PAMPLONa - Miguel José Olagüe Roncal, de 75 años y acusado de ser la autor de la mayor estafa piramidal de Navarra, que se eleva según la Fiscalía y las acusaciones a 12 millones de euros por unas inversiones que resultaron ficticias -al menos según confesó el martes desde 2003-, consiguió embaucar a sus propias hijas y a familiares de estas para acumular más dinero y que siguiera generando jugosos intereses al trimestre, cuando hacía liquidaciones de 400.000 euros para los inversores. Estos superaban el centenar aunque solo 48 de ellos reclaman. Las hijas de Olagüe están ahora sentadas en el banquillo porque el Ministerio Público y algunas acusaciones las señalan como conocedoras de la trama y de las entregas de dinero. Les reclaman cinco años de prisión. Ellas, que fundaron una asesoría poco después de que se jubilara su padre, negaron cualquier implicación.

Una de las hijas, la pequeña, declaró que empezó a trabajar con su padre en 2008 y que conocía la actividad inversora en Madrid de su padre pero que todo le parecía legal y no sabía qué clientes invertían. “Era mi padre, confiaba en él. Imagínate que en cinco años invertí pequeñas cantidades hasta 98.000 euros. Y nunca recuperé ese dinero. Lo que hacía era liquidarme los intereses, hasta el primer trimestre de 2013, que es cuando me alegó que tenía atrasos y problemas”. Fue entonces cuando esta hija dijo empezar a preocuparse. Tanto, que incluso al enterarse que su padre le había pedido dinero a una amiga también inversora, llegó a darle unos ahorros de su boda, una herencia en vida de su marido y el dinero de una indemnización por un siniestro que sufrió en su vivienda para que pudiera tener liquidez. En total, casi 200.000 euros. “Claro, entonces no sabía que liquidaba 400.000 euros cada trimestre. Pero hasta entonces siempre me decía que se iba a solucionar todo, que otras veces había habido también atrasos en Madrid. Pero ya no se solucionó. Todo fue un chorreo y empezó a dar largas desde entonces hasta que confesó”.

A la hija mayor, que trabajaba en la asesoría de su padre desde 1997 como administrativa, también el acusado le ofreció invertir en Madrid. “Me habló de unas inversiones que daban buenos intereses y metimos 30.000 euros en 2005. Él decía que incluso lo declaraba en la renta por nosotros. No sabía ni las personas que invertían ni con quién trataba mi padre. En 2007 recuperé la inversión porque necesitaba ese dinero, pero ¿qué sentido tiene que luego invirtieran varios familiares de mi marido?”, expuso esta hija. “¿En qué cabeza cabe eso si hubiéramos sabido algo de esto?”, resumió. Ambas declararon que atravesaban una complicada situación económica y que tuvieron que cerrar en 2017 su oficina a raíz de todo esto.

Ambas hijas, señaladas por algunos afectados como firmantes de recibos, de entregas de dinero y participantes en reuniones de inversores, se desvincularon por completo de ello. Su padre ha tratado de exculparlas a lo largo de todo el proceso. Ellas dijeron ayer que en caso de que firmaran algún recibo puntualmente era por “hacerle un favor” a mi padre, que estaría de vacaciones y desde 2009, cuando se jubiló, ya no iba tanto a la oficina. “Pero no sabíamos ni lo que era. Todo lo dirigía él. Nos decía, va a ir Fulanito, coge un papel que hay en la mesa de mi despacho y fírmaselo delante de él. Pero todos los que dicen que hemos entregado dinero o participado en reuniones, mienten. Todos. Y eso nos ha hecho mucho daño”.