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GUERRA ABIERTA EN ORIENTE PRÓXIMO
Nasy Firooz AbizadehIraní residente en Pamplona, profesora de inglés en la Escuela de Idiomas

“Vivo este momento con sentimientos muy encontrados, la población está siendo víctima doble”

Orgullosa de sentirse navarra e iraní, asiste con desazón a la guerra que sacude su país de origen, al tiempo que explica la represión que sufre su población

“Vivo este momento con sentimientos muy encontrados, la población está siendo víctima doble”Iñaki Porto

Nasy Firooz (Teherán, 1966) vino de Irán a vivir a Navarra siendo niña, en otoño de 1975. Esta iraní lamenta el desconocimiento que ha existido sobre su país desde la revolución de 1979. Dice que hay que distinguir “la sociedad civil de los dirigentes” y lamenta que la población iraní esté “siendo perseguida por sus propios dirigentes y encima ahora les están cayendo bombas” . Firooz siente tristeza, y al mismo tiempo cree que “por fin el mundo va a conocer lo que ha sufrido y está sufriendo este pueblo, ya era hora de que se supiera lo que está pasando ahí”. Desea un Irán “en paz”, donde se respeten “todos los derechos de todos en libertad” y aboga por la no violencia y el respeto a los derechos humanos. “Los bahà’ís (su confesión religiosa) no creemos en la violencia como solución”.

Hablemos primero de su historia personal. ¿Cómo llegó a Pamplona?

–Hace poco conmemoré el 50 aniversario de la llegada de mi familia. Llegamos justo en noviembre de 1975, yo tenía 9 años vi la muerte de Franco en el Hotel Maissonave.

Caray, que coincidencia.

–Recuerdo ver en una tele en blanco y negro en la recepción, la imagen de la capilla ardiente de Franco. Esa fue nuestra llegada a Pamplona.

¿Por qué vinieron?

–Nuestra vida era muy cómoda en Irán, mi padre tenía una óptica, y nuestra familia es bahà’í. Esta religión promueve la armonía entre todos los pueblos del mundo, conservando la diversidad. Es muy común entre los bahà’ís que podemos hacerlo ir a cualquier parte remota del mundo a trabajar por servir a la sociedad de ese lugar, promoviendo la igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, la armonía entre todas las creeencias, la unidad y la paz universal o la educación obligatoria.

Pero el mundo es muy grande.

–Nos dijeron que un país donde no había muchos bahà’ís era España, y por casualidad llegamos a Pamplona. Es curioso, la gente para hacer un viaje de una semana se compra libros e investiga. Mis padres no sabían nada, no sabíamos ni una palabra del idioma, ni el conflicto que había aquí, sorprendidos por los grises...

Nasy Firooz.

Un momento muy complicado...

–Veníamos de un país bastante más avanzado, moderno y más rico. Ahora la tortilla ha dado la vuelta, pero en 1975 Irán era mucho más rico que España. Pamplona nos parecía un pueblo pequeño. Era un choque muy grande.

¿Y esa niña cómo lo vivió?

–El primer año fue durillo, en parte con angustia porque me sentía emocionalmente muy unida a la familia y la echaba mucho de menos. Y lloré mucho porque no podía aceptar que quizás perdiera un año de mis estudios por el idioma, tenía el orgullo de que era buena estudiante... Yo venía de una ciudad de seis millones de habitantes a una Pamplona muy pequeña y muy cerrada.

¿Y después?.

–En enero del 79 fue la revolución islámica, confiscaron la tienda de mi padre, su casa, todos sus bienes, aún vivíamos de eso, y fue un golpe muy grande porque mis tíos y primos trabajaban allí.

¿Se pudieron traer a alguien?

–No, nadie pudo venir.

Debió de ser muy duro.

–Sí, a mi padre aquí no le aceptaron el título, le decían que tenía que ir a Sabadell a estudiar Óptica. Se dedicaron a las alfombras, tuvimos una tienda en Iturrama, y la llevaba mi hermano.

¿Cómo ve el momento presente?

