El sol anima la Semana Blanca
Estudiantes de distintos centros educativos de Navarra aprovechan el buen tiempo para disfrutar de sus cinco días de esquí de fondo en el Pirineo: 240 practican en la estación de Larra-Belagua y 120, en la de Irati-Abodi
La Semana Blanca arrancó de manera algo accidentada para la sexta tanda de estudiantes que, estos días, disfruta de las pistas de esquí de Belagua. El pasado lunes, los alumnos llegaron al frontón de Isaba cargados de expectativas que la lluvia poco tardó en truncar, así que las primeras bajadas por las colinas llenas de nieve fueron reemplazadas por otras actividades y aplazadas hasta nuevo aviso. Afortunadamente, esta mañana de miércoles, el sol se ha dejado ver ver tras semanas escondido y ha permitido a los txikis aprovechar un día que todos los monitores han definido como “un regalo”.
Se trata de la Campaña Escolar de Esquí de Fondo número 42 que las estaciones de Irati-Abodi y Larra-Belagua acogen después de que, en 1985, el Ayuntamiento de Isaba emprendiera esta iniciativa para promocionar la zona. Según cuenta la directora de la Semana Blanca, Amaia Mozo, “fue una época dura. Le gente se iba a trabajar a Pamplona y parecía que no había futuro aquí”. Aunque al principio no atraía a muchos participantes, el proyecto ha ido ganando relevancia hasta convertirse en uno de los eventos más señalados del calendario de estudiantes de entre 6º de Primaria y 2º de la ESO.
Los espectaculares paisajes blancos del Pirineo Navarro están siendo testigo de la primera vez sobre esquís de multitud de jóvenes. Allison Landon –una alumna de 12 años del IES Alhama de Corella–, pese a no haber practicado nunca este deporte, reconocía esta mañana estar aprendiendo sin problemas. “Se me está dando bastante bien y, sobre todo, me gusta bajar cuestas”, decía. Mientras tanto, Luis Martínez, estudiante del IES Ribera del Arga, en Peralta, besó la nieve en varias ocasiones. “Me he caído muchas veces. En una de ellas, he rodado unos ocho metros, pero estoy bien, me gusta mucho esquiar, aunque subir cuestas es muy cansado”, contaba con ansias de bajar la siguiente pendiente.
Los txikis están recibiendo unas indicaciones generales que les permiten avanzar y frenar con seguridad. Tal y como contaba Luis, “para bajar hay que juntar la parte delantera de los esquís y para bajar hay que abrirla”. Aunque los conceptos parecen bien interiorizados, los monitores se pasan la mañana repitiendo sin cesar: “¡Las cuñas!”. Para los alumnos con más trayectoria en este deporte, la experiencia está siendo todavía más divertida. “Aprendí a moverme y a frenar con los esquís hace unos años con mi familia, así que me siento más segura que otros”, relataba Laida Sola, compañera en el instituto de Peralta.
Sin embargo, durante los cinco días que pasan en la aventura, los estudiantes no solo tienen la oportunidad de practicar el esquí o de disfrutar del enclave privilegiado del Pirineo, sino que también aprovechan para conocerse a sí mismos en la convivencia. Como explica Mozo, “duermen varios días fuera de casa, practican la autonomía y aprenden a ser responsables con su material”. En este sentido, contaban tres amigas de Corella –Martina, Mariana y Sofía–, “nos divertimos mucho por la noche, aunque nos acostamos bastante tarde, a pesar de que al día siguiente nos despiertan a las siete de la mañana”. Igualmente, bromeaban, “compensamos la falta de sueño con las galletas, las tostadas y los cereales que nos dan para desayunar”.
Esquí adaptado
Por su espectacularidad, el esquí podría parecer una de las disciplinas deportivas más complicadas para las personas con discapacidad. Sin embargo, usuarios del Centro Ocupacional el Molino llevan cantidad de años acudiendo a las pistas y demostrando que no existen barreras. Según Amaia Izuriaga, monitora de esquí, “para ellos y para nosotros esto es una gran aventura porque se atreven a todo”. Por lo general, explica Mozo, los grupos de personas con discapacidad suelen ser pequeños, así que “podemos darles una atención más personalizada y asegurarnos de que se lo pasan bien”.
Carla Arina, una joven de 13 años de un pueblo cercano a Logroño, almorzaba este mediodía acompañada de sus amigas, Nadia y Nora, sentada en un sit-ski, una silla adaptada con esquís. “Estos días he estado esquiando de pie”, contaba, pero, al ser paciente de esclerosis múltiple, “hacer mucho esfuerzo me ha provocado un brote”. Por ello, los monitores pasaron la mañana empujando la silla de Carla para asegurarse de que disfrutaba de la experiencia al igual que el resto de compañeros.
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