Forman una cuadrilla poco convencional para lo que se estila por estos lares durante las fiestas de San Fermín. No se conocen desde la escuela ni comparten secretos de la adolescencia que hayan forjado su amistad durante años. Tampoco pertenecen a la selecta estirpe de pamploneses de toda la vida ni pretenden serlo. Solo son un grupo de buenos amigos, unos nacidos en Pamplona y otros no, cuyas vidas fueron confluyendo en un círculo común sin tener muy claro cómo han llegado hasta aquí.
En realidad, esto es lo más habitual, que las personas vayan ampliando su círculo de amistades por razones personales, laborales o familiares, y aunque para los más puristas el término cuadrilla se interprete como algo parecido a una especie en vías de extinción, la buena química entre ellos ha permitido convertir lo que fue un saludo pasajero en una sólida amistad.
José, Silvia, Javier, Amaya, José Antonio, Cristina, Tomás y Rocío, con edades que oscilan entre los 31 y los 36 años, se conocen un poco por casualidad, por circunstancias del destino o por las ofertas laborales que les hicieron arribar a esta ciudad procedentes del sur, como es el caso de los varios profesores que integran este grupo de amigos.
El origen de la cuadrilla
De hecho, Javi, José Antonio y Silvia son tres profesores que coincidieron en el mismo instituto y fueron el germen de esta cuadrilla donde hay cinco andaluces, dos pamploneses y una madrileña con ascendencia navarra.
El paso del tiempo pone a cada uno en su sitio y para ellos la fraternidad se ha creado en una ciudad que han convertido en su hogar, con lo bueno y lo malo que ofrece a nativos y forasteros, asumiendo que durante unos pocos días al año la urbe sufre una transformación de increíbles proporciones de la que son partícipes y colaboradores necesarios por derecho propio.
José es profesor de Formación y Orientación Laboral en la FP y lo que más le sorprende de los Sanfermines es lo que cambia la gente durante estos días. “Después de varios años en Pamplona me di cuenta de que las personas modifican su comportamiento, son más amables, se muestran más cercanas que de normal”, señaló este granadino de Motril.
Le gusta el ambiente sanferminero, que la fiesta esté en la calle, en cada rincón de la ciudad, y le sorprende la gran cantidad de extranjeros que se acercan a Pamplona para disfrutar de los Sanfermines. “No sucede como en otras ciudades donde los espacios festivos están cerrados o son privados. Y es increíble la gente de fuera que se ve, no conozco otras fiestas con este nivel de internacionalización”.
Silvia, su pareja, también es profesora. Natural de Lucena (Córdoba), entabló contacto con José Antonio y luego acabó conociendo al que ahora es su compañero de vida y al resto de la cuadrilla. “Como dicen los navarros, una amistad para toda la vida”, comentó refiriéndose a sus amigos.
No es muy dada al jolgorio, tampoco a las aglomeraciones, y llegarán a Pamplona la víspera del Chupinazo tras pasar unos días de vacaciones. “Desde luego que estas fiestas son diferentes, porque mantienen tradiciones que en otros sitios no hay”.
"Cuando llegué me acogieron súper bien y ahora soy yo el que hace de anfitrión y enseña la fiesta"
José Antonio lleva casi diez años en Pamplona, tiempo suficiente para conocer cómo son los Sanfermines. “Antes lo vivía como un turista más y ahora lo siento de otra manera, lo vivo como uno más de aquí. Cuando llegué me acogieron súper bien y ahora soy yo el que hace de anfitrión y enseña la fiesta. Hace mucha ilusión esa progresión y me encanta enseñar a gente de mi tierra cómo son las fiestas de San Fermín”.
Reconoce que lo que más le gusta de su cuadrilla de Pamplona es la diversidad. “Venimos de partes muy diferentes de Andalucía, de Pamplona, y el hecho de que cada uno de nosotros aporte cosas diferentes, de nuestra personalidad, de nuestras vivencias, de nuestra forma de ser en un entorno de amistad y cariño yo creo que es muy bonito y muy enriquecedor. El tipo de humor, por ejemplo, también es diferente y cada uno aporta su estilo. Nosotros tenemos el estereotipo en Andalucía de ser graciosos, pero aquí también se tiene mucho humor y muy bueno”.
No cree que el ambiente entre amigos sea muy diferente al de Sevilla, aunque aprecia algunas diferencias. “Aunque no usemos el término cuadrilla como tal, el concepto es el mismo: un grupo de amigos que se reúne para pasar un buen rato, para tomar algo, para comer y para disfrutar de la fiesta, ya sea en San Fermín o, por ejemplo, en la feria de mi pueblo, en Osuna. Por buscar una diferencia, aquí las cuadrillas están más fijadas desde hace años y las forman el mismo grupo de amigos de entonces, al menos a priori, aunque la realidad es que la gente está abierta a incluir nuevas amistades”.
