Pastos marinos, los pulmones verdes de la costa vasca
El mar guarda muchos secretos bajo su superficie, y algunos de los más importantes apenas son visibles a simple vista. Entre ellos se encuentran los pastos marinos, ecosistemas discretos pero esenciales para la vida en los océanos.
Cada año, el Día Mundial de los Pastos Marinos invita a detenerse en estos jardines submarinos que, aunque poco conocidos, cumplen un papel clave en la salud del planeta. El pasado 1 de marzo fue su efeméride, una fecha que busca visibilizar uno de los ecosistemas más valiosos y a la vez más desconocidos. Es una oportunidad para evidenciar las amenazas a las que se enfrentan estas praderas y reforzar la divulgación.
En este sentido, tanto desde la comunidad científica como desde iniciativas más locales, se viene impulsado una reflexión colectiva sobre el papel clave que desempeñan los pastos o praderas marinas y la necesidad de conservar un recurso natural que suele pasar desapercibido, pero cuyo resguardo resulta fundamental para la vida marina y el equilibrio ambiental.
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En ciudades costeras, universidades y organizaciones científicas y medioambientales se sale al encuentro de la ciudadanía con diferente iniciativas que ponen el foco en esta realidad muchas veces invisible. El objetivo final va más allá de los datos y las cifras, pues habla de equilibrio y de biodiversidad, de océanos que respiran gracias a estos ecosistemas silenciosos. Los expertos transmiten que la idea de sensibilizar, conservar y restaurar los pastos marinos no es tarea de unos pocos, sino una responsabilidad compartida capaz de marcar la diferencia en la salud del océano: entre mares sanos y mares enfermos.
Qué son los pastos marinos
Bajo la superficie de las aguas poco profundas, allí donde la luz aún logra filtrarse, se extienden auténticos jardines submarinos. Los pastos marinos crecen completamente sumergidos y forman amplias praderas que acompañan el perfil de las costas, aunque a menudo pasen desapercibidas para quienes observan el mar desde tierra.
A diferencia de las algas, no son organismos simples, ya que son plantas verdaderas, con raíces que se aferran al fondo, hojas que se mecen con la corriente y flores adaptadas a la vida bajo el agua. “Los pastos marinos tienen raíces, hojas y rizomas; no son algas, sino organismos mucho más complejos desde el punto de vista evolutivo”, resume Joxe Mikel Garmendia, investigador de AZTI y uno de los expertos en praderas marinas de la costa vasca.
Lejos de ser simples extensiones de vegetaciónsumergida, estas praderas desempeñan un papel decisivo en el equilibrio del ecosistema. Entre sus hojas encuentran refugio y alimento miles de especies, desde diminutos invertebrados hasta peces, tortugas y aves que dependen de estos espacios para sobrevivir. Asimismo, las raíces se entrelazan bajo la arena y consolidan el fondo, impidiendo su desgaste y reduciendo el impacto de corrientes y tormentas. Según Garmendia, estos ecosistemas resultan esenciales porque “ofrecen numerosos servicios ecosistémicos, beneficios directos e indirectos de los que se aprovecha la sociedad”.
En un contexto marcado por la crisis climática, su papel adquiere aún mayor relevancia, pues los pastos marinos capturan y almacenan grandes cantidades de dióxido de carbono, convirtiéndose en aliados silenciosos frente al calentamiento global, verdaderos pulmones verdes del océano. Por todo ello, su conservación no es una opción secundaria, sino una condición indispensable para salvaguardar la biodiversidad y el equilibrio de las zonas costeras.
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Reserva de la biosfera de Urdaibai
En las aguas costeras de Bizkaia, con especial presencia de espacios de transición como estuarios y rías -entre ellos la de Urdaibai-, las praderas de pastos marinos se han consolidado como piezas fundamentales del equilibrio ecológico. En estos entornos donde el agua dulce y la salada se mezclan, estas comunidades vegetales submarinas encuentran las condiciones para desarrollarse y cumplir su función ambiental a la perfección. Como señala el experto de AZTI, “en Euskadi las praderas se encuentran sobre todo en zonas intermareales de los estuarios, que quedan al descubierto cuando baja la marea. Son áreas fangosas y poco accesibles, lo que explica en parte su desconocimiento”.
En el Golfo de Bizkaia predominan especies como la Zostera noltei, que forman grandes extensiones en zonas donde sube y baja la marea y sirven como indicadores de la salud del ecosistema, ya que reflejan la calidad del agua y el estado de conservación del entorno gracias a su función ecológica.
Cambio climático
Cierto es que aunque ocupan una pequeña parte del fondo marino, los pastos marinos cumplen funciones clave. Así, ayudan a fijar los sedimentos y a frenar la erosión de la costa, mejoran la calidad del agua y capturan dióxido de carbono, almacenándolo durante largos periodos. Y es así como, gracias a esta gran capacidad, se convierten en aliados importantes en la lucha contra el cambio climático y en la protección de la biodiversidad local.
