Uno de cada dos navarros tiene exceso de peso: ¿distinguimos sobrepeso y obesidad?
Se trata de dos situaciones que comparten riesgos para la salud, pero que difieren en gravedad, diagnóstico y seguimiento médico
Datos ofrecidos el pasado marzo por el Observatorio de Salud Pública de Navarra señalan que más de la mitad de la población navarra (50,8%) tiene exceso de peso –sobrepeso u obesidad–, con una mayor incidencia en hombres y en personas mayores. En concreto, el 37,9% de los navarros tiene sobrepeso y el 12,9%obesidad.
Aunque ambos términos se utilizan a menudo como si fueran equivalentes, no significan lo mismo desde un punto de vista clínico. Los dos hacen referencia a un exceso de peso o de grasa corporal que puede repercutir en la salud, pero se diferencian por el grado de acumulación, el riesgo asociado y la necesidad de seguimiento profesional.
Obesidad y sobrepeso
Como referencia general, en adultos se considera sobrepeso cuando el índice de masa corporal (IMC) se sitúa entre 25 y 29,9, mientras que la obesidad se establece a partir de un IMC igual o superior a 30. Sin embargo, este cálculo solo relaciona peso y altura, ya que se calcula elevando la altura al cuadrado y dividiendo ese resultado entre el peso. Por sí solo, no permite saber cómo se distribuye la grasa ni qué impacto metabólico tiene en cada persona.
“El IMC es una herramienta útil para una primera orientación, pero no debe interpretarse de forma aislada. Dos personas con el mismo IMC pueden tener perfiles de riesgo muy distintos si cambian el perímetro abdominal, la presión arterial, la glucosa, el colesterol o la presencia de otras enfermedades asociadas”, explica Christian Alvarado, director médico de Drop, la unidad digital de Sanitas especializada en el tratamiento y seguimiento de la obesidad.
Por ello, la diferencia entre sobrepeso y obesidad no debe entenderse solo como un cambio de categoría. En algunos casos, el sobrepeso no se acompaña de alteraciones relevantes en las analíticas. En otros, aunque el IMC no alcance el rango de obesidad, la acumulación de grasa abdominal, la hipertensión o determinadas alteraciones metabólicas pueden indicar un mayor riesgo cardiometabólico.
La obesidad, por su parte, se considera una enfermedad crónica y multifactorial. En su desarrollo influyen factores biológicos y hormonales, pero también el descanso, la salud emocional, los hábitos de alimentación, la actividad física, la medicación, el entorno social y la historia clínica de cada persona. Por eso, su abordaje requiere una valoración más amplia que la simple pérdida de peso.
Consejos para valorar el riesgo
Los expertos de Sanitas recomiendan prestar atención a varios aspectos para comprender mejor el riesgo individual y saber cuándo es recomendable consultar a un profesional:
- No quedarse solo con el número de la báscula
El peso puede variar por muchos motivos y no siempre refleja la cantidad ni la distribución de la grasa corporal. El perímetro abdominal y la evolución mantenida en el tiempo aportan información relevante.
- Revisar las analíticas y la presión arterial
La glucosa, el colesterol, los triglicéridos o la tensión pueden mostrar si el exceso de peso está teniendo impacto metabólico, incluso cuando la persona no percibe síntomas claros.
- Observar la capacidad funcional
Notar más fatiga al caminar, subir escaleras o realizar actividades habituales puede indicar que el exceso de peso está afectando a la movilidad, la resistencia o la calidad de vida.
-Prestar atención al descanso
Los ronquidos intensos, los despertares frecuentes o la sensación de no descansar pueden estar relacionados con alteraciones del sueño asociadas al exceso de peso, sobre todo cuando existe acumulación de grasa abdominal.
- Evitar soluciones rápidas
Las dietas muy restrictivas, los productos para adelgazar o los tratamientos iniciados por cuenta propia suelen ser difíciles de mantener y no siempre responden a las necesidades reales de la persona. Además, pueden favorecer la recuperación del peso perdido o generar malestar físico y emocional.
“Comprender la diferencia entre sobrepeso y obesidad ayuda a evitar dos errores frecuentes: restar importancia al exceso de peso cuando ya existen señales de riesgo y reducir la obesidad a una cuestión de voluntad. El tratamiento no debe centrarse solo en alcanzar una cifra concreta, sino en mejorar la salud global de la persona”, añade Christian Alvarado.
Bajo esta perspectiva, el abordaje del exceso de peso requiere una mirada individualizada y sostenida en el tiempo. La alimentación, la actividad física adaptada, el descanso, la dimensión emocional y el contexto de vida van a influir de forma directa en la evolución de cada paciente.
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