Los trabajadores del Polígono el Oliveral de Ribarroja salen relinchando a la hora del almuerzo como los niños en el colegio cuando suena el timbre del recreo. El restaurante La Campana de Ribarroja decidió montar una piscina llena de barro y soltar a dos chicas furiosas dentro y contratar a una stríper para acompañar los postres. "Lo llevamos haciendo desde antes de Navidades", explica la dueña del local, María José Murciano. "Nos dimos cuenta de que venía mucha más gente que de normal. Empezamos haciéndolo un día por semana durante el almuerzo. Después durante el almuerzo y la comida. Y ahora lo hemos programado tres veces por semana". Así, de lunes a viernes La Campana aprovecha la cercanía de los almacenes de varias grandes superficies comerciales para servir almuerzos y comidas a precios populares. El espectáculo tiene lugar entre la comida y la sobremesa, y las chicas, profesionales contratadas en una agencia, deciden el número de pases. "Los clientes se ponen nerviosos y no saben qué hacer". "Hay que estar vigilante" para que nadie pierda la compostura, y "controlar las puertas, porque no dejamos entrar a menores", asegura Murciano.
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