Estas praderas actúan también como verdaderos espacios de crianza y refugio para numerosas especies marinas que forman parte de las redes tróficas costeras, fortaleciendo el equilibrio y la productividad del entorno. Su desarrollo está estrechamente ligado a las dinámicas naturales del estuario de la ría de Urdaibai, la única Reserva de la Biosfera en Euskadi, donde convergen distintos hábitats protegidos que configuran un mosaico natural de alto valor ecológico reconocido por la UNESCO desde 1984.
Estuarios de Gipuzkoa
Además de Urdaibai, estos ecosistemas también están presentes en otros estuarios relevantes de la costa vasca, concretamente en Gipuzkoa. En este territorio destacan especialmente los ríos Oria y Bidasoa y sus desembocaduras, donde se ha documentado la presencia histórica y potencial de la ya mencionada Zostera noltei.
En el estuario del Oria, marcado por décadas de actividad industrial y presión urbana, las praderas de pastos marinos se han convertido en un indicador clave de los procesos de recuperación ambiental del entorno. Por su parte, el estuario del Bidasoa, de carácter más abierto y situado entre la costa guipuzcoana y la de Iparralde, alberga estas comunidades vegetales que funcionan como zonas de refugio y cría para numerosas especies, contribuyendo a fortalecer la conectividad ecológica del Cantábrico.
Se trata, además, de áreas de alta productividad biológica, profundamente vinculadas a la dinámica natural de los estuarios y configuradas como un mosaico de hábitats de gran valor ecológico, cuya conservación resulta fundamental para mantener el equilibrio de los ecosistemas costeros de Euskadi.
Un tesoro bajo las olas
Tampoco hay que pasar por alto su fragilidad. Los pastos marinos, aunque permanecen ocultos bajo la superficie, son ecosistemas delicados fundamentales para el equilibrio costero. En la costa vasca, como en muchas otras del planeta, estas praderas submarinas afrontan diversas amenazas que comprometen su conservación y la de las especies que dependen de ellas.
Entre los principales riesgos destacan el ya mencionado cambio climático, que modifica la temperatura y la salinidad del agua y provoca la subida del nivel del mar, capaz de alterar e incluso desplazar estos hábitats. A ello se suma la contaminación procedente de vertidos urbanos, agrícolas e industriales.
Como advierte el experto Joxe Mikel Garmendia, “la amenaza más importante históricamente ha sido la ocupación de su hábitat. Son especies que solo pueden vivir en zonas muy concretas y, cuando esas áreas se transforman o urbanizan, desaparecen”. La pérdida de transparencia del agua también es un factor determinante, ya que limita la luz necesaria para su crecimiento y reproducción, debilitando así su papel como sustento de la vida marina.
Estos impactos no se limitan a las propias praderas submarinas, sino que generan un efecto dominó en todo el ecosistema costero. Cuando los pastos marinos se degradan, disminuye la biodiversidad, se alteran las redes alimentarias y se debilita su capacidad para capturar carbono y frenar la erosión del litoral.
Afortunadamente, la situación no es irreversible. En Euskadi, equipos de investigación, universidades y colectivos medioambientales trabajan de manera activa en la protección y recuperación de estos hábitats. Las actuaciones incluyen el seguimiento continuo de las praderas, la replantación de especies como la Zostera noltei, la retirada de sedimentos y residuos, y el impulso de campañas de sensibilización para acercar a la ciudadanía su importancia.
Con todo, más que un recurso natural, los pastos marinos se consolidan como aliados frente al cambio climático y como soportes esenciales de la vida submarina. Su conservación resulta clave para garantizar una costa más rica en biodiversidad, más estable y preparada para los retos ambientales del futuro.
Vivir en equilibrio
El ejemplo de las praderas de pastos marinos de Bizkaia y Gipuzkoa demuestra que la naturaleza no es un paisaje lejano, sino una realidad viva que forma parte del día a día en las zonas costeras. Tal como señalan desde AZTI,“más allá de las administraciones, quienes frecuentamos estas zonas debemos ser conscientes de que pisotear las praderas o alterar el sedimento también las daña”, lo que evidencia la responsabilidad compartida en su protección.
Su cuidado va más allá de una cuestión ambiental. Lo primero que debemos hacer es “conocerlas y respetarlas”, enfatiza Garmendia, lo que subraya a la vez la necesidad de “replantear el modelo de desarrollo y asumir una responsabilidad compartida frente a la creciente presión sobre los ecosistemas costeros”. Con todo, respetar sus dinámicas naturales y actuar con una visión a largo plazo resulta clave para que las futuras generaciones sigan encontrando en la costa vasca aguas sanas y llenas de vida.
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