El deseado regreso al camping: "Lo primero que hemos hecho es comer papada, los almuercicos aquí son sagrados"
El Camping Urrobi de Aurizberri-Espinal es, desde sus inicios, el refugio perfecto para muchos vascos que buscan estar en contacto con la naturaleza durante los fines de semana. De las 111 mobilhome y caravanas fijas que dispone este establecimiento pirenaico, 38 han sido adquiridas por familias de Gipuzkoa (34), Bizkaia (2) o Araba (2), por lo que en estos meses de confinamiento perimetral su ausencia se ha sentido considerablemente.
Sin embargo, con el deseado levantamiento del cierre perimetral, desde el domingo ya han podido volver a disfrutar de su segunda residencia, si bien es este fin de semana cuando en el camping se está notando la mayor afluencia. Al menos, así lo ponían de manifiesto el alborozo y los reencuentros en las zonas del camping, en el bar y en la tienda este fin de semana.
La primavera
Pepi Gorostidi es una de las asiduas que ha vuelto este jueves a su mobilhome. Natural de Tolosa, tuvo que marcharse pasadas las navidades por el frío y la humedad y el cierre perimetral truncó por sorpresa sus planes de venir, como siempre, en primavera. "¡Se me ha hecho larguísimo, tenía unas ganas terribles de venir! De la tele, sólo estaba atenta a lo que decía la Chivite. Porque el domingo hizo mal tiempo, que si no, ya estaba aquí", dice enérgica.
A sus 82 admirables años, estaba tan entusiasmada con volver a Navarra que trajo una caja de pastelitos a los trabajadores del camping. "Al final, somos como una gran familia. Nos conocemos desde hace muchos años y siempre me han ayudado", afirma, recordando sus inicios en el pueblo.
La tolosarra Pepi Gorostidi, de 82 años, feliz en su mobilhome.
En efecto, la historia de Pepi en la zona se remonta a cuando no se había construido ni siquiera el camping. Ligada al movimiento de las ikastolas, fue impulsora en los años 70 de los campamentos de verano en euskera en Aurizberri-Espinal y, durante este tiempo, siempre ha forjado amistad con algunos habitantes del pueblo. Por eso, acabó haciéndose con una caseta en lo que hoy considera que es casi como su hogar.
De hecho, aquí le pilló el año pasado el confinamiento "No sé si lo puedo decir, pero para mí fue el mejor año de mi vida. ¡Qué explosión de la primavera! Ese despertar de la naturaleza, las flores, los pájaros, esa tranquilidad. Era maravilloso", confiesa.
Estos días, Pepi ha aprovechado para ventilar la casa y acondicionarla de cara al verano. Y, después, aprovechará para relajarse, leer y disfrutar de su paseo diario. Porque tiene intención de permanecer hasta San Juan y y, visto lo visto, quiere explotar al máximo su ansiada libertad. "Cuando llega el verano, siempre me voy porque hay mucha gente y a mí me gusta estar tranquila. Así también viene el resto de la familia. Pero en cuanto llegue el otoño, aquí voy a estar de nuevo. No me pillará otra vez, no", concluye.Los almuercicos
Otros que echaban de menos el Pirineo son la familia Arregi Unamuno. Ainhoa y Unai, sus hijos Beñat y Ane, la amatxi Mª Ángeles Muguruza y Txefo, un amigo, venían este viernes desde Oñati y Bergara con muchas ganas de volver a su rutina de fin de semana, ya que son de los que no pierden ocasión para escaparse a su mobilhome. "Ha sido angustioso, durísimo, sobre todo el no tener el horizonte de cuándo vas a poder venir", reconocen al unísono.
Desde octubre, no pisaban la hierba del camping, un largo tiempo retenidos en Gipuzkoa en el que han sabido amoldarse a las circunstancias, aunque siempre con la mente en su segundo hogar. Con la nueva buena, esta semana incluso los txikis han estado más excitados de lo habitual. "Estaban deseosos de venir, sentían mucha necesidad. Aquí al final tienen su cuadrilla, tienen más libertad y su autonomía se multiplica por dos", confiesan Ainhoa y Unai, añadiendo que "para ellos esto es el paraíso".
Pero si hay algo que verdaderamente han echado en falta Unai y Txefo han sido los almuerzos en el bar Baratze. Dicen que donde viven no encuentran "esos platos grandes con carajillo" a la hora del hamarretako. "Lo primero que hemos hecho es comer papada. Los almuercicos aquí son sagrados, pero para ganárnoslo, hemos tenido que ir a hacer algo de deporte", confesaban este sábado entre risas.
Desde que Mª Ángeles comprara una pequeña mobil home en 2002 y posteriormente se trasladaran a otra más grande en 2009, esta familia siempre ha sabido integrarse tanto en el camping como en el propio pueblo de Aurizberri-Espinal. Aquí han crecido y han entablado amistad con muchos otros vecinos. De hecho, el año pasado no pudieron, pero tienen pendiente organizar en el camping un campeonato de fútbol en memoria de Jon Lasarte, amigo de la familia y cuñado de Txefo, que murió en pleno confinamiento en su mobilhome. Porque al final el camping es como un pueblo más; una gran familia.
Ilusionados por la apertura de fronteras, ya están planeando cómo va a ser su verano en Aurizberri-Espinal. En cuanto terminen los txikis la escuela, la amatxi y los nietos vendrán para quedarse, y los demás, se amoldarán según sus trabajos. "A los críos se les preguntó si preferían el udaleku (campamento de verano) o el camping. Y, sin acabar de preguntar, ya dijeron el camping. Eso es lo que quieren ellos y nosotros felices", concluye Mª Ángeles.
LAS FRASES
"¡Se me ha hecho larguísimo, tenía unas ganas terribles de venir!"
PEPI GOROSTIDI
Clienta del Camping Urrobi
"Lo primero que hemos hecho es comer papada. Los 'almuercicos' aquí son sagrados"
UNAI ARREGI Y TXEFO
Clientes del Camping Urrobi