–Son sentimientos muy encontrados, porque entiendo la desesperación de muchos iraníes de fuera y dentro. Imagínese lo desesperada que tiene que estar una persona para querer que ataquen a su país. Ese es el nivel al que han llegado, sobre todo después del fin de semana del 8 y 9 de enero, de protestas masivas. Las cifras bailan, pero organizaciones de derechos humanos de fiar hablan de más de 30.000 muertos aquel fin de semana.

Terrible.

–Muchos de ellos niños, porque las familias salieron enteras, y están documentados tiros en la cabeza. Se dio la orden de disparar a todos los que estuvieran en la calle. Eso ha creado una rabia en toda la población... Todos conocemos a alguien que conoce a alguien que ha muerto. Ha sido una masacre tremenda por todo el país. En 47 años la comunidad internacional ha sacado resoluciones, pero a la hora de la verdad la represión ha seguido duramente. Yo no creo que la guerra resuelva nada, ni que esta sea la solución, para mí es la mayor desgracia para la humanidad, pero si te pones en la piel de estas personas lo puedes llegar a entender, intento hacerlo. Ellos lo justifican diciendo que cualquier cosa es mejor, y que les den un mínimo de libertad para decidir.

Ahora no se pueden comunicar con su familia.

–Hay un corte de las comunicaciones casi total, por internet y por teléfono. No sabemos nada de nuestros familiares.

Usted está casada con un iraní.

–Nos conocimos aquí. Él no es bahà’í, y la guerra le parece un mal necesario. Yo no lo comparto, pero en esa desesperación extrema a muchos iraníes, aun sabiendo que cada país atacante va por sus intereses, les parece que por lo menos son los únicos que están haciendo algo para que puedan recuperar su libertad. Esa es su visión. Es muy triste que quieras que tu país sea bombardeado para liberarte de los que se supone que te tienen que proteger. La gente en Irán ha pedido de forma pacífica que respeten sus derechos, pero se han encontrado con una represión brutal. Muchas chicas jóvenes, muchísimas, han muerto.

“Entiendo la desesperación de muchos iraníes. Es muy triste querer que tu país sea bombardeado para liberarte del que tiene que protegerte”

¿Ha habido partidarios del régimen avergonzados por una represión tan despiadada en enero?

–Creo que cualquiera que tenga un poco de conciencia y humanidad no puede cerrar los ojos a los que se vio en las calles. Ahora usan los colegios y los hospitales de escudos humanos. Constantemente se reciben mensajes de SMS. Dicen que quien salga a la calle o intente conectarse a internet será considerado delincuente y detenido.

Un control analógico y digital.

–Los iraníes durante muchos años han demostrado mucha resiliencia; casi todos instalan antifiltros en el teléfono para anular los filtros que impiden comunicarse libremente por internet. Pero si los detectan lo mínimo suele ser cinco años de cárcel. Un amigo lleva nueve meses en prisión acusado de espía por haber hecho una foto y subirla a Instagram de un edificio donde había caído una bomba de los israelíes en la guerra de los doce días, en 2025. La forma en la que le detuvieron fue brutal. Por las informaciones que llegan no tienen ni comida. Y siguen deteniendo indiscriminadamente, incluso ahora, con cámaras de reconocimiento facial a un montón de jóvenes, acusados de agitadores en las protestas.

Más tecnología de control...

–Ahora mismo, los únicos relatos son prácticamente los oficiales. Hay un apagón informativo, que es lo que les interesa. A los jóvenes detenidos los llevan a la televisión después de ser torturados, tienen que confesar de forma forzosa que eran líderes agitadores, y eso lleva la pena de muerte. Hay dos niños menores de 18 años con penas de ejecución y otros dos que al parecer en cuanto hagan el juicio los ejecutarán. Están constantemente ejecutando, y a gente muy joven.

O estamos ante un futuro acuerdo como en Venezuela, o son los últimos días de esta dictadura.

–No lo sabemos. La población está siendo víctima doble. Han construido ciudades enteras subterráneas para los misiles, pero las personas no tienen donde refugiarse cuando caen las bombas.