Síguenos en redes sociales:

Gemma Piérola NarvarteDoctora en Historia Contemporánea. Profesora de la UPNA

Gemma Piérola: “La España franquista castigaba a mujeres en nombre de la regeneración moral de la sociedad”

El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución controlada por el franquismo que no desapareció hasta 1985. Una historiadora de la UPNA investiga sus abusos

Gemma Piérola: “La España franquista castigaba a mujeres en nombre de la regeneración moral de la sociedad”

Gemma Piérola nos atiende en su despacho de laUPNAdías después de dar una charla en Pamplona, titulada ’El Patronato de Protección a la Mujer en Navarra: Historia de una infamia’. Perfeccionista y locuaz, Piérola comenzó hace 26 años a estudiar la lacerante “moralización de las costumbres de la mujer” en elfranquismoy hoy continúa esa línea de trabajo tratando de localizar testimonios sobre el citado Patronato.   

¿Por qué aquellla institución fue una infamia?

—Una mentira, un escándalo y una vergüenza; todo sumado. El símbolo de cómo se castigaba a mujeres en la España franquista en nombre de la regeneración moral de la sociedad.

Para el franquismo las mujeres tenían un determinado rol.

—Como transmisoras y reproductoras de la raza y de un discurso. Franco, a diferencia de Hitler, Mussolini o Salazar, a ese rol le dio un valor político para la reeeducación y recristianización de la familia y la sociedad.

Carmen Polo, su mujer, fue presidenta honorífica del Patronato.

—El franquismo reestructuró el Patronato, que existía desde principio del siglo XX. Carmen Polo representó ese modelo de esposa y madre en el hogar. Pero la encomienda fue para la Sección Femenina de Falange, junto con la Acción Católica y en Navarra las Margaritas del requeté. Y sin embargo las líderes locales y provinciales de la Sección Femenina jamás se casaron ni tuvieron hijos. Incumplieron ese rol, pero no fueron castigadas.

El Patronato estuvo vigente hasta 1985. El corpus doctrinal franquista reprimía a las mujeres.

—Parece que la memoria histórica y democrática se queda en los asesinados, presos, fosas... Eso es fundamental, pero hubo otra represión de larguísimo plazo. Yo les llamo ‘los menores de la historia’: mujeres, homosexuales, lesbianas, transexuales, gitanos... colectivos de los que no se habla. Hay un silenciamiento en la investigación y también de los y las represaliadas. El castigo fue tan humillante que no quieren contarlo.

Mujeres ingresadas a la fuerza bajo una idea farisea de la redención.

—Los centros eran cárceles, lugares de encierro. Las actas del Patronato las podemos consultar en el Archivo Contemporáneo de Navarra. La más joven que me he encontrado ingresó con 14 años. Sus padres le denunciaron por miedo a que pudiera descarriarse y la llevaron a las Oblatas.

Tremendo.

—Había familias que denunciaban por miedo. Las principales organizaciones religiosas colaboradoras en Navarra eran las Adoratrices y las Oblatas, que recibían a cambio una ayuda económica. Era un gran negocio, y se iban pasando mujeres de un centro a otro por todo el Estado. Se trataba de reeducarlas en la nueva España, ahí rezaban y trabajaban para empresas lavando, limpiando...

“Los centros del Patronato de Protección a la Mujer eran cárceles, las mujeres rezaban y trabajaban como esclavas. Era un gran negocio”

Con abusos laborales...

—Eran esclavas. En la Alemania nazi había centros de ese estilo. También hubo paralelismos en Irlanda, donde todo está muy investigado, y la documentación por orden gubernamental está abierta y es pública. Patrones muy parecidos se repitieron en lugares donde estaban estas congregaciones. Por ejemplo, Chile o Argentina.

Y ahora miran esa época como si fuera una arcadia feliz.

—Se sabe muy poco sobre el Patronato. Estas cosas no han interesado, ahora empiezan a entrar todo esto.

Años de nacionalcatolicismo, con obsesión por lo sexual.

—Se publicaban muchísimos manuales de cómo ser una buena esposa o madre. Había religiosos que continuamente hablaban de las relaciones sexuales en el matrimonio: qué estaba permitido y qué no, porque el único objetivo era la procreación. El placer, según el padre Enciso, que aparece por todos los sitios, era pecado y tenía que ser castigado. Se unieron dos discursos y dos intereses. Siempre digo qué hubiera sido de Franco sin la iglesia. 

El dictador ‘por la gracia de Dios’ y bajo palio.

—Sin ese apoyo mutuo, fundamental, creo que las cosas habrían sido muy diferentes.

Una iglesia católica marcada por abusos y por un manto de silencio.

—En Navarra hace 26 años cuando empecé con esto no había acceso documental. Fui a las Adoratrices y jamás pasé de la puerta. Me fui a Madrid, a la Congregación General y tampoco. En las Oblatas, ni me atendieron, ni aquí ni en Madrid. Las únicas que lo hicieron, en Pamplona y Madrid, fue Villa Teresita, de atención a mujeres prostituidas jóvenes. 

