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La regularización de mujeres con hijos, la más compleja

La asociación SEI, que ofrece asesoramiento jurídico, alerta de las trabas que ponen los padres

La regularización de mujeres con hijos, la más complejaPatxi Cascante

Este lunes se ha completado la primera semana en vigor del real decreto de regularización extraordinaria de inmigrantes, y la directora de la Asociación SEI, Maite Ziganda, reconoce que por su sede están viendo pasar “muchos nervios e ilusión”. Nervios por que no falte ninguno de los papeles necesarios para presentar la solicitud, e ilusión por conseguir, después de mucho tiempo, disponer de “derechos y deberes”. Sin embargo, las personas solicitantes se están encontrando con varios problemas, sobre todo, en cuanto a la concertación de citas, la entrega de los documentos o la gestión de los trámites de mujeres con hijos.

El embudo comienza en el momento de pedir la cita. De acuerdo con Rafa Paredes, un abogado de extranjería ya jubilado que asesora a migrantes en la asociación SEI, tienen que concertarla “a través de un abogado que tienen que costearse; mediante alguien que disponga del certificado digital; por teléfono, llamando al 060 que siempre está colapsado; o a través de internet, donde denuncian no recibir respuesta”. 

Atravesada esa barrera, se presenta la siguiente. Además de las dos oficinas de Correos y de la Tesorería General de la Seguridad Social, el Ayuntamiento de Pamplona tiene habilitada otra sede en la calle Zapatería para reforzar la atención. Ahora bien, al acudir a estos recursos, las personas “se están encontrando con personal que nunca ha tratado con este ámbito”, revela Paredes. De esta manera, los procesos de algunas de ellas se están complicando pues “les están pidiendo cosas increíbles para la solicitud, como un DNI con nacionalidad española.

Madres con niños

Las mujeres migrantes con hijos están sufriendo la incertidumbre de forma más severa que el resto. Tal y como muestra el abogado, muchas madres no disponen de documentación ni de la patria potestad o la custodia exclusiva, por lo que tienen que pedir permiso a los padres para llevar a cabo el trámite. “Ellos, la mayoría de veces, no quieren concederlo, les piden dinero o están desaparecidos”, expone Paredes.

Ante esta situación, sigue el letrado, las trabajadoras sociales “les han recomendado pedir la guardia y custodia, pero son procesos muy lentos”. Mientras, estas mujeres están presentando un certificado que demuestra que el asunto se está tramitando, pero “todavía no hay nada seguro, esperemos que Extranjería lo de como válido”. 

Tres mujeres de la asociación SEI, durante el asesoramiento.

Normalmente, la asociación SEI se dedica a atender el duelo migratorio y reagrupar a familias que se han separado por este fenómeno. Sin embargo, dada la importancia de esta regularización, desde la entidad han decidido incorporar este servicio adicional que pretenden mantener hasta el último lunes de junio. El objetivo que persiguen es que todas las personas migrantes que busquen su regularización puedan obtenerla sin tener que costearse los gastos de un abogado y, por el momento, la entidad está orientando a más de 70 personas cada lunes

Desde la asociación recuerdan que para solicitar la regularización se requiere una fotocopia del pasaporte, el certificado de antecedentes del país de origen, un justificante de la estancia en el Estado desde antes del 1 de enero y durante al menos cinco meses previos a la solicitud, y un certificado de vulnerabilidad, en caso de tratarse de una sola persona. 

Pese a tratarse de requisitos sencillos, los voluntarios reconocen que hay mucho revuelo y nerviosismo por tener todo bajo control cuanto antes. “Al final, este decreto abre una ventana imprescindible para muchos, pero que cierra dentro de tres meses”, lamenta Paredes. En este sentido, Ziganda destaca la ayuda que se están brindando unos a otros e insiste en que se pueden realizar voluntariados para ayudar con el asesoramiento y la obtención de documentos.

Devolver la ayuda

Han pasado ya cuatro años desde que Miguel Lastra, un joven de 21 años, abandonó Ecuador para venirse a Pamplona. Su proceso migratorio se debió a varios factores. El principal, una enfermedad familiar. “Mi hermana tiene una patología en el abdomen y, en el país, no había tratamiento para ella”, cuenta. Al mismo tiempo, estalló una ola de violencia que castigó a su familia y por la que su madre, finalmente, tomó la decisión de emigrar. 

Como estudió un grado medio de sistemas microinformáticos, el joven ha decidido quedarse en la asociaciónSEI para ayudar a otras personas que, como hizo él, están viviendo el miedo y las dudas del proceso. Según relata, él sintió mucha desinformación cuando tenía que reunir los documentos para concertar la cita porque “en un sitio me decían una cosa y en otro, otra distinta”. “Lo más complicado fue la lista de requerimientos”, dice, ya que “aunque tenía mi carpeta preparada, temía estar dejándome algo porque no dejaba de ver en redes sociales mensajes contradictorios que me agobiaban”. 

“Aunque tenía mi carpeta preparada, temía estar dejándome algo porque no dejaba de ver en redes sociales mensajes contradictorios que me agobiaban”

Miguel Lastra . Ecuador, 21 años

Miguel está ayudando, concretamente, a rellenar tasas, a pedir citas con el Ayuntamiento, a gestionar correos y a completar formularios. “Un poco de todo, la verdad”, bromea.

Él se considera una persona “muy empática”, por lo que le gusta devolver el favor a quienes le prestan ayuda. Aunque reconoce que la labor que hace como voluntario “quizás no es gran cosa”, Miguel se no duda en apuntarse a ayudar en lo que pueda. “Todos estamos pasando por lo mismo y, si yo puedo aportar mi granito de arena para que a esa gente se le haga más sencillo, no dudo en hacerlo. Estamos juntos en esto”, se sincera. De paso, el joven está teniendo la oportunidad de acercarse a lo que será su próximo grado: la integración social.

Esta dinámica que ha adoptado Miguel no se trata de un caso aislado Las diferentes salas de la asociación están llenas de jóvenes migrantes –de entre 20, 30 y 40 años– que se explican procedimientos y se resuelven dudas los unos a los otros.