Ismaël ¿Como percibe hoy a los seres humanos?

–Los veo encerrados. Cuando nacen, se les encierra en cunas. Cuando crecen, están encerrados en guarderías y más tarde están encerrados entre escuelas y universidades hasta llegar a un momento en que estarán encerrados en despachos, coches para ir de un despacho a la casa y de la casa al despacho para trabajar y estar a un nivel de esta estructura piramidal. Y cuando ya han pasado su vida de trabajo, se jubilan y a muchos los llevan para encerrarlos en residencias. El colofón de estas prisiones de la sociedad moderna es cuando al final están encerrados en ataúdes. Hemos de preguntarnos si esta forma de ser y de estar es vida.

¿Qué hace que esto sea así?

–Porque, como ya lo dijo el premio Nobel de la paz, el belga Dominique Pire citando a Newton “Los hombres construyen más muros que puentes y necesitamos más puentes que nos unen, que muros que nos separen”.

¿Cuál es el más peligroso de estos muros?

–Probablemente el más alto y el peor es el muro del tener más que el del ser. Dicho muro ha dividido las sociedades humanas según sus clases de pertenencias. Por eso recuerdo la anécdota del pescador tumbado bajo un árbol mirando tranquilamente las olas y los pájaros y al que se le acerca un hombre afortunado y le pregunta “¿Por qué estás aquí sin hacer nada? Deberías estar pescando más tiempo para ganar dinero. ¿Y por qué? Replica el pescador. Pues para comprar un barco más grande, pescar más, contratar empleados y ganar mucho más dinero. Así podrás retirarte relajarte, no tener que preocuparte por nada y disfrutar de la vida. El pescador le contesta, pero ¿qué crees que estoy haciendo en este momento?

¿Cómo se traduce esta anécdota a nuestro tiempo?

–Esta anécdota fue contada por el filósofo, ecologista franco-argelino Pierre Rabih. Para mostrarnos el círculo que tenemos en nuestra lucha para la vida. Luchamos para llegar a descansar un día y, de hecho, algunos con menos necesidades llegan al mismo punto. El pescador ha dado probablemente una lección al hombre afortunado.

Pero el mundo de este hombre es un mundo de lucha para tener y en esa lucha para tener el hombre afortunado vive en una estructura piramidal que no le deja vivir. 

¿Cómo está formada esta pirámide?

–Según los observadores, en la base de la pirámide se encuentra los peones. Representan el 70% de la población mundial. Viven en una urgencia permanente. Gastan al principio exactamente lo que ganan. Y como los precios aumentan más rápido que sus salarios, la diferencia entre lo que ganan y lo que gastan crece con el tiempo.

Se endeudan no para invertir, sino para consumir. Compran teléfonos, coches, casas a crédito. Durante toda su vida tienen menos de lo que necesitan y viven para trabajar. Cambian su tiempo por dinero y antes de que termine el mes ese dinero ya ha desaparecido, pagando deudas contraídas por productos que en realidad no necesitan. El final de mes es una amenaza.

¿Quiénes ocupan el segundo nivel?

–Médicos, ingenieros, abogados, altos ejecutivos. Sus ingresos son elevados, pero sus gastos aumentan proporcionalmente a sus ganancias. Tienen casas más grandes, no viajan en autobús, envían a sus hijos a escuelas privadas y disfrutan de vacaciones de lujo, pero no pueden dejar de trabajar porque todo su nivel de vida depende exclusivamente de su empleo. Si se detienen, su vida se derrumba. Necesitan trabajar cada día un poco más y pierden lo esencial, el tiempo. No tienen tiempo.

¿Quién domina la pirámide?

–Hay un tercer nivel de la pirámide que son empresarios, creadores de contenido, inversores que han separado su tiempo de vida de sus ingresos. Invierten en bienes y muebles, construyen marcas. Los del primer y el segundo nivel trabajan para ellos y el dinero también.

Pero encima de estos están los reyes y las reinas del tablero son quienes asignan el capital, banqueros, fondos soberanos y grandes familias industriales. Utilizan el dinero de los demás para comprar el tiempo de los demás. No pagan impuestos porque ellos son los que deciden como han de ser las reglas. Mandan sobre los políticos y estos mandan sobre el resto piramidal.

La estructura piramidal de la sociedad ya ha sido mostrada por otros pensadores e ideologías. ¿Qué tiene esta de notable?

-Desde el tiempo de la industrialización de Europa un gran cambio se ha hecho en el mundo que es el cambio de las sociedades que han pasado del feudalismo a una estructura industrial que ha creado la sociedad burguesa. No es una lectura marxista de la historia. Es más bien la lectura que Barnays y tantos otros han hecho de la evolución de la economía mundial y de la sociedad moldeada por esa economía y su propaganda. Y las masas son las que moldean los individuos. Transforman cada individuo en un elemento no indispensable para la sociedad, pero cada elemento solo existe según su grado de consumo. 

¿Qué queda al ser humano en esta sociedad de consumo?

