El 43% de los padres fuma o permite que se fume en su casa. Es uno de los datos de una encuesta hecha a 1.013 padres y madres, un 35,2% de ellos fumadores. En este subgrupo, la exposición al humo se producía en el 80% de las familias; si sólo fuma el padre el humo está presente en el hogar en el 59% de los casos; si la fumadora es la madre, en un 74,8%. Si los dos son fumadores, la cifra asciende al 89%, según los datos presentados en el XXIX Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC).

El doctor Joan Lozano, coordinador del Grupo de Atención Primaria de Abordaje del Tabaquismo de la Sociedad de Medicina de Familia y Comunitaria, dijo que esta actitud de los padres cabe atribuirla a la falta de concienciación y desconocimiento de los riesgos más que al desprecio de la salud de los que les rodean.

El estudio, que ha sido realizado en centros de salud de Salamanca, si bien sus conclusiones, en opinión de los responsables de la Asociación de Medicina de Familia y Comunitaria de Navarra puede aplicarse a cualquier territorio del Estado, pone de relieve que entre los padres fumadores el 26,8% considera el humo ambiental menos perjudicial que el inhalado, el 87,6% asocia tabaco y droga, un 94,1% cree que el tabaco es muy perjudicial y el 73,2%% piensa que ser fumador puede influir en que sus hijos fumen. Porcentajes que en el caso de lo padres no fumadores son ligeramente distintos: un 15,8%, 92,8%, 97,9% y 80,6% respectivamente. En cualquier caso, el doctor Lozano explica que los datos de la encuesta se corresponden con la realidad de los conocimientos que tiene la población en cuanto a las repercusiones del tabaquismo pasivo. "Mientras en el ámbito del tabaquismo activo ya se han conseguido importantes avances, en el caso del pasivo es ahora cuando se están empezando a transmitir a la población los riesgos reales de compartir un aire contaminado por humo".

Para este especialista, el médico de familia debe asumir una labor de educación sanitaria. "Hay que concienciar a nuestros pacientes, tanto si fuman como si no, sobre los riesgos de estar expuestos al aire contaminado por el humo del tabaco. De esta manera, empiezan a percibir que el tabaquismo pasivo es un problema de salud tan importante como la obesidad o la hipertensión".

De la encuesta también se desprende que el 71,1% de los padres atribuye el inicio tabáquico de sus hijos a tener amigos fumadores. Además, un 40%, de padres y madres de hijos mayores de 12 años, cree que los amigos de sus hijos fuman pero sólo un 4% cree que lo hacen sus hijos. "Está demostrado -precisa- que los adolescentes también se inician al hábito por imitación de los adultos. Por tanto, si un niño se ha criado en un ambiente familiar donde el tabaco es un elemento frecuente, es más probable que fume".

El estudio indica que los hijos de padres fumadores, es decir fumadores pasivos, tienen mayor riesgo a tener caries, síndrome tabáquico-fetal, síndrome de muerte súbita del lactante, patología digestiva y nutricional, patología otorrinolaringológica, patología de vías respiratorias inferiores, alteración inmunitaria, patología vascular, oncológica, alteraciones neurológicas y psicológicas y sociopatía. Los expertos aseguran que el tabaquismo activo y el pasivo son, respectivamente, la primera y tercera causa de mortalidad evitable en los países desarrollados y se estima que en el Estado mueren al año por tabaquismo activo 54.000 personas y por el pasivo más de 6.300 personas. "Dejar de fumar no sólo aporta beneficios al que fuma sino también a los que no fuman", indican.