"Nos olvidamos de los problemas y nos centramos en compartir y disfrutar"
Recuerda con humor la primera vez que conoció in situ una corrida de toros en la feria de San Fermín. “Estaba recién aterrizado y fui con una peña. Imagínate lo que es para alguien del sur ver una corrida en la parte de sol, yo aluciné. Soy músico, he tocado en muchas plazas de diferentes partes del país y eso me pareció muy diferente, no lo había visto nunca. Estaba que no me lo podía creer, disfruté muchísimo ese ambiente. El tema del almuercico del 6 de julio me parece también súper curioso, eso de tomar unas magras con tomate, chistorra, huevos y vino, a las 9 de la mañana. Esos nervios previos antes del Chupinazo cuando estás comiendo… son indescriptibles. Ver los toros y a los corredores de cerca en el encierro también impresiona mucho a alguien que solo lo ha visto por la tele desde pequeño”.
Los 'momenticos' de la fiesta
Dentro de la cuadrilla también está Cristina, madrileña de nacimiento y pamplonesa de adopción. “Para mí, que soy madrileña pero mi familia materna es de aquí, son unos días muy especiales que están llenos de momenticos. Días de encuentro con amigos y familia donde, por unos instantes, nos olvidamos de los problemas y nos centramos en compartir, disfrutar, emocionarnos, dejarnos llevar”.
Explica con emoción que “Pamplona se llena de una energía especial que solo conocemos aquellos que lo hemos vivido, y todos, tanto los de fuera como los de casa, nos convertimos en una gran familia”.
Cristina recuerda con nostalgia los Sanfermines de su infancia, cuando sus abuelos le llevaban de un lado a otro, “pero ahora que no están tengo la gran suerte de vivir las fiestas con mi pareja y nuestra cuadrilla”.
“La verdad es que no me veo con el cochecito de bebé por el Casco Viejo; buscaremos espacios tranquilos”
La música suele ser su punto de encuentro, ya que les gusta disfrutar de las grandes actuaciones que hay en la Plaza del Castillo. “Cada uno es de un sitio, pero todos compartimos el mismo respeto y cariño por las tradiciones de nuestra ciudad. Porque no hay nada más bonito que compartir con la gente que más quieres unas fiestas sin igual”.
De luna de miel
Javier y Amaya son los dos autóctonos del grupo. Se casaron a finales de junio y, cuando este reportaje llegue a los lectores de Diario de Noticias se encontrarán disfrutando de su luna de miel por el sudeste asiático.
Mientras ultimaban los preparativos para su viaje de bodas, Javier hizo un repaso por los momentos más especiales de las fiestas, como el almuerzo del día 6, el Chupinazo, ver las salidas de las peñas o disfrutar de los fuegos artificiales, uno de los espectáculos preferidos para disfrutarlo con un buen “bocadillo”.
Está ilusionado por lo que tiene por delante y, aunque asume que se le hará raro estar fuera de la ciudad durante estos Sanfermines, ya se está preparando para los siguientes. “Son unas fiestas únicas y con un ambiente especial, donde todo el mundo tiene su sitio. Para la gente que viene de fuera lo que más sorprende es ver a todo el mundo vestido de igual manera y que la fiesta esté en la calle y en las plazas, donde conciertos y espectáculos están disponibles para el que quiera. Este año no podré estar, pero enseguida llegará el próximo”.
“Me parece muy importante el valor que se da a la infancia, ya que hay muchos espacios y actividades pensadas en los más pequeños y en las familias”
Amaya, según sus amigos, es la más sanferminera de la cuadrilla, aunque reconoce que algunos momentos festivos, como el baile de la alpargata que se celebra en el Nuevo Casino de la Plaza del Castillo después del encierro, los conoció gracias a ellos. “Cuando eres más joven intentas llegar a todo, verlo todo. Con el tiempo empiezas a apreciar otras cosas de la fiesta, te das cuenta de que no todo es música y bebida, que hay cultura, tradiciones, que también son fiestas para disfrutar con la familia y los amigos”.
Rocío y Tomás son malagueños de Fuengirola y tienen un bebé de poco más de un mes, la pamplonsa Lucía. La madre da clases en Beriáin y sobre los Sanfermines quiso destacar aspectos que no siempre son tenidos en cuenta. “Me parece muy importante el valor que se da a la infancia, ya que hay muchos espacios y actividades pensadas en los más pequeños y en las familias”.
Llegarán a Pamplona la víspera del Chupinazo, aunque tienen asumido que no serán unas fiestas como las de antes. “La verdad es que no me veo con el cochecito de bebé metido por el Casco Viejo. Buscaremos espacios tranquilos para disfrutar de un buen rato con nuestros amigos”, comentó Tomás.