"Antes estaba mal vista, ahora no": Alertan en Navarra de la normalización de la cocaína en el ocio e incluso en el trabajo
Proyecto Hombre y Antox atendieron en 2025 a unas 500 personas con problemas de adicción | Tres de cada cuatro usuarios tenían problemas con el alcohol, que sigue siendo la sustancia más extendida
El alcohol es una droga que cuenta con una amplia aceptación en la sociedad. A su legalidad se suma la baja percepción de riesgo que existe en torno a estas bebidas y por ello ha sido históricamente la sustancia que generaba más casos de adicción.
Pero es algo que está cambiando y hay otra droga, ilegal, que ha adquirido en los últimos años una aceptación que preocupa profundamente: la cocaína, cuya normalización se ha extendido en ámbitos como el ocio e incluso el laboral, tal y como alertan Proyecto Hombre y Antox, las dos asociaciones que tratan la adicción a sustancias en Navarra.
“Hace unos años su consumo estaba mal visto. El alcohol siempre ha tenido una gran aceptación, pero la cocaína ha ido ganando popularidad”, advierte Cristina Illescas, directora técnica de la Fundación Proyecto Hombre.
Esta situación es algo que están viendo en el día a día con los usuarios de sus asociaciones. En el caso de Antox, el año pasado atendieron a un total de 69 personas, de las cuales un tercio tenían la cocaína como la principal sustancia de consumo problemático.
“En 2025 hemos observado un desplazamiento del peso relativo hacia la cocaína, que se consolida como principal sustancia de ingreso, aunque históricamente alterna esta posición con el alcohol”, apunta Andrea Corera, coordinadora general de Antox, que incide en que esta tendencia se acompaña de “una mayor diversificación de consumos y una presencia significativa de policonsumo, elemento que incrementa la complejidad terapéutica”. A la cocaína le siguen el alcohol (18,8%), el cannabis (11,6%) y la heroína (8,7%).
Una situación similar ha ocurrido en Proyecto Hombre. El año pasado atendieron a unas 300 personas en su centro ambulatorio –unas 146 nuevas– y a 128 en su comunidad de ingreso –88 nuevas–, de las cuales el 40% acudía por problemas con la cocaína, el 36% con el alcohol, el 10% por cannabis y un bajo porcentaje por consumos de ketamina y heroína.
“Estamos viendo que la cocaína está muy aceptada, incluso hemos tenido casos de consumo en el trabajo. Aunque en el ámbito laboral las sustancias que más problemas generan son el alcohol y el cannabis”, expone Illescas, que incide en que un porcentaje, aunque sea pequeño, de los accidentes laborales y del absentismo tienen detrás el consumo de drogas.
La presencia del alcohol
Pese a esta extensión de la cocaína, el consumo de alcohol sigue siendo el predominante. De hecho, el 75% de las personas que atendió Proyecto Hombre presentaban consumos problemáticos de alcohol. De hecho, señala Illescas, prácticamente todas las personas con adicción a otras sustancias también tienen problemas con el alcohol.
“A la hora de la rehabilitación también cuesta mucho evitar las recaídas, porque tenemos el alcohol muy normalizado e integrado en nuestra cultura. Entonces, ya es difícil dejar de consumir cuando llevas haciéndolo años, pero lo es más porque siempre vas a tener la oportunidad de hacerlo”, detalla.
Por ello, uno de los retos a futuro es “desnormalizar” el consumo del alcohol: “Es una barbaridad que la edad de inicio sean los 12-13 años. Y no se puede echar la culpa a los jóvenes, porque lo que hacen es repetir las conductas y los modelos de ocio de los adultos”.
Mayor estigma en mujeres
En cuanto al perfil, en ambas asociaciones el 80% de los atendidos en 2025 fueron varones, pero tanto Antox como Proyecto Hombre coinciden en que esa amplia diferencia por sexo no se corresponde con la realidad, ya que a las mujeres les cuesta más acudir a estos recursos porque “está peor visto” que tengan problemas de adicciones, que principalmente suelen ser con el alcohol y/o fármacos.
“Muchas lo ocultan, porque además también se les achaca que dejan de lado sus cuidados, cosa que con los hombres no pasa. Entonces las mujeres que nos llegan suelen llegar en situaciones muy vulnerables y con muy poco apoyo a nivel social o familiar. También muchas han sufrido abusos o agresiones”, indica Illescas.
En esta misma línea, Corera aboga por una mayor especialización de género de los equipos y el desarrollo de recursos específicos, adaptados y seguros para mujeres. “La evolución del perfil plantea respuestas especializadas en violencia, trauma, maternidad, redes de apoyo, estigma y barreras de acceso históricas”, apunta.
La mitad, en desempleo
Por edad, la media de las personas atendidas ronda los 40 años, una edad que se ha ido retrasando, entre otras cuestiones, por el envejecimiento de la población, que también hace que haya personas por encima de los 70 años que recurren a estas organizaciones.
Este predominio de la adultez, expone Corera, refleja “trayectorias prolongadas de consumo, deterioro acumulado y necesidad de procesos intensivos de tratamiento”, lo que sitúa como reto futuro la consolidación de intervenciones centradas “no solo en la abstinencia, sino en la recuperación funcional, la reparación del daño relacional y la redefinición del proyecto vital”.
Asimismo, la situación socioeconómica es un factor clave a la hora de analizar el riesgo de los consumos de sustancias. Según detalla la coordinadora general de Antox, más de la mitad de las personas que atendieron en 2025 estaba en situación de desempleo.
“Debemos consolidar una intervención con itinerarios progresivos que integren hábitos laborales, competencias personales, alfabetización digital, formación técnica y coordinación con el tejido empresarial”, sostiene. Y, por supuesto, la vivienda juega un papel fundamental: el 17,4% de las personas usuarias de Antox está en situación de exclusión residencial.
“La dimensión habitacional se confirma como un factor decisivo para la sostenibilidad de los procesos. La ausencia de alternativas residenciales seguras incrementa significativamente el riesgo de recaída, abandono de itinerarios y retorno a contextos desestructurados”, explica Corera.
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