Donostia, 1987), profesor e investigador de la UNAV, publicó en 2025La sombra del Ayatolá. Una historia de la República islámica de Irán (Ciudadela). Estos días es un hombre reclamado por los medios de comunicación en busca de claves de lo que sucede en ese país.

¿Por qué su interés por Irán?

–Estuve investigando sobre temas relacionados con la política exterior de EEUU en Oriente Medio en la tesis doctoral. En 1979 todo cambió allí. Antes no hubo ni un soldado estadounidense que perdiese su vida en combate en esa zona. A partir de 1979 hasta hoy la práctica totalidad de las muertes en combate que han sufrido han tenido lugar allí con algunas excepciones. En 1979 se produjo la revolución islámica de Irán, que pasó de una monarquía estrechamente aliada de EEUU a ser el mayor enemigo de los estadounidenses en la región. Desde el punto de vista occidental siempre asumimos que la historia es en el fondo la del progreso, una marcha constante e imparable hacia la emancipación de la humanidad.

Y eso que en los últimos años hemos tenido unos cuantos desengaños.

–Sí, pero siempre pensamos que todas las revoluciones y grandes acontecimientos históricos son para una sociedad cada vez más secularizada donde la religión y la tiranía son cada vez más arrinconadas. En Irán en 1979 se dio una auténtica revolución, pero desde el punto de vista occidental reaccionaria, hacia atrás. Derrocó a una monarquía, pero fue profundamente contraria al espíritu de la Revolución Francesa o la Revolución Rusa, y volvió a poner a la religión en el centro de la sociedad dando a los clérigos el poder político, social y económico, y una involución de todas las libertades civiles de las que gozaban los ciudadanos y especialmente en relación a los derechos de las mujeres.

¿Y ahora, en qué punto estamos?

–Lo que vemos se enmarca en un ciclo creciente de protestas desde finales de 2017. Es el último episodio de contestación social. No una explosión de ira ciudadana repentina, sino algo que lleva ocurriendo cada dos o tres años. Hay problemas latentes de fondo que el régimen iraní no es capaz o no tiene voluntad de solucionar. Por eso, por mucho que sofoquen y repriman las protestas brutalmente, al no solucionar las raíces de ese hartazgo es inevitable que este se reproduzca.

A eso se añade el factor Trump, omnipresente, que se arroga un protagonismo en este sentido.

–Es imprevisible, los iranís que luchan contra el régimen y se manifiestan por las calles en el fondo tienen la esperanza de que quien dé la puntilla al régimen sea EEUU a través de una intervención. Pero Trump es bastante imprevisible, mostró su disposición de hacerlo para proteger a los manifestantes, pero el miércoles afirmó que Irán le había garantizado que ya no estaban matando manifestantes, que no iban a ejecutarlos, y dio a entender que con eso se daba por satisfecho. Con lo cual, fue un jarro de agua fría tremendo para los manifestantes y opositores iranís.

“Por mucho que repriman las protestas brutalmente, al no solucionar las raíces del hartazgo es inevitable que este se reproduzca”

Albares no cree que una intervención de EEUU generase estabilidad. Puede provocar nuevos problemas.

–Una intervención militar simbólica no garantizaría la caída del régimen, pero si es como lo que intentó hacer Israel en la guerra de junio de 2025, un descabezamiento de la cúpula dirigente iraní, sí podría llevar a un colapso del sistema y a un cambio de régimen. Irán no es Irak, pero tampoco es Venezuela. Tiene tensiones separatistas en todas las fronteras, los kurdos, los árabes, los baluchíes, los azeríes... y en un momento de caos o de transición de régimen podría avivarse esa inestabilidad, como en el pasado. 

Y estarían otros efectos colaterales en el tablero de la zona.

–Parece que las monarquías árabes del Golfo, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Kuwait, y Catar han presionado muchísimo a Trump para que no lleve a cabo esa intervención militar, porque temen el día después, la reacción de Irán, una guerra en Oriente Medio y el caos y anarquía que pueda tener lugar con la caída del régimen iraní. Prefieren un Irán con un régimen que no les gusta, pero debilitado y que se limite a sobrevivir, como ahora. Estas monarquías temen las repercusiones de un ataque si es exitoso como si no.

