Urgen voluntarios para acompañar a afectados de alzheimer
La Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer homenajea a 12 voluntariasConsidera necesaria la implicación en el programa de hombres, de jóvenes y de personas de zonas rurales
pamplona - La alsasuarra María Dolores Goicoechea llevaba toda la vida trabajando como farmacéutica, pero hace un año se jubiló. “De repente, estás sin hacer nada y pensé esto no es vivir. Tengo que hacer algo útil”. Con ese propósito y como en su localidad está la Clínica Josefina Arregui, el miércoles decidió hacerse voluntaria de la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer de Navarra (AFAN), que ayer hizo un llamamiento a la sociedad navarra porque necesita “con urgencia” nuevos voluntarios para acompañar a los afectados con el objetivo de mejorar su calidad de vida y, al mismo tiempo, “ofrecer un respiro a sus cuidadores”.
La presidenta de AFAN, Aurora Lozano, expuso que “éste es uno de los programas estrella, junto con los grupos de apoyo”. En la actualidad cuentan con 25 voluntarios, “un grupo muy eficiente”, pero nunca alcanzan la cifra suficiente para atender la demanda existente. Y es que en Navarra hay “unas 10.000 personas afectadas de demencia”.
La asociación, que cuenta con 1.200 socios, quiso reconocer la labor de los voluntarios, entregándoles un obsequio, si bien “el homenaje lo recibimos todos los días cuando vamos y nos acogen con una sonrisa; con la confianza que recibimos porque nos dejan a su enfermo, cuando sabemos lo difícil que resulta a los cuidadores delegar; y con la amistad que recibimos de la familia, que eso es impagable”, afirmó Lozano, que añadió que “los poderes públicos nunca van a sustituir al voluntariado”.
Su labor consiste en acompañar a los afectados en momentos puntuales y prestar apoyo a los cuidadores en el propio domicilio, siendo su función principal ofrecer cercanía, cariño, escucha y distracción. Al respecto, Lozano instó a desterrar el miedo que “nos dan todas las demencias”, porque “es una enfermedad como otra cualquiera”, y que se requiere constancia, puesto que hay que acordar con el cuidador principal al menos dos horas a la semana concretas. Un compromiso “bonito, que es muy gratificante, y por el cual se recibe mucho más de lo que se da”, apuntó. Idoia Lorea, psicóloga de AFAN, señaló que los interesados deben pasar una entrevista de selección: “No todo vale. Hay que tener una serie de actitudes de sensibilidad, sentido común, capacidad de escucha, serenidad, humanidad y empatía”. Posteriormente, recibirán cursos de formación y habrá un seguimiento. “El voluntario nunca va a hacer una tarea para la que no esté preparado”, incide Lorea.
experiencias intensas Yolanda Osés lleva cinco años como voluntaria y, previamente, cuidó a su madre durante una década. Una experiencia “muy gratificante” que le enseñó a ser “mejor persona. Al principio decía no voy a poder, pero enriquece tanto...”. Guarda como “unos recuerdos preciosos” cuando, siendo cuidadora, iba un voluntario a su casa y podía, por ejemplo, ir al cine. Ahora invita a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes, a dedicar a los demás su tiempo libre, porque una tarde a la semana “no es tanto”. “Me encuentro mejor. Llegas a querer a la familia y te sientes querida”, asegura. También María Luisa Vidal abogó por que la juventud se implique en esta causa, ya que “se aprende de ellos un montón”. Asimismo, la psicóloga hizo un llamamiento a los hombres, puesto que actualmente “sólo hay uno, que vale su peso en oro”. Comentó también que “en Sakana hay un núcleo de voluntarios muy bueno, pero en el resto de Navarra no hay”. Una circunstancia que, según expusieron, se agrava porque en las zonas rurales no existen recursos externos que puedan aliviar la tarea de los cuidadores. Además, la demanda de voluntarios se ha acrecentado a raíz de la crisis, ya que “muchas familias han tenido que sacar a sus personas enfermas de residencias y centros de día”.
Mariví Pérez, quien en su día también se encargó de atender a su madre, expuso que al prejubilarse “tenía tiempo libre y me pareció lo más idóneo poder cuidar a alguien”. Un día a la semana, de 17.30 a 19.45 horas, acude a la Vaguada para estar con un señor que “ya ni habla. El acariciarle el brazo, darle cariño y estar con él... Salgo como nueva. No te supone nada y la mujer es pura gratitud”. Mila Eraso, que cuidó a su progenitora ocho años en las Oblatas, todavía no se ha estrenado como voluntaria, pero expresó sus ganas de hacerlo. Porque, según Aurora Lozano, “hay determinadas necesidades que son vitales: necesidad de afecto, de consuelo, de esperanza, de poder desahogarte con alguien... y ahí entra el voluntariado”. Como concluyó Mª Dolores Goicoechea, “para lo que quieran, estoy dispuesta”. La respuesta que obtengan al cariño que ofrezcan será sincera.
¿En qué consiste?. Los voluntarios acompañan a los afectados en momentos puntuales y prestan apoyo a los cuidadores en el domicilio, siendo su función principal ofrecer cercanía, escucha, afecto y distracción. Su función también puede consistir en acompañarles, por ejemplo, al médico, pero de ningún modo sustituye el trabajo de un cuidador. Los requisitos para ser voluntario son disponer de al menos dos horas semanales y compromiso.
Interesados. Pueden contactar con la asociación en la calle Pintor Maeztu 2 bajo de Pamplona, en el teléfono 948275252 o en el correo afan@movistar.es.
“Camino de ida y vuelta”. La asociación considera el voluntariado “un camino de ida y vuelta”, puesto que permite dar un respiro al cuidador principal, pero también repercute en el voluntario, que adquiere una mayor autoestima, mayor autocontrol y más capacidad para encarar problemas personales futuros.
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