El presidente de los obispos polacos, Stanislaw Gadecki, ha defendido a Juan Pablo II de las acusaciones de encubrimiento de abusos cuando Karol Wojtyla era todavía obispo de Cracovia y que han sacado a la luz dos investigaciones periodísticas.

"Los polacos deben recordar la bendición que la Providencia nos dio con este Papa. Hago un llamado a todas las personas de buena voluntad para que no destruyan el bien común y el legado que Juan Pablo II nos ha dejado", ha solicitado este jueves Gadecki, en un comunicado.

Se trata de la primera reacción pública de la Iglesia de Polonia después de la publicación en ese país del libro 'Máxima culpa. Juan Pablo II lo sabía', del periodista Ekke Overbeek y de la proyección en el canal polaco TVN24 del reportaje 'Franciszkanska 3' (el domicilio del arzobispo de Cracovia) en los que se acusa a Wojtyla de haber encubierto abusos cometidos por tres sacerdotes en la diócesis de Cracovia de la que fue obispo titular desde 1964 hasta 1978, cuando fue elegido pontífice.

Gadecki ha recordado que "defender la santidad y la grandeza de Juan Pablo II no significa decir que no podía cometer errores", y que "ser pastor de la Iglesia en tiempos de la división de Europa en Occidente y el bloque soviético significaba afrontar desafíos difíciles". "Debemos ser conscientes de que, en ese momento, no solo en Polonia, había leyes diferentes a las de hoy, la conciencia social y las formas habituales de resolver problemas eran diferentes", ha señalado.   

PUNTO DE REFERENCIA MORAL

Para el responsable de los obispos polacos, Juan Pablo II fue y sigue siendo "un punto de referencia moral, un maestro de la fe y un intercesor en el Cielo para millones de polacos" por lo que ha considerado como "escandalosos" los intentos de "desprestigiar su persona y obra".

En declaraciones a Europa Press, Paulina Guzik, periodista polaca, redactora de la sección de internacional de OSV news y experta en la crisis de los abusos en el seno de la Iglesia en Polonia, ha explicado que en realidad, el único caso novedoso que se muestra en el documental del periodista polaco Marcin Gutowski es el relativo al sacerdote Boleslaw Sadusz, acusado de abusos, a quien el futuro Papa trasladó a Viena. Gutowski muestra como prueba una carta de presentación dirigida al cardenal austriaco Franz Königen en la que omitió esas acusaciones.

Sin embargo, Guzik ha manifestado que es un caso "muy complicado porque el documento que revela el autor del documental sale de los archivos del servicio secreto comunista", lo que hace que la información no esté completa.

"La SB, la 'Sluzba Bezpieczenstw' --ha explicado la periodista--  era un departamento del Estado comunista polaco que perseguía a la Iglesia para desacreditarla y básicamente para destruirla. Era una práctica habitual que los sacerdotes fueran reclutados por la policía comunista para que informaran sobre la iglesia desde dentro".

"Les chantajeaban. Les decían o cooperas con nosotros y nos das información sobre la Iglesia o diremos públicamente que eres un abusador. Así que no tenían otra opción. Por lo tanto, si el documental se basa sólo en estas pruebas, en los documentos del servicio de seguridad de la época comunista, no tenemos la parte completa de la historia", ha detallado Guzik.  

 ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS POLACOS

El principal problema es que la Iglesia católica en Cracovia ha denegado hasta ahora el acceso a los archivos: "No sabemos por qué se niegan, pero la gente en Polonia exige respuestas. Si la Curia polaca permitiera consultar la documentación podríamos contrastar qué tipo de quejas se hicieron, si eran rumores -que eran técnicamente los medios que usaba el régimen comunista- o si el cardenal Wojtyla sabía personalmente que había denuncias contra él. Sin eso, realmente no sabemos cuáles eran las intenciones del cardenal Wojtyla".

