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Ansiedad funcional: cuando ‘puedes con todo’, pero por dentro estás al límite

Aunque suele pasar desapercibida, esta afección mantiene a quien la padece en un estado de alerta permanente que acaba provocando un importante desgaste físico y emocional

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Cumples en el trabajo, cuidas de los tuyos, organizas la casa y vas solucionando todos los problemas que se te van presentando. Llegas a todo y desde fuera nada hace pensar que algo no va bien; sin embargo, en tu interior sientes que estás al límite. Duermes mal, tu cabeza no para, estás muy irritable… Es posible que sin saberlo estés viviendo con ansiedad funcional, también conocida como ansiedad altamente funcional o de alto funcionamiento.

Muchas personas que viven esta situación no lo manifiestan y parecen tener todo bajo control. Y es precisamente ahí donde radica parte del problema: es una ansiedad silenciosa, socialmente normalizada, que permite seguir funcionando a costa de un constante desgaste emocional y físico.

Qué es la ansiedad

La ansiedad, en sí misma, es una emoción humana necesaria. En su justa medida nos prepara para afrontar retos, pero cuando los niveles son muy altos se produce el efecto contrario: a más ansiedad, menor funcionamiento. En el caso de la ansiedad altamente funcional, esa lógica se invierte puesto que hay personas que conviven con niveles muy elevados de ansiedad y, aun así, mantienen un alto rendimiento.

Una mujer con expresión de angustia sentada en un sillón.

Qué es la ansiedad funcional

La ansiedad funcional no se considera un trastorno mental como tal, aunque puede ser un factor de riesgo para desarrollarlo. Se trata de una forma de ansiedad que no bloquea ni paraliza; quien la sufre, cumple con sus obligaciones, especialmente en el ámbito laboral, y su imagen es la de una persona trabajadora y exitosa.

Sin embargo, detrás de esa fachada hay mucho miedo al fracaso, a decepcionar y a no ser suficiente. Hay un nerviosismo persistente, una necesidad casi patológica de cumplir. Los momentos de descanso no se viven como descanso, sino como pérdida de tiempo, y la mente sigue repasando sin parar tareas pendientes y compromisos futuros.

Señales de alerta

Muchas veces no es fácil reconocer la ansiedad funcional porque la persona sigue rindiendo con normalidad y el entorno tiende a restar importancia a ese malestar. El problema es que el desgaste acumulado tarde o temprano acabarán pasando factura al cuerpo y a la mente.

Dormir mal o levantarse agotado, exigirse constantemente y minimizar lo que se siente, tener la mente en modo on de forma permanente, no saber desconectar ni siquiera en vacaciones, no pedir ayuda aunque por dentro se esté desbordado o vivir con la sensación de que "esto es lo normal", que a todo el mundo le pasa, son algunas señales.

También está lo que los profesionales llaman rasgos ego-sintónicos, características que, aunque tengan un coste, nos gustan de nosotros mismos o están socialmente bien vistas. El perfeccionismo, la hiperresponsabilidad o incluso el estrés pueden convertirse en parte de la identidad y cambiarlos parece amenazar los logros conseguidos.

Cuándo pedir ayuda

Cuando lo que sientes va más allá del cansancio, si te ves funcionando por inercia y sientes que no puedes más, es importante buscar apoyo antes de tocar fondo.

Aprender a identificar la ansiedad silenciosa y a manejarla puede ser clave porque seguir funcionando no siempre significa estar bien. Es necesario pararse para tomar conciencia de la situación y poner remedio antes de que sea demasiado tarde.