Durante la intervención de Carlos Gimeno, consejero de Educación, en la entrega de los Premios Extraordinarios de ESO y Bachillerato, deseó que los límites de los siete galardonados estuvieran marcados, únicamente, por su vocación. Todavía son jóvenes para saber qué será de ellos en un futuro y, sin embargo, muchas ya tienen claro que seguirán esforzándose por perseguir lo que más les gusta en el mundo.
“Quiero estudiar Medicina porque es mi pasión desde pequeña”
“Me sorprendió un montón”. Lo dijo varias veces, como si todavía estuviera procesando que su nombre se encuentra entre los Premios Extraordinarios de Navarra 2024-2025. Mónica García –de 16 años– fue al examen “para valorar la experiencia” y salió con un reconocimiento que, en realidad, resume años de constancia: “Es un premio por todo el esfuerzo de la ESO”, dice.
Actualmente, está cursando 1º de Bachillerato, en Ciencias de la Salud, porque lo tiene claro desde pequeña: “Me encantaría estudiar Medicina; es como un sueño”. No viene de familia médica, pero sí de una cultura del compromiso que le lleva a saber lo mucho que tiene que trabajar para conseguir lo que se propone. Aunque 2º de Bachillerato le impone respeto –“dicen que el salto es muy grande”–, pero confía en la fórmula que ya conoce: “Más esfuerzo para que el resultado sea parecido”.
Entre tanto, compagina cinco instrumentos –piano, saxofón, violín, ukelele y guitarra– y competiciones internacionales de robótica en California o Marruecos, que no es cosa menor, pero ella lo comenta con modestia. Quizá ahí esté la clave: talento sin estridencias. La sorpresa de quien no calcula la meta, solo el trabajo. Y la serenidad de quien, con 16 años, sigue creyendo que la Medicina es “una profesión superbonita”.
“Las preguntas del examen no eran de escupir, sino de pensar”
Aiuri Lasa –de 16 años– sorprende por lo directa y madura que es. Para ella, haber ganado el Premio Extraordinario de Navarra 2024-2025 es una “sorpresa”, mezclada con “gratitud y alegría”, aunque sí reconoce que es algo que se propuso al comenzar el curso. Y lo cumplió con creces.
Alumna del IES Askatasuna, recuerda la prueba sin épica ni dramatismo. No fue “un examen para repetir contenidos de la ESO como un ejercicio de memoria”, sino más bien uno “dirigido a saber utilizar eso que has aprendido. No eran preguntas de escupir, sino de pensar”.
Matemáticas aplicadas a situaciones cotidianas, problemas de lógica o comprensión de conceptos fueron algunas de las partes del examen que realizaron los estudiantes. Para muchos, algo difícil, pero para ella no fue “excesivamente complicado. Era de pensar y de utilizar la lógica”.
Ahora cursa Bachillerato de Ciencias y mira hacia la Medicina. Le interesa comprender “cómo funciona el cuerpo humano” y poder ayudar. Si proyecta su futuro, se inclina por la Cardiología, incluso Pediatría porque “los niños me gustan mucho también”. Fuera del aula corre, va al gimnasio, pinta, lee y escribe. Su libro favorito es Juan Salvador Gaviota. No parece casual: la historia de quien aprende a volar mejor porque decide exigirse un poco más. Aiuri, por ahora, ya ha demostrado que sabe hacerlo.
"Las humanidades son la base de nuestra sociedad"
Samaa Kadri tiene 18 años y una convicción que no necesita elevar la voz para hacerse notar. Le basta con sonreír y, de esta manera, demostrar que estaba “muy feliz” y “muy orgullosa” de recibir el Premio Extraordinario de Bachillerato. Viene del IES Alhama de Corella y ahora estudia el Programa Internacional de Educación Primaria en la UPNA. Y, en ese sentido, menciona la importancia de haber estado en lo público desde el principio. “Es necesario tener una educación basada en la equidad, en la igualdad y en una buena calidad”.
Cerró la PAU con un 12,3 de media y destacó en “Latín y Lengua”. Humanidades puras porque, para ella, “son la base literalmente de nuestra sociedad y de nosotros como personas”. Se presentó al premio animada por una profesora. “Me dijo que me presentase porque tenía la media”, cuenta. No hubo preparación extraordinaria. “Ninguna. Nada”. El examen era “tipo PAU”. Y el resultado se basaba en años de trabajo sostenido y comprensión.
Quiere ser maestra porque entiende la educación pública como el lugar donde se construye la convivencia. “Necesitamos tener una buena educación en la sociedad para poder convivir”, insiste. En tiempos de prisas y resultados inmediatos, Samaa recuerda algo esencial: que la escuela pública y las Humanidades no son un lujo, sino un cimiento. Y que formar personas capaces de pensar sigue siendo la tarea más urgente.