Los otros dos casos que se presentan tanto en el libro como en el documental ya eran conocidos. En diciembre de 2022, el periodista polaco Tomasz Krzyzak, publicó una investigación sobre ellos y "demostró es que el cardenal Wojtyla sí que se enfrentó a los casos de abusos", según Guzik. "Krzyzak prueba que reaccionó ante esos casos de acuerdo al derecho canónico vigente y que incluso con su respuesta se adelantó a su tiempo. Esto no causó revuelo en los medios de comunicación porque es una noticia positiva", ha considerado la también directora del documental Glass House sobre la respuesta de Juan Pablo II a la crisis de pederastia. Para argumentar esta tesis, se hace eco de uno de los tres abusadores mencionados en el reportaje.

Se trata del caso del sacerdote Józef Loranz que en 1970 fue acusado de molestias sexuales a las alumnas de un colegio y a quien Wojtyla suspendió, apartándolo de la parroquia, tras abrir una investigación. "Wojtyla llegó a escribir al sacerdote abusador que todo delito debe ser castigado. Así que no sólo pensaba que los abusos eran un pecado, que era lo que pensaban los obispos de la época, sino que pensaba que era un delito que se abusara de niños", ha concluido.

Por su parte, el presidente de la Agencia Católica de Información de Polonia (KAI), Marcin Przeciszewski, ha considerado que el libro de Overbeek sigue una agenda "ya predeterminada" que carece de "rigor histórico". Przeciszewski ha asegurado que las acusaciones son "mordaces, pero en gran medida infundadas".

"El autor ignora por completo el hecho de que Juan Pablo II fue el primer Papa en iniciar una lucha sistemática contra los abusos sexuales del clero, a escala mundial", ha subrayado. Del mismo modo, ha criticado que toda la investigación se basa en documentos de los servicios de seguridad comunistas. Por su parte, el historiador polaco, Marek Lasota, ha apuntado a que "siempre hay que tener en cuenta el contexto histórico".

"En esa época, el derecho canónico era diferente. La sociedad era diferente. Nadie sabía qué tipo de consecuencias tenía la pederastia en los niños. Y los pecados morales relativos, por ejemplo, a las relaciones entre personas del mismo sexo se trataban de forma completamente diferente, también respecto al abuso, el abuso homosexual o el abuso de adultos vulnerables", ha determinado.   

SEGUIR INVESTIANDO

Por último, el profesor Rafal Latka, historiador de la Universidad Cardenal Stefan Wyszynski, también ha asegurado en declaraciones a Europa Press que "es necesario seguir investigando".

"Debería incluir una búsqueda de archivos tanto en la documentación del aparato de seguridad de la República Popular de Polonia como en los archivos eclesiásticos. Los historiadores deberían verificar las opiniones presentadas en el informe del redactor Gutowski y en el libro de Overbeek", ha manifestado.

También ha considerado que el contexto histórico es "determinante". "El cardenal Wojtyla era obispo diocesano en la realidad del régimen comunista, que, utilizando el aparato de represión, llevaba a cabo una vigilancia constante e intensiva de la Iglesia católica. El clero y los obispos eran tratados como enemigos del Estado comunista. Por esta razón, se utilizaron todos los métodos para limitar su papel social, incluida la violencia física. El cardenal Wojtyla, como una de las figuras más importantes de la Iglesia polaca, estaba fuertemente vigilado por el aparato de seguridad", ha incidido.

El documental del periodista Gutowski, titulado 'Bielmo', y emitido en Polonia el pasado 6 de marzo también ha cuestionado la conducta del predecesor de Wojtyla, el cardenal Adam Sapieha. Latka ha refutado las acusaciones sobre el mentor y predecesor del cardenal Wojtyla: "No han sido respaldadas por ninguna prueba sólida y no pueden considerarse fiables por basarse en la información del padre Anatol Boczek, un delincuente sexual. La segunda fuente en este caso fue el testimonio del P. Andrzej Mistat forzado durante la investigación del proceso de la curia de Cracovia", ha concluido.