Y en cambio dos décadas después...

—Tras la pandemia en el Archivo Contemporáneo de Navarra quisieron promover la investigación. Entonces me enteré que las actas del Patronato estaban ahí. Ahora las puede consultar todo el mundo, pero faltan los expedientes de las personas que pasaron por ahí. Jamás voy a publicar el nombre de una persona sin que nadie me dé permiso, pero me interesa conocerlas y que me cuenten su experiencia o vivencia. Pueden contactarme en la UPNA.

¿Cuánto duraban las estancias?

—Al estar los nombres clausurados no sé calcularlo. Sé de un caso que estuvo un año, otra estuvo cinco o seis. Podía variar en función del centro, del tipo de denuncia o de si eran reclamadas por la familia. Algunas estaban allí con más años que la mayoría de edad, entonces fijada en los 21 años.

Otra cuestión terrible que planea desde hace años: el robo de bebés.

—Un grupo de investigadoras en red trabajamos sobre estas cuestiones. En otras provincias se han demostrado algunos casos de jóvenes que llegaron al Patronato embarazadas y el bebé pasó a protección de menores, a una adopción o desapareció. En las actas en Navarra se nombran niños y niñas enviados a otras provincias o a protección de menores de Diputación o a la Casa de Misericordia. Del robo de bebés, hoy por hoy, tenemos recogido un caso ya denunciado públicamente, de una joven casada. Dio a luz en la antigua Maternidad de Pamplona y le dijeron que su hijo había fallecido. Con el tiempo descubrieron que ese niño se lo robaron. El caso se llevó en su momento al Parlamento, pero no está vinculado al Patronato.

En el fondo de esta represión había un machismo estructural.

—Que no surgió de la nada. A finales del siglo XIX había mujeres en Navarra que cuestionaban totalmente el orden de género de lo que la sociedad de esa época esperaba de ellas. Trabajaban fuera de casa, algunas empezaron a fumar, sobre todo en la primera década del XX. Algunas también fueron a universidades, casi todas eran de familias adineradas, pero algunas estaban becadas. Hubo médicas, pediatras, cirujanas, abogadas, enfermeras, filósofas o profesoras. Y empezaron a enseñar los tobillos y a insinuar algo más. Cuestionaron todo y lo hicieron público. Y fueron señaladas y criticadas. La mayoría fue represaliada y salió al exilio.

Eso al franquismo le daba terror.

—Ellas querían ejercer como profesionales. Y estar presentes en los lugares donde se tomaban decisiones políticas y legislativas. Demandas del siglo XVIII en 1920... La República fue tremendamente patriarcal Franco y sus amigos fueron abanderados del patriarcado, pero no menos que los republicanos, anarquistas, socialistas y comunistas. Esto no es popular que lo diga, pero fue así. Clara Campoamor, en las Cortes españolas, pasó por un periplo de partidos de izquierdas hasta que uno por fin aceptó sus demandas de sufragio. De hecho después fue totalmente apartada, defenestrada y represaliada.

Qué tristeza y qué obsesión.

—Los bandos municipales de Pamplona en ‘época estival’ de los años 40, 60, 70... estaban acompañados del bando del gobernador civil y de alguna carta de alguien de la diócesis. Todos hablaban del pecado y del peligro de las almas. Hubo desfiles de moda cristiana, muchos organizados por las mujeres de la Acción Católica en el Seminario. Desfiles, que hablaban de la moralidad en el vestir de las mujeres.

El consumo de prostitución sigue siendo una realidad. Hay mucho por hacer en la conciencia masculina.

—No es cosa de fin de semana ni de un grupo social, es algo habitual y cotidiano, de todas las edades. Soy totalmente abolicionista con este tema, herencia de todo lo anterior y un muy mal trabajo en las escuelas y en las familias.

“Las actas del Patronato en Navarra están en el Archivo Contemporáneo, pero faltan los expedientes personales de quienes pasaron por ahí”

Hablando de igualdad de género. ¿Qué percibe en su alumnado?

—En segundo de Historia doy una asignatura llamada ‘El género, en la construcción histórica de las sociedades’. ¿La respuesta que veo? Hay alumnas muy comprometidas con estas cuestiones que disfrutan de la asignatura. Descubrir cuál es nuestro pasado, de dónde vienen algunos discursos, cuáles son los orígenes del feminismo, los del patriarcado, ver cómo se van robusteciendo y por qué y contra quién se lucha, y cuáles son las demandas. Pero es una asignatura obligatoria y hay unos cuantos hombres contrarios. En las evaluaciones anónimas del alumnado, me han llegado a decir que estoy ideologizando. Eso es muy gordo. Y que mejor aprender cualquier otra asignatura.

Como si no fuera algo histórico...

—Analizamos fuentes desde la Antigüedad Clásica hasta el presente. Las mujeres siempre han estado en la historia, y a todas y a todos nos viene muy bien saber de dónde venimos, dónde nos anclamos, cuál es nuestra genealogía femenina y feminista. Como mujeres lo necesitamos, porque los libros de historia están repletos de hombres.