-En ella tu valor se determina por lo que tienes y no por quién eres como persona, como humano, como hermano. El hermano ya no es mi hermano por ser humano, lo es si tenemos los mismos grados de ingresos y de consumo. Esas categorías han permitido, durante siglos, determinar las estructuras de las sociedades occidentales que se han extendido, moldeadas por el cristianismo y sus valores han ido mermándose. Y se ha transformando a los individuos en objeto mercantil, en seres que son objetos de consumo.

¿Cómo influye la publicidad y la industria en la construcción de nuestros deseos y necesidades?

–La obra de Edward Bernays formula una tesis inquietante. Las sociedades modernas lejos de estar guiadas por decisiones plenamente nacionales, son moldeadas por una ingeniería del consentimiento. El consumo ya no responde a necesidades previas, sino que estas son fabricadas. El individuo no elige tanto lo que quiere como aprende a querer lo que le es presentado. En este sentido, la lógica del mercado penetra en la subjetividad misma. No vivimos para consumir lo que necesitamos para existir, al contrario, las industrias producen elementos que necesitan vender y convencernos que nosotros también necesitamos consumir estos productos. La manipulación de los deseos es la manipulación de las masas. 

¿Y pueden las masas revelarse?

–Es en esta estructura que hemos de pensar la sobriedad y el deber de la rebelión de los individuos. No es un enfrentamiento contra cualquier sistema, es el derecho que tenemos todos de existir libres, el derecho y el deber a la responsabilidad individual, personal y colectiva, porque las masas no tienen responsabilidades, solo hacen lo trazado y siguen sus destinos. Hay figuras que nos han mostrado que este no es el único camino posible para el individuo.

¿Quiénes son hoy referentes de sobriedad?

–Durante siglos los hombres han cogido caminos diferentes para hacer su destino. Ejemplos son hoy en día dos personas que nos han dejado: Pierre Rabbih y Mújica. Siguieron la senda de Epícuro y vivieron en una simplicidad voluntaria, un minimalismo filosófico. Son figuras que han mostrado que la ropa que llevamos sea cual sea su marca no refleja el corazón que tenemos. Porque cada una de las personas que somos, somos humanos y somos hermanos.

¿La sobriedad nos libraría de esta manera de considerar al ser humano?

–Hemos de moldear el ser que tenemos para que sea un ser humano. No nacemos humanos, nos hacemos humanos y una de los artes de vivir que hacen los humanos es justamente la sobriedad. Hoy ante esa masificación, esa industrialización de los individuos, salir de la senda trazada es primero parar, preguntarnos si hemos nacido solo para trabajar y consumir. No podemos consumir indefinidamente, no podemos crecer indefinidamente a nivel económico, no podemos explotar indefinidamente los recursos de la tierra. Somos responsables de cada una de las cosas que se hacen en el mundo. Y somos responsables de la soledad de los demás porque les negamos nuestro tiempo.

¿Qué significa hoy vivir con sobriedad y simplicidad voluntaria?

–El arte de vivir de la sobriedad dice que tenemos imperativamente deseos naturales y necesarios. Cuando tenemos estos deseos satisfechos, tenemos nuestro tiempo de vida para nosotros mismos y para los nuestros. La simplicidad voluntaria invita a saber lo que necesito y lo que no, a gestionar mis propios deseos y saber lo que puedo hacer de mi tiempo de vivir, de mi tiempo de vida. Ese tiempo de vida, si tengo cubiertas mis necesidades y las de los míos, me queda tiempo de vida para dedicarlo a los demás.

Es un cambio de mentalidad muy profundo ¿Se puede dar? 

–Lo que nos lleva a pensar con la simplicidad voluntaria que todas las personas podemos vivir mejor teniendo menos, queriendo tener menos y menos hace más vida, más serenidad. Podemos vivir y dejar vivir. Vivir y ayudar a vivir.”Hakuna matata” se dice en Swahili, en el este de África. “No hay que preocuparse”, solo hay que vivir y dejar vivir. No pido a nadie ser un San Francisco de Asís, pero todos podemos decir, “Hermana, pobreza”. Porque la pobreza voluntaria no es ascetismo y renuncia a todo. Es elegir nuestros deseos, elegir nuestra forma de vida y ser lo que aspiramos a ser en la vida, seres libres.

En tu África natal existe este modo de vivir.

–En África tenemos una palabra: Ubuntu. Significa que existo porque los demás existen. Soy porque los demás son. Si los demás han podido darme para ser y estar he de dar yo también para ser y estar. 

Por eso, en estos tiempos sin clemencia ni misericordia, oír la palabra gracias, nos devuelve de una cierta manera la humanidad. Y seguramente la palabra gracias nos une más que todo lo que en estos tiempos están inventando para separar a las personas; de hecho, hay más kilómetros de muros separando países, culturas, ciudades y civilizaciones, que puentes. Mi propósito, hoy en día, es enseñar la sobriedad como un minimalismo filosófico capaz de llevarnos a construir, desde la sobriedad, puentes con nosotros mismos, con los humanos y con el resto de la naturaleza. La sobriedad es el camino más corto que lleva a la serenidad.