¿No apuestan por una vuelta de la monarquía a Irán?

–Creo que les interesa un Irán empobrecido y controlado y no les entusiasma la idea, con el sha de vuelta, de que Irán vuelva a estar abierto al mundo y con una relación estrecha con EEUU y Europa. La vuelta de un país fuerte, ambicioso y competidor les resultaría una amenaza.

Cuenta el contraste entre el exilio del sha en 1979 y la llegada de Jomeini. Parecía un mundo comunicativamente menos interconectado.

–Pero creo que ya había una gran conciencia de que lo que ocurría en Oriente Medio nos afectaba de lleno. Fue un shock tremendo darnos cuenta de nuestra dependencia del petróleo de allí. Hubo bastante ingenuidad con Jomeini, una figura bastante desconocida a la que muchos vieron como una especie de Gandhi islámico. 

Jomeini estuvo exiliado en París.

–Un tiempo muy corto. De Irak le acabaron expulsando a finales del 78 y estuvo en París hasta febrero del 79 cuando regresó a Irán. En ese tiempo no salió de casa, jamás paseó por las calles de París ni fue a visitar a nadie. Fue una vida monacal en una casa en las afueras. Como si no hubiera estado; lo que sí le vino bien es difundir el mensaje a los periodistas occidentales. Y eso magnificó muchísimo su mensaje y su popularidad.

Usted habla de “una república con una mala salud de hierro”.

–De crisis en crisis hasta la supervivencia final, sí.

Para desgracia de la población sobre todo en derechos humanos.

–Me gusta comparar, salvando las distancias, la España franquista de finales de los sesenta y principios de los setenta. Una dictadura con la oposición en el exilio o muy débil, pero la sociedad había cambiado por completo, y no tenía nada que ver con la de los cuarenta, y el ideario del régimen nacionalcatólico, falangista, carlista, estaba totalmente agotado. Pero sobrevivía porque tenía la fuerza y el poder, y en Irán pasa lo mismo. El régimen sigue anquilosado en unos paradigmas de la Guerra Fría. y la sociedad es joven, con una mentalidad y una actitud totalmente distintas. Impera la represión y la fuerza bruta, que sostiene cada vez más el régimen. Una situación cada vez más insostenible, sobre todo con la mala situación económica del país. Si al menos ofreciera un mayor bienestar a la población podría por así decirlo comprar la voluntad de la gente, como hace China, donde hay una dictadura absoluta, pero cada año crece la riqueza. En Irán ni siquiera eso. La República islámica prefiere crear una sociedad clientelar que con una clase media fuerte, más difícil de controlar.

“En 1979 hubo bastante ingenuidad con Jomeini, una figura desconocida a la que muchos vieron como una especie de Gandhi islámico”

¿El islamismo radical mira a Irán?

–Sí y no. El islamismo en general, con la salvedad del éxito que ha obtenido en Siria derrocando a Bashar al-Assad, más los talibanes en Afganistán, en estos momentos no se ve una gran pujanza en otros países. No hay que olvidar que Irán es un país chiita y la mayoría de estos movimientos son sunitas. Sí que puede haber un eco, pero estamos hablando de una sociedad muy particular, y eso establece una barrera entre ellos y sus vecinos.

¿Cómo investiga sobre un país como este?

–Mi especialidad es Estados Unidos en Oriente Medio. Viajo mucho a EEUU, también he estado en Irán y en países de la región. En Irán es prácticamente imposible hacer nada, porque el régimen no está interesado en que nadie saque los trapos sucios.

¿No tuvo miedo allí?

–Fui tras terminar la tesis, y en aquel momento no tenía nada publicado, ni un perfil nada significativo. Luego es verdad que he publicado un libro allí, traducido al persa. Pero la gente tiene mucho miedo de hablar. Y la que investiga lo hace sobre todo en el extranjero, donde hay muchos archivos de la monarquía o de los exiliados iranís en Europa y en Estados Unidos. Pero todo el Irán de la República Islámica es tremendamente opaco y muy difícil.