"Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón... Pasen a ver el circo". Con esta invitación arranca cada año el ya tradicional espectáculo del colegio Sagrado Corazón, una cita que cumple más de tres décadas y que ha vuelto a llenar de color, música y aplausos el centro pamplonés. Durante los días 25, 26 y 27 de febrero, el colegio deja de ser un centro educativo al uso para convertirse en una auténtica pista circense. Los protagonistas son los más de 75 niños y niñas de 3º de Infantil, que interpretan todo tipo de papeles: abanderados y abanderadas, equilibristas, mimos, magos y magas, bailarines, faquires, malabaristas, gimnastas, payasos y payasas y forzudos y forzudas.

"El circo no es solo una función, es el resultado de un proyecto educativo que se desarrolla durante todo el mes de febrero y que sirve como eje para trabajar distintas competencias", explica Mikel Pilar, uno de los tres tutores de los grupos junto a Amaia Palacios y Edurne Lizoáin. A nivel educativo, el circo se emplea para trabajar aspectos como la expresión corporal y verbal, la constancia y la labor en equipo; luego, todas las áreas del temario se aplican al circo, como el vocabulario en inglés o en lengua castellana. Cada niño y niña asume un papel dentro del espectáculo y aprende a formar parte de un equipo. Además, el escenario se convierte en un espacio para superar nervios y reforzar la autoestima, ya que para muchos es su primera experiencia en público. Unas 250 personas abarrotaron el salón de actos en la función del jueves. "El circo es muy conocido y tanto las familias como los estudiantes lo esperan con muchas ganas e ilusión desde el primer día de clase", asegura el tutor.

Colaboración con otros docentes del centro

En la organización colaboran también otros docentes del centro, como las especialistas de inglés, idioma en el que se desarrolla parte del show. A su vez, quince estudiantes de 1º de Bachillerato se encargan del escenario, la música —que va desde La Macarena hasta Michael Jackson— y el control de accesos. Las familias, por su parte, participan activamente en la elaboración de los trajes. El espectáculo mantiene desde su inicio algunas coreografías base —como el inicio con la música de Los Payasos de la Tele—, pero ha ido adaptándose a los cambios sociales.

"Antes representábamos animales como focas, leones o elefantes, que eran normales en el circo, pero que ahora se han prohibido". "A nivel de género, en la actualidad aparecen forzudas —como Ainhoa escachaplátanos— o gimnastas chicos, que era algo impensable hace no mucho; lo bueno es que los y las chicas lo viven con mucha naturalidad", destaca Mikel Pilar. El proyecto incorpora un enfoque de Aprendizaje y Servicio, donde el alumnado colabora con la ONG Sembrando Sonrisas y participa en la recogida de productos de primera necesidad a través de una simbólica venta de entradas. Asimismo, el espectáculo cuenta con la colaboración del Club de Gimnasia Rítmica Larraona y abre sus puertas a personas de las residencias Amavir y de la red de mayores del Ensanche, reforzando su carácter intergeneracional. Al terminar la función, el centro se vacía, pero permanece la sensación de que la educación puede ser también un escenario de fantasía, magia y compromiso. En el Sagrado Corazón, febrero trae la ilusión del circo desde hace más de 30 años y, a juzgar por los aplausos, la función seguirá teniendo una larga vida.