El incremento de la temperatura afecta a los ríos navarros y a sus especies
El calentamiento de los océanos dificulta el ciclo vital de los salmones atlánticos del Bidasoa
Los salmones que nacen en el río Bidasoa realizan uno de los viajes más impresionantes del mundo natural. Tras su primer año de vida, descienden hasta el mar Cantábrico y emprenden una larga migración hacia el Atlántico Norte, llegando a zonas frías cercanas a Groenlandia, Islandia o las Islas Feroe, donde se alimentan y crecen antes de regresar al río a desovar.
Sin embargo, su ciclo vital se ve cada vez más amenazado por el calentamiento de los océanos y la alteración de las corrientes atlánticas, que están desplazando a sus presas hacia latitudes más septentrionales.
Esto obliga a los salmones a realizar migraciones más exigentes y más largas, lo que conlleva más esfuerzo físico y un mayor riesgo de ser depredados por orcas, focas, leones marinos o tiburones. Las poblaciones ibéricas, cuyos viajes son más largos, son las más expuestas.
Pero el aumento de las temperaturas también afecta a los salmones en el río. Al tratarse de peces de aguas muy frías, las temperaturas superiores a 20 °C pueden provocarles estrés fisiológico e incluso la muerte. Estudios realizados por Orekan en el Bidasoa muestran que más de la mitad de los salmones que inician la migración río arriba en primavera no sobreviven a nuestro verano.
Además, se ha observado una reducción del tamaño de los salmones más jóvenes y cambios en el calendario de su ciclo vital, como retrasos en la migración y la reproducción. Todo ello está provocando un fuerte descenso de la población, poniendo en riesgo la conservación del emblemático salmón del Bidasoa.
Las aguas del atlántico norte, más calientes. Si comparamos los últimos años del Siglo XX con nuestros días, veremos que la temperatura media diaria del agua en la zona de alimentación del salmón en el Atlántico Norte (área subpolar) se ha incrementado, lo que provoca que los salmones del Bidasoa tengan que hacer viajes más largos para encontrar alimento, exponiéndose a más peligros antes de volver a casa a desovar.
Estudios de radioseguimiento realizados por Orekan en el Bidasoa entre los años 2018 y 2025 muestran que, a mayor número de días del año con temperaturas superiores a 20ºC, mayor es el porcentaje de salmones que perecen.
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