La cuadrilla de 'gaztes' que nació en la peña Muthiko Alaiak
Aitana Izquieta, Nahia Irisarri, Eneko Bidegain y Peio García se conocieron en la peña y llevan cinco años compartiendo almuerzos, charangas y una amistad sin la que ya no entienden los Sanfermines
En toda cuadrilla hay una persona que llega tarde, otra que pierde el pañuelo antes del Chupinazo y otra que lleva semanas repitiendo que este año se va a cuidar un poco más. Ninguna de esas promesas suele sobrevivir al 6 de julio. Aitana Izquieta Lafuente (23 años), Nahia Irisarri Cia (22), Eneko Bidegain Palacios (21) y Peio García Aramendia (20) llevan cinco Sanfermines comprobándolo. Se conocieron en la peña Muthiko Alaiak y hoy viven las fiestas prácticamente como una familia: organizan comidas con meses de antelación, siguen a la charanga por media Pamplona y saben que los mejores recuerdos siempre acaban siendo los que nadie había previsto.
Como tantas otras cuadrillas de Pamplona, la suya entiende los Sanfermines como mucho más que nueve días de fiesta. Son el reencuentro con amigos, las comidas familiares, las tardes de plaza, las noches interminables y esa rutina que solo existe una vez al año. “Lo vivo con mucho sentimiento y creo que pertenecer a una peña aviva aún más ese arraigo que tenemos a estas fiestas y a nuestra ciudad”, resume Aitana.
Y aunque desde fuera pueda parecer que todo se improvisa, ellos saben que no hay nada más planificado que unos buenos Sanfermines. El almuerzo del 6 se reserva meses antes, las comidas de la peña empiezan a organizarse en primavera y, cuando llega junio, el grupo de WhatsApp echa humo para repartir quién compra la bebida, quién lleva la merienda y quién se encarga de que no falte hielo. Toda esa planificación salta por los aires en cuanto empiezan las fiestas. Entonces manda la improvisación, esa que ha llevado incluso a Peio a ponerse detrás de una mesa de mezclas para pinchar como DJ.
Los ‘gaztes’ del Muthiko
“Nuestra cuadrilla surgió en la peña. Solíamos ir mucho y allí conocimos a más gaztes. Estando tanto tiempo juntos, acabó surgiendo la cuadrilla”, explica Eneko. En Muthiko Alaiak encontraron algo más que una peña. Entre comidas populares, actividades y tardes compartidas, acabaron formando un grupo que desde hace cinco años vive los Sanfermines unido. “Hay un gran ambiente y disfrutamos muchísimo juntos”, asegura Aitana.
Nueve días de fiesta dan para mucho. Prepararlos, también. “Solemos empezar en junio, cuando la peña comienza a mandar mensajes para apuntarnos a comidas o a los toros”, explica Nahia. Eneko adelanta todavía más el calendario. “El almuerzo del 6 en La Bankada solemos reservarlo hacia febrero porque sabemos que si no luego es imposible. Es el primer día en el que nos juntamos todos de blanco y rojo. Sin duda, es mi momento favorito de las fiestas”.
Los gastos también se planifican con tiempo. “La mayoría los hacemos antes de empezar las fiestas”, explica Peio. Aun así, calcula que acabará gastándose entre 200 y 300 euros. Eneko eleva la cifra hasta los 400 o 500. Entre almuerzos, meriendas y alguna ronda de más, la cuenta acaba creciendo casi sin darse cuenta. “Creo que son días en los que hay que disfrutar y no contenemos tanto los gastos”, asegura Aitana.
Dormir... ya si eso después
Cuando se les pregunta cómo es un día normal de San Fermín, todos empiezan igual. Ninguno pronuncia la palabra madrugar. “Un día típico arranca despertándome sobre las doce y media”, reconoce Peio con absoluta naturalidad. Después llega el vermú con la familia, la comida, la peña, la plaza, las charangas y “hasta que el cuerpo aguante”. “Creo que los jóvenes exprimimos mucho más la noche, aunque ya empezamos a apreciar bastante más la juerga de día también”, reconoce Nahia.
“Nos vamos haciendo mayores y nos acercamos poco a poco a la forma de vivir los Sanfermines que tienen nuestros padres”, añade Aitana. Peio también cree que el cuerpo empieza a pedir pequeños cambios. “Con el paso de los años sí que me gustaría hacer más vida por la mañana, ir a ver los gigantes y ese tipo de cosas. Pero, por el momento, mi cuerpo no me lo permite”.
La charanga, clave
Para esta cuadrilla, la plaza de toros es un destino obligatorio. “Para mí es imprescindible ir con Muthiko a la plaza. Es el momento en el que mejor me lo paso en todo el año”, asegura Peio. Eso sí, reconoce entre risas que la corrida suele tener un papel bastante secundario. “La verdad es que no suelo mirar mucho la corrida en sí”.
“Vamos con la charanga Aburrecalles y pasamos muchísimo tiempo bailando y cantando con ellos. Básicamente estamos todo el día entre charanga y charanga”, explica Aitana. Eneko coincide plenamente. “Las charangas tienen muchísimo mérito porque consiguen mover a miles de personas y el ambiente que crean es increíble”.
Un americano y un tupper
Las mejores anécdotas nunca se planean. Un año, apareció un joven estadounidense que había viajado completamente solo hasta Pamplona para vivir dos días de San Fermín. “Se vino con nosotros toda la noche y se lo pasó genial. No hemos vuelto a saber nada más de él”, recuerda Aitana entre risas. Eneko todavía se acuerda de aquella conversación. “Me dijo que cada céntimo que había gastado para venir había valido la pena. Me impactó mucho”.
La otra gran historia tiene menos épica y bastante más tomate. “A un amigo le cayó desde la andanada un tupper de lomo con tomate encima. Le manchó la camiseta y toda la cara”, recuerda Peio. “Fue una falta de educación enorme por parte de quien lo tiró, claro, pero nosotros nos reímos muchísimo”.
Sentimiento y familia
Basta con escucharles unos segundos para entender qué significan para ellos los Sanfermines. Para Aitana son, sobre todo, familia, entendida también como los amigos y la cuadrilla. Nahia se queda con el primer vermú, la primera comida y el sonido de la charanga, esos pequeños rituales que marcan el inicio de las fiestas. Eneko habla de sentimiento, de una celebración que “va mucho más allá de la fiesta”. Y Peio las define como felicidad, pasión y el momento que lleva esperando durante todo el año.
Los cuatro también coinciden cuando miran hacia el futuro. “Me gustaría que las peñas siguieran teniendo el mismo papel que ahora”, dice Peio. “Son fundamentales para mantener la esencia de San Fermín”, añaden Aitana y Nahia. Eneko va un poco más allá: “Ojalá se conserven todos los actos tradicionales: las charangas, los gigantes, el Chupinazo... y que cada vez aprendamos a respetar más a la gente y a la ciudad”. Porque si algo demuestra esta cuadrilla es que las peñas son mucho más que nueve días de fiesta. También son el lugar donde nacen amistades para toda la vida.
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