Pagola, que estás en los cielos
e sorprendió verle en ese lugar. Era una tarde de los Sanfermines de 2019. Caballeros en plaza, tiro de mulillas y La Pamplonesa llegaban a la plaza del Castillo, a la altura de la terraza del Iruña, bajo la balconada del Casino Principal, en su diario trayecto entre la plaza Consistorial y las inmediaciones de la plaza de Toros. Parada y refrigerio. Javier Pagola parecía grabar un vídeo en su teléfono móvil. Me acerqué a saludarlo. "Tengo una buena noticia, y una mala", me dijo al momento. "La mala es que me han diagnosticado una enfermedad degenerativa; la buena que a mayor edad (ya había entrado en los setenta), desarrollo más lento". Todavía no se la habían etiquetado como ELA. Un año más tarde, con motivo del Día Mundial dedicado a esa enfermedad incurable -todo un desafío para la investigación médica- lo hizo público en una carta abierta.
Coincidimos muchos años en las ondas y pocos en la misma empresa radiofónica. En unas fechas navideñas, él de vacaciones, me llamó para informarme de su salida de la radio. Le había surgido un proyecto ilusionante en Medicus Mundi, en formación (era maestro titulado) y en comunicación (gran periodista). Aún se asomaría a la radio durante años los sábados por la mañana. Unos minutos para recomendar, con ilustración estimulante, excursiones por naturaleza y pueblos de Navarra. Su aportación de referencia se remitía a los años de la Transición, tan difíciles para el periodismo radiofónico: "Batzarre" fue una cita en la vanguardia mediática y social, una viva red social cuando nadie intuía las actuales redes sociales. Apostó también por la visibilidad cualitativa de las mujeres del medio y por la incorporación y fomento del euskera, que aprendió. Riguroso, reflexivo, trabajador, una voz personal abierto a muchas voces.
Medicus Mundi, el Foro Gogoa, las Aulas de la Mujer plasmaron también sus inquietudes, sus principios, su compromiso, su sensibilidad. Una de sus últimas ilusiones confesas era mantenerse en la presentación de los ponentes del Foro.
Recuerdo nuestros tres últimos encuentros presenciales: un café concertado en la cafetería de Baluarte, un saludo en el interior del auditorio y un cruce casual cerca de los Golem Baiona. Iba a ver la película sobre Aute. Todo discurría más rápido que la parte buena de aquella mala noticia. Descansa en paz, Javier. De tu voz quedarán grabaciones. De tu memoria, reconocimiento y cariño.
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