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Un estudio liderado por la Universidad de Navarra, portada en The New York Times

La investigación muestra que esta inclinación individual influye en la forma en que las multitudes se organizan espontáneamente

Un estudio liderado por la Universidad de Navarra, portada en The New York TimesManuel Castells

Pamplona ha amanecido estos días en uno de los escaparates informativos más influyentes del planeta. Un estudio liderado por investigadores de laUniversidad de Navarra, publicado en la revista científica Nature Communications, ha logrado un espacio destacado en la portada de The New York Times con una pregunta tan sencilla como desconcertante: ¿por qué la mayoría de las personas tienden a caminar hacia la izquierda?

La investigación, que comenzó casi por casualidad durante la pandemia, ha acabado revelando un comportamiento humano hasta ahora poco estudiado: existe una inclinación persistente y universal a desplazarse en sentido antihorario, una tendencia observada en distintos países, edades y contextos, cuya explicación definitiva todavía se desconoce.  

Un descubrimiento nacido de la serendipia

Todo empezó cuando Iñaki Echeverría-Huarte, investigador del Departamento de Física y Matemática Aplicada de la Universidad de Navarra y primer autor del trabajo, estudiaba el comportamiento de las personas durante los experimentos de distanciamiento social realizados en la pandemia. El objetivo inicial era analizar cómo se organizaban los peatones en grupo.

Sin embargo, apareció un patrón inesperado.

En prácticamente todos los ensayos, los participantes tendían a desviarse hacia la izquierda cuando cambiaban de dirección. Aquella repetición sistemática despertó la curiosidad del equipo investigador, encabezado también por el catedrático Iker Zuriguel, especialista en dinámica de multitudes.  

Captura de pantalla del NY Times. En la parte posterior izquierda, la noticia destacada de los investigadores de la UNAV.

Lo que parecía una simple anécdota experimental acabó convirtiéndose en una línea de investigación internacional.

España, Japón, adultos, adolescentes y niños

Los científicos decidieron comprobar si aquella tendencia era fruto del azar, de la cultura o de las normas sociales. Para ello diseñaron cinco experimentos desarrollados en España y Japón con cientos de participantes de perfiles muy distintos.  

Las pruebas se realizaron en espacios cerrados y abiertos, con adultos, adolescentes y niños. Incluso separaron a personas que individualmente tendían a girar hacia la derecha y las agruparon entre sí. El resultado volvió a sorprenderles: colectivamente, el movimiento predominante seguía siendo hacia la izquierda.  

Los investigadores analizaron también otras posibles explicaciones. Estudiaron la influencia de la lateralidad —ser diestro o zurdo—, la dominancia del pie o del ojo e incluso realizaron pruebas tapando uno de los ojos de algunos participantes. Ninguna de estas variables alteró significativamente el patrón observado.  

Un comportamiento que parece inherente al ser humano

La principal conclusión del estudio es que esta inclinación no surge únicamente cuando las personas interactúan entre sí, sino que parece formar parte de un comportamiento individual más profundo.

“No es ni por la interacción con el entorno ni con los demás; tampoco es por alguna norma social”, explica Echeverría en declaraciones recogidas por El País. Los investigadores creen que podría tratarse de una característica inherente al ser humano relacionada con la forma en que nuestro cerebro procesa la información espacial.  

La incógnita, sin embargo, permanece abierta.

El propio Iker Zuriguel reconoce que la siguiente gran pregunta es determinar si el origen del fenómeno es biomecánico, cerebral o una combinación de ambos factores.  

Aplicaciones prácticas en ciudades y grandes eventos

Más allá de la curiosidad científica, el hallazgo tiene implicaciones muy concretas.

Los investigadores apuntan a que este conocimiento puede ayudar a mejorar la gestión de los flujos peatonales en espacios donde coinciden miles de personas, como aeropuertos, estaciones, estadios deportivos, centros comerciales o museos.  

Una pequeña preferencia individual, prácticamente imperceptible cuando una persona camina sola, puede amplificarse cuando se reúnen cientos o miles de peatones, generando patrones colectivos que permitan diseñar recorridos más eficientes y reducir situaciones de congestión.  

El salto a la primera página del mundo

La relevancia internacional del trabajo quedó certificada este lunes cuando The New York Times dedicó una pieza a la investigación bajo un titular tan directo como llamativo: “Most Walkers Veer Left. No One Knows Why” (“La mayoría de los caminantes se desvían hacia la izquierda. Nadie sabe por qué”).  

No es habitual que un estudio desarrollado desde Pamplona alcance semejante visibilidad mediática global.

El diario estadounidense destaca precisamente el carácter universal del fenómeno y la dificultad que han encontrado los científicos para encontrar una explicación definitiva, una circunstancia que convierte el hallazgo en una de esas preguntas aparentemente sencillas que abren nuevas vías de conocimiento.

Porque detrás de un gesto tan cotidiano como caminar se esconde todavía un misterio sin resolver.