Las dos jóvenes navarras violadas en diciembre de 2016 se sienten en parte reconfortadas con el reconocimiento, aunque recuerdan que su caso quedó impune. Sus nombres son ficticios porque aun siguen con el miedo en el cuerpo.
¿Qué supone este reconocimiento por parte del Gobierno de Navarra, que hasta ahora penas se había implicado en el caso?
–Elena: Es algo que me emociona, me gratifica y que da mucho más sentido a todo esto que hemos conseguido y que hemos vivido durante estos años... Sin embargo me falta el reconocimiento como agresores de esos dos individuos. El Gobierno de Navarra conocía el caso desde primera hora y nunca se han interesado, ni preocupado, ni nos han ayudado en nada.. No lo entiendo, nos hemos visto muy solas y hasta última hora no se han puesto en contacto con nosotras. El reconocimiento llega tarde, pero al menos se agradece que finalmente se hayan posicionado de nuestro lado.
–Marta: Este reconocimiento supone algo muy importante, porque llega después de muchos años en los que sentimos que no se nos escuchó ni se investigó adecuadamente lo que denunciamos. La sentencia de Estrasburgo fue un punto de inflexión: no solo validó lo que llevábamos mucho tiempo denunciando, sino que también puso de relieve que hubo fallos muy graves en la investigación. Este reconocimiento es, en cierta forma, una reparación, aunque llega tarde y no borra lo vivido. Aún así tiene un valor simbólico y también práctico, porque supone que las instituciones empiezan a asumir su responsabilidad. Quiero pensar que este paso refleja una mayor conciencia sobre la gravedad de lo ocurrido. Lo importante es que ahora exista un compromiso real para que casos como el nuestro se investiguen con rigor, sensibilidad, apoyo y sin errores que puedan perjudicar a las víctimas.
¿Sienten que queda algún paso más por dar o es hora de pasar página?
–Elena: A mí me hubiese gustado que se hubiese hecho justicia con estos dos individuos. No es justo que después de todo el daño que nos han causado de por vida campen a sus anchas y puedan continuar con su vida sin ser juzgados ni por la justicia ni por la sociedad. Nosotras, las víctimas, sí que tuvimos que ir al juzgado a declarar. Fue muy desagradable. Pero realmente como sé que eso jamás será posible, después de todos los impedimentos y problemas que hemos tenido y la mala actuación de ciertas personas de la Policía, llegar hasta donde hemos llegado me da mucha paz y tranquilidad en cierto modo. Lo que más deseo es que este tema se zanje y continuemos adelante dejando todo esto atrás aunque siempre permanezca con nosotras, día tras día.
–Marta: En el plano judicial, siendo realistas, la situación es muy complicada. Después de todo lo ocurrido especialmente con la pérdida de pruebas y la falta de conservación de las mismas, las posibilidades de reabrir nuevos procedimientos son improbables. Además, han sido nueve años de proceso que, a nivel mental y emocional, han sido muy duros. Siento que cerrar esta etapa puede darnos por fin un poco de descanso. Eso no significa que no sigamos queriendo justicia y tampoco que podamos “pasar página “en el sentido de olvidar, sino aceptar dónde hemos llegado y centrar nuestras fuerzas en seguir adelante y en que lo que ha pasado no vuelva a repetirse en otros casos.
¿Han recibido alguna respuesta o disculpa, al margen de este reconocimiento, por parte del Ministerio de Justicia, del de Igualdad, y del de Interior o de la propia Policía Nacional sobre su caso?
–Elena: No hemos recibido respuesta que yo sepa. Ese silencio demuestra indiferencia hacia nosotras las víctimas y que todas las personas implicadas en la cadena de errores que se produjeron no han recibido ningún castigo y eso duele y hace disminuir la confianza en las instituciones. Con lo flagrante que ha sido el caso, la mala praxis, todo lo que ha salido a luz casi 10 años después... ningún Ministerio ha tomado cartas en el asunto. El silencio institucional es total. Parece que hay casos de primera y de segunda...
–Marta: No he recibido ningún tipo de contacto por parte de ningún ministerio ni tampoco de la propia Policía. El reconocimiento como víctimas no ha sido una iniciativa de las instituciones sino una solicitud de nuestro abogado. Después de una sentencia tan contundente, este silencio resulta difícil de entender. Creo que lo mínimo sería un reconocimiento claro de responsabilidades y algún tipo de respuesta institucional que demuestre un compromiso real para que hechos así no se repitan. Y me gustaría que gente que estuvo metida en nuestro caso no pudiese trabajar en un cargo público.