PSN, Geroa Bai, Contigo Zurekin y EH Bildu, los socios del Gobierno, se han negado a intervenir en una moción de Vox para pedir prohibir el uso del burka y el niqab en espacios públicos.
En los días previos, los partidos del bloque progresista ya habían manifestado que no iban a entrar en el juego de la ultraderecha, que ha llevado a otras muchas instituciones del Estado esta iniciativa.
La moción, resuelta en un cuarto de hora cuando lo normal es que ocupe una hora, ha servido para escenificar el último encontronazo entre UPN y Vox.
Los regionalistas llevan semanas intentando hacer ver que son un partido muy distinto al de Abascal, con choques directos y un particular duelo constante entre Emilio Jiménez, portavoz de Vox, y el portavoz regionalista, Javier Esparza.
Lo cierto es que no pasa de la escenificación, porque la realidad es que UPN ha incorporado en su discurso político los grandes temas de la ultraderecha, quizá por miedo a una fuga de votos hacia Vox que les pase factura en las elecciones forales del año que viene.
Basta volver a la hemeroteca: Cristina Ibarrola, presidenta de UPN, ha redoblado en los últimos tiempos las críticas a la inseguridad en las calles y el cobro fraudulento de la Renta Garantizada.
Con todo, la moción de Vox ha contado con el apoyo de UPN, lastrado por su voto en el Senado en 2010. El PP de Navarra ha hecho como otras terminales populares y también ha apoyado la moción. El resto han votado en contra, así